Aún no hacía ni un año que mi pesadilla había llegado a su fin. Conseguí terminar de pagar una deuda que casi acaba conmigo, obligandome a trabajar mas horas de las que el cuerpo humano puede aguantar. Fueron casi dos años en los que demasiadas veces sentí que no iba a poder, y al final podía. Después del segundo ictus de mi madre creí que la vida me daría una tregua y que sería bastante con el esfuerzo profesional a que me enfrentaba para no perder mi negocio, trabajando en dos sitios a la vez al máximo de horas. Pero no fue así, los problemas de salud en mi familia parecían concentrarse en el tiempo, así que mi vida se reducía a trabajo y hospitales. Cuando tenía un hueco comía y bebía cualquier cosa que pudiese aliviarme y hacerme olvidar. Hasta que por fin el universo se relajó y me dio un respiro. Pero yo decidí que era el momento de luchar por mi sueño y sacar a flote mi negocio,, no quería solo mantenerlo, quería hacerlo crecer. tenía tantos proyectos… y entonces llegó el dichoso bicho y sentí como el mundo se hundía bajo mis pies, todos mis esfuerzos, sangre, sudor y lágrimas, habían sido para nada, porque ahora era solo un sueño roto. Y en aquel encierro me veía llorando desconsolada frente al ordenador viendo como mis proyectos se caían uno a uno, cancelaciones, anulaciones, despidos, todo se resquebrajaba, se evaporaba… y lo único que había a mi alrededor era una profunda soledad que me atravesaba como una espada de acero. Me preguntaba si me había equivocado de sueño, si había sido un error, y de repente todo se volvió oscuro, sentí un pitido ensordecedor y todo quedó en silencio, mi cuerpo se tambaleó, note una pesadez en mi cabeza y sin tiempo a ese repaso mental de la vida del que hablan en las películas, mi cabeza cayó sobre las teclas y nunca pude decir adiós. 

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