Estoy con 38,5 de fiebre y un frio horrible… dentro de mi cama. Tal vez mañana cuando despierte me arrepienta de éstas líneas pero ya sabes, soy esclava de mis pasiones.

No dejo de pensar en ti. Haga lo que haga, me recuerda a ti. Salgo a correr para quitarte de mi cabeza o me voy a clases de fitboxing para terminar agotada y así evitar ver tu última publicación en Facebook o mirar tu foto de perfil.

En mi cabeza ronda la forma en como me has besado y ésa forma de tocarme.

Estoy muy confundida. No sé si me he enamorado de ti por ése momento o he idealizado esa sensación.

Cuando vi tu video iba camino a trabajar en el bus y me puse a llorar porque me senti mal por ti. No pude evitarlo. Me dueles.

Creo que al final la irracional soy yo porque un momento de pasión no puede ser tan especial.

Lo sé, soy una idealista y quizas ése pedestal en el que te puse, sólo sea producto de mi mente soñadora. Yo que ni siquiera tenía ojos para ti antes de recibir tu propuesta, hoy soy tu mayor defensora en silencio y en público.

Y no me engaño al pensar que fui especial para ti. Me da igual. En eso soy realista y sé que he sido un desliz con efectos secundarios. En fin, es mejor que termine éstas líneas porque peco de sincera contigo pero ahi reside tu encanto: en mirarme a la distancia sin perderme de vista y dejarme que grite, llore, ria, calle, huya o me entremezca con sólo unos puntos suspensivos o la posibilidad de tomar un café juntos o beber un vino tinto…

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