De campamentos de verano

De campamentos de verano

Zuriñe del Olmo

09/07/2019

Qué gran época la de los veranos cuando era niña. Último día de clase y casi tres meses por delante llenos de planes, de aventuras, de días de sol y pantano, tardes de patines y helados, fiestas del barrio … Pero había un acontecimiento al que esperaba ansiosa: El viaje de campamentos de verano.

15 días en plena naturaleza, rodeada de amigos y con unos monitores casi más entusiasmados que nosotros.

Qué bonito recuerdo de mis campamentos en Aramaiona.

El primer día era de los más emocionantes, teníamos que organizarnos en grupos y esto era muy importante porque no era lo mismo dormir con tu amiga del alma que con la pesada de turno.

Grupos de 5 personas, parece fácil no? Pues no siempre llovía a gusto de todos. Un año tuvimos que cambiar a uno de nuestros compis y es que … los ronquidos eran horribles. (Por no decir nada de sus pies…), pero oye, era buen tipo.

Quizá penséis que exagerábamos un poco. Pero no, que dormir 5 personas en una tienda de campaña también tiene sus riesgos … y los ronquidos están al principio de la lista de riesgos.

Por eso era tan importante el primer día, esas primeras horas marcaban tus 15 días de aventura.

Y una vez formados los grupos, tocaba montar las tiendas de campaña. Esto sí que era divertido. Nos llevaba nuestro tiempo pero disfrutábamos un montón.

Sin tecnologías, sin comodidades.

Formábamos un gran círculo de tiendas azules y naranjas, cada una de ellas tenía un nombre, el nombre que cada grupo se ponía (los ruidosos, los punkis, las guays, los ye-yes, las pincess, los fruitis…) éramos una pequeña-gran familia.

Teníamos una pequeña cocina donde cada día dos amatxos cocineras nos preparaban el menú. Si les preguntabas qué había para comer te respondían : “arroz y gallo muerto” y así nos íbamos siempre, sin saber el menú diario.

También teníamos una tienda de campaña enorme con unas mangueras. Es lo que estáis pensando, era la tienda-ducha. Nos reíamos porque éramos niñas pero … ¡Qué agua tan fría¡ Menos mal que en el pueblo había un polideportivo y el día que tocaba bajar al pueblo nos duchábamos cómodamente.

Con qué poco nos conformábamos y qué felices recuerdos.

Mis mejores veranos, mis viajes de campamento en tiendas de campaña. Con sus veladas nocturnas, sus canciones con guitarra, sus cuentos en la hoguera, sus manualidades de telares, sus dantzak y coreografías, sus subidas al monte, sus noches en la ladera viendo estrellas, sus concursos por grupos, sus tormentas de verano y la patata en el mástil de la tienda, sus días de visita de las familias, la eucaristía en la ermita que preparábamos con ilusión, … Grandes recuerdos, miles de historias en cada tienda de campaña, sueños cumplidos y experiencias únicas e irrepetibles. Hoy, con los ojos cerrados repetiría cada viaje, cada campamento de verano.

Tu puntuación:

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS