El accidente fue terrible…

En la carretera había fuego y partes mecánicas esparcidas por toda parte. Motocicletas sin ruedas bajo camiones de carga… yo conté más de diez carros apachurrados y una gran cantidad de personas pidiendo ayuda, otros arrastrándose hacia sus miembros, y los más desafortunados quedaron con la mirada dirigida hacia el oscurecido cielo, ya con sus ojitos sin vida. La lluvia regaba la macabra escena mientras las sirenas de las ambulancias no dejaban de sonar.

El accidente fue terrible…

Sentí el desfibrilador golpear en mi pecho… Una y otra y otra vez… mi cuerpo brincaba, pero no respondía. Recuerdo que lo último que escuché fue — ¡¡Paro respiratorio!! — Los paramédicos tomaban mi pulso al tiempo que revisaban mis pupilas, los gestos en sus rostros no me daban ánimo. Pese a la lluvia ellos seguían al frente del caos reanimando a los heridos y trasladándolos para hospitales cercanos…

De pronto, sentí como la piel se me helaba, un frío aterrador entró por mis pies, recorrió todo mi cuerpo hasta alojarse en mi cabeza como si fuese un iceberg que congelaba mi razón y tuve miedo, mucho miedo, entonces me pregunté: — ¿Por qué puedo verlos luchar por mi vida sobre mi cuerpo moribundo? — Y me di cuenta que estaba flotando sobre ellos.

— ¡Rayos lo perdemos! — gritó uno de los paramédicos.

De pronto, sentí como una fuerza me domaba y me halaba lejos de mi cuerpo… ¡No! ¡Noooo!— grité con todas mis fuerzas, pero nadie me escuchó…

— ¡Murió! — dijo la mujer que tenía el desfibrilador entre sus manos.

Sentí enloquecer. No lo podía creer. ¿Y mi familia? ¿Mis hijos? Esta mañana salí como de costumbre para la oficina y durante el día lo que más anhelaba era el regreso a casa, ¡Pensaba en mis niños! ¡Quería decirle a mi esposa cuanto la amo! Ya no podré decírselo nunca. Tampoco podré visitar a mamá en el hospital… el fin de semana que pasó no pude ir porque había mucho por hacer, pero pensaba ir mañana y quedarme todo el día con ella.

A lo lejos vi un agujero oscuro que se abría en el cielo. ¡sentí mucho miedo! Al parecer nadie podía verlo, solo yo que estaba muerto y para mi sorpresa seis almas más comenzaron a flotar en dirección del agujero…

— ¡Vamos! ¡No te quedes ahí! — escuchaba una dulce voz que provenía de la negrura el vacío. — Volteé a mirar mi cuerpo por última vez y vi cuando era cubierto por una sábana blanca… entonces el vacío me tragó.

Atravesamos un túnel oscuro, rodeado de manos, cientos, quizá miles que nos querían alcanzar. ¡Recuerdo que leí esto en alguna parte! Recorrimos el túnel y al final nos recibió una luminosidad que nos cegaba, ni siquiera podía abrir los ojos. Tenía miedo, mucho miedo, me sentía solo.

Cuando mis ojos se acostumbraron a la luz, todo se aclaró y pude ver que me encontraba en la cima de una cascada cristalina… a lo lejos se veía un paisaje hermoso, el pasto era de un color amarillento y el arcoíris se imponía en el horizonte…

— ¡Te esperaba! — me dijo una voz que provenía de ninguna parte.

Yo giré a en círculo tratando de ver quien me hablaba.

— ¡Has muerto! — dijo la voz.

Yo guardé silencio. Quería llorar. Ya no veía el agujero negro para regresar.

— ¿Quién eres? — le pregunte a la nada.

— Realmente no importa quién soy, lo único que importa es ¿Quién eres tú? — me respondió con otra pregunta.

— ¡Yo era un buen hombre y lo cierto es que no quería morir tan pronto! — le grité.

La voz guardó silencio.

El paisaje era hermoso, vivo, majestuoso…

— Te gustará aquí — me dijo.

— Pe…pero, ¡No quiero estar aquí! Quiero estar con mi familia.

— Ya no puedes. — dijo la voz — lo siento, ya no puedes.

Suspiré fuerte y me tumbé sobre el pasto, cerré los ojos y me concentré en el ruido de la cascada, para distraer el torrente de preguntas que se me ocurrían.

— Oye, voz, ¿Quiénes somos?

— Los hombres tan solo son un manojo de antojos. — me respondió.

Arrugué el rostro y le pregunté de nuevo — ¿Eres Dios?

La voz carcajeó y me dijo: — ¿Te crees tan glorioso para conversar con Dios?

Ahí fui yo quien guardé silencio.

— Oye, voz, ¿De dónde proviene la vida?

— Del alma eterna. — respondió contundente.

<<Alma eterna>> pensé sin saber que decir.

— ¿Qué es el alma? — se me ocurrió preguntarle.

— El alma o ánima, es tu parte inmaterial. Todos los seres vivos deben poseer un alma para que su cuerpo físico pueda vivir… cuando el cuerpo físico muere el alma regresa a mí.

— ¿Mi cuerpo murió, pero mi alma vive?

— Si. — Afirmó la voz.

— Sabes, voz, siempre fui escéptico. Me refiero a que siempre estuve de acuerdo con la teoría de la evolución de Darwin, o en la explosión del Big Bang y que de allí se originó la vida.

La voz carcajeó: — Son teorías. Pero siempre les pongo un ejemplo que los hace reflexionar.

— Así, ¿Cuál? — le dije curioso.

— Veras, los humanos se han vuelto muy inteligentes. Han logrado descifrar el mapa genético y trabajar con el ADN, clonando y curando, como si fueran mis propios ingenieros celestiales. Pero aun contando con los componentes necesarios para formar un cuerpo humano no logran darle vida.

Yo meditaba.

— Es decir, si echaran en un recipiente: Carbono, Hidrógeno, Oxígeno, Nitrógeno, Azufre, Fósforo, Agua, Proteínas, Lípidos, y otros componentes más y los mezclaran no lograrían dar vida. ¡Para dar vida es necesario el alma!

— Pe…Pero ¿Qué es el alma? — le pregunté asustado.

— No es más que el ALIENTO DE DIOS. Un soplido divino proveniente de él.

Yo reflexioné y pregunté:

— ¿Y quién es él?

— …

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