EPÍLOGO
El 29 de septiembre, exactamente un mes después de su muerte, depositamos sus cenizas en la Parroquia Santa Lucía Virgen y Mártir, en Barracas.
El padre Rafael, el mayor de la parroquia, nos preguntó quién era Matilde. Nos alentó a despedirnos, a hablar de ella. Fue una ceremonia cálida y sencilla. No fue sólo dejarla en un lugar, fue recordar su vida, fue honrarla como se pudo en una época tan triste para todos.
Tuvo sus primeras flores. Quedaron con ella en la Parroquia, en el barrio de su juventud, de las ilusiones intactas.
Cuando la vida era todo promesa.
Todo lo que he relatado es la absoluta verdad que vive en mis recuerdos, en nuestras charlas, en nuestra vida juntas, nada es invento o ficción, hay mucho más, pero hasta acá llego. Hasta acá comparto.

Mamá querida, entre nosotras quedan tantas conversaciones, tanta vida, tanto amor. Cuando estaba en catequesis para tomar la comunión y hablaban del infierno, del castigo, que eso era para los “malos”, los pecadores, siempre pensé: “esto no será para mi mamá”.
No pensaba en nadie más que mereciera el premio del cielo, era tuyo y me llenaba de tranquilidad. Hoy espero que así sea, que descanses eternamente en la paz del Señor.
Te llevaste mis mayores secretos, mis ilusiones, mis miedos, mis penas.
Hay tanta historia, pero eso queda entre nosotras.
© 2026 – Cata Lina
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