Hay un cadáver en mi habitación, nadie lo puede ver, solo yo, no tiene olor putrefacto y luce un poco descompuesto y desaliñado, pero aún así ahí está, la primera vez que lo vi solo pude pensar que era una pesadilla o alucinación muy bizarra pues me saludaba, cada día sin falta, abría su boca de forma un poco extraña, como si no tuviera mejillas y alzaba sus brazos huesudos en señal de bienvenida, aún así llegue a acostumbrarme a el, con el pasar de los días se volvió algo cotidiano llegar, entrar y saludarlo para esperar un saludo de vuelta, siempre quise preguntarle algo después de saludar, pero el desgraciado solo fingía ser lo que era, se resistía al cambio, siempre se veía igual y no se dejaba cambiar la ropa desgastada y rota, pero el paso del tiempo es implacable, lo que le quedaba de piel se le iba oscureciendo, se llenaba de polvo constantemente y yo me encargaba de limpiarlo con un trapo, lo acomodaba en distintos lugares del recinto, incluso jugaba a ponerlo en distintas posiciones, bailaba con el, hacíamos ejercicio juntos, hablábamos y a pesar de que no respondía, me ayudaba a poner mis ideas en orden.

Una mañana lo sentí, algo cambio, se oscureció de pronto, me senti extraño al verlo, saludó por la mañana como siempre, estábamos probando un nuevo movimiento de gimnasia cuando de repente cayó al suelo, no como de costumbre, el sonido que hizo al caer, o más bien la ausencia del sonido, fue acompañado de un ambiente opresivo que me heló el corazón, quise volver a retomar la sesión pero ya no se sentía igual, la conexión entre nosotros solía ser fluida, algo profundo, pero al momento de tocar su frío pecho lo supe, pero no lo entendí del todo, ¿Algo muerto puede morir? Suena absurdo, pero era un dilema real para mí, como siempre en todas las tragedias por las que he tenido que pasar, empecé con la negación, lo llevé y lo puse en el que habíamos acordado era su lugar favorito, gentilmente lo acomodé en una posición relajada, para que pudiera descansar y retomar al día siguiente.

Han pasado varios años desde que ya no saluda, aún descansa tal cual lo encontré la primera vez, aún le quito el polvo de vez en cuando y trato de charlar con el pero no hay nada, a pesar de que nunca hubo una respuesta, ya no hay esa chispa que me ayudaba a discernir y tomar decisiones, simplemente está ahí, estancado en el tiempo, aunque se ve tranquilo, no expresa emoción, ni felicidad ni tristeza, nada de angustia ni gozo, ¿Será eso la verdadera paz? De verdad espero que no, aunque si lo parece, tener paz es no tener odio en el corazón, pero tampoco amor, porque este conduce al anterior en un solo paso, y si no sientes ni amor ni odio, solo queda la tristeza y la felicidad, pero ambas llevan a la nostalgia, la cual no es compatible con la paz, y ni que decir del miedo el cual podría ser su principal antagonista y opuesto. Vaya concepto más problemático, quizás el si está en paz, es lo que es, un simple cadáver que descansa.


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