Hoy aquí quiero, señores,
dejarles mi testamento;
no es pena ni lamento,
ni tampoco son dolores,
son más bien otros factores
que me llevan a escribir,
y es que quiero compartir
con ustedes mi legado.
Aquí les dejo un listado
de lo que he de repartir.
A mi madre, mucho amor;
a mis hermanas, mil besos;
a mi padre van mis rezos
y los derechos de autor.
Solo quiero, por favor,
que se los manden al cielo,
pues mi viejo ya alzó vuelo
y hoy seguro me está viendo,
disfrutando este momento
al costado de mi abuelo.
A mí hijo, una oración;
los abrazos que le debo,
esta vez se los entrego
a través de una canción.
Y este viejo corazón
se lo dejo a mis amigos;
muchos de ellos son testigos
de mis penas y alegrías,
travesuras, tropelías
e innumerables castigos.
Esta es toda mi herencia;
ahora es para ustedes.
No habrá tumba ni paredes
que impidan mi presencia.
Y aunque no tenga urgencia
en redactar el documento,
escogí este momento,
a plena luz del día,
y escribí con alegría
mi humilde testamento.
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