CAPÍTULO I: DE ESPAÑA a ARGENTINA
Mi madre era hija de gallegos, nacidos en Lugo. Ellos, Antonio Mario Argiz y Pilar Castro, se conocieron en Buenos Aires. No sé cuánto tiempo estuvieron de novios hasta que se casaron, pero sé que cuando sus hermanos en España se enteraron de la relación no estaban de acuerdo.
Mi abuelo era un gran seductor y sin duda un mujeriego. Seguramente dejó corazones rotos en España antes de decidir emigrar. La familia de la abuela Pilar sabría de su historia y por eso querían protegerla de un amor que terminó lastimándola a ella y a mi madre. De hecho, mi abuela Pilar era su segunda esposa. Y mi mamá su segunda hija.
El abuelo Antonio, abuelo “Gordo” como le decíamos con mi hermana, tenía una hija mayor de su anterior relación. Su nombre era Angélica y estaba pupila en un colegio de monjas. Su mamá se llamaba Elisa López. Se casó con el abuelo en la parroquia San Cristóbal el 14 de enero de 1920. No sabemos con certeza qué fue de ella. Nadie conoce qué pasó. Elisa es un misterio que nadie ha podido desentrañar, se desvaneció en el tiempo. Me apena que nadie conozca y pueda compartir su historia de vida.
Cuando Pilar llegó de España lo hizo para trabajar, hacer la “América” como tantos otros. Algunos de sus hermanos varones, Manuel y Luciano, habían llegado antes.
Tiempo después llegaron sus hermanas menores Consuelo y Eduviges. Cuando sus hermanos fueron a buscarlas al puerto de Buenos Aires se asombraron de verlas con polleras cortas, a la rodilla, cuando Pilar usaba polleras largas hasta los tobillos como cuando estaba en España.
Con el correr de los acontecimientos, Consuelo se convertiría en una de las personas más significativas en la vida de mi mamá.
Cabe aclarar que Pilar y Consuelo eran sólo hermanas por parte de padre. Mi bisabuelo, José Ramón Castro, se casó dos veces. Con su primera esposa, Matilde Arcos, tuvo dos hijos: Ceferino y Pilar.
Al enviudar se casó con la mamá de Consuelo, Eduviges, Ángel, Manuel y Luciano; no sabemos su nombre. Mi mamá no conoció a su abuelo. Él, al igual que sus hijos Ceferino y Ángel, nunca dejaron su país.
Sus familiares le contaron que su abuelo José Ramón era un hombre muy religioso. Rezaba el rosario a diario y cuando estaba agonizante pedía que nadie estuviera parado a los pies de su cama porque la Virgen estaba allí, viéndolo y él no quería perder su mirada. Así murió.
Pilar y Consuelo eran muy unidas, y los hermanos varones eran muy cuidadosos de sus hermanas, especialmente de Pilar.
En algún momento escuché que era algo frágil, débil. No lo creo. Creo que era una mujer muy fuerte y valiente. Dejó su tierra y su familia y cruzó el océano en barco para buscar su destino.
Pienso que Consuelo lo creía porque no se adaptó a trabajar como mucama con cama adentro. No le gustaba. No estaba cómoda. Seguramente no era lo que esperaba cuando dejó toda su vida en Lugo.
Su hermano Manuel tenía una confitería y panadería y pusieron un negocio nuevo, un despacho de pan, para que Pilar dejara la casa donde trabajaba.
Mis abuelos se casaron el día 12 de marzo de 1925. Pilar no dejó de trabajar y Antonio era empleado en la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.
Las advertencias de su familia desde España no llegaron a tiempo o no fueron escuchadas por mi abuela, no lo sé. La comunicación en esos tiempos era lenta. Las cartas se demoraban meses.
**************************************************************
Capítulo II: La abuela Pilar, el próximo martes 7 de julio de 2026
**************************************************************
© 2026 – Cata Lina
Algunos derechos reservados. Esta obra está bajo una licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional (CC BY-NC-ND 4.0).
OPINIONES Y COMENTARIOS