Escuché a alguien decir una vez: «¿Cómo se puede describir el vacío? Si el vacío es la nada, ¿cómo describir la falta de todo?».
Entonces recordé una sensación que hace años tuve y que ya casi había olvidado.
—Añoro mirarte a los ojos, pero ya no estás; y los tengo dormidos bajo una sábana de ceguera.
—Añoro acariciar tu piel, pero ya no estás; y mis dedos son como velas que se consumen tras la noche.
—Añoro oler tu perfume, pero ya no estás; y mi nariz solo respira dolor.
—Añoro tu voz, pero ya no estás; y mis oídos son de cemento.
—Lo añoro todo de ti, pero ya no estás; solo queda el vacío.
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