La depuradora

La depuradora

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—¡Coño, Juanita! 

—¿María Esther?

—Claro, nena. ¿Quién va a ser si no?

—¡Nun sabía yo que fuese a encontrate por aquí tan pronto!

—¿Pero tú cuándo llegaste, ho? Dijéronme que tabas pa llegar, pero como siempre ando p’arriba y p’abajo, nun te vi. 

—Calla, ho. Ya lo sé. Ye que tuve muy malina. 

— Sí home, por eso te lo dije. ¿Y qué? ¿Traes alguna novedá? Tú, que siempre tas al día de todo…

—Sí, home, sí. Pero enteraríaste tú también de lo último, ¿no?

—¿De qué?

—¡Coño, nena, de lo de la depuradora!

—¿El qué, ho?

—Pero bueno, María Esther, parez mentira pa ti. Quieren ponenos una depuradora nueva en tol medio de Trevías.

—¿Qué quéee, ho?

—Lo que oíste. Tovía nun ta aprobao, pero quieren plantala donde Casa Luz, al lao de las escuelas, del centro de Salud y  del cementerio; que tolos vecinos se enteren bien. 

—Oye, tien narices la cosa. ¡Que siempre tengamos que tar igual! ¿Pero a quién se-y ocurrió, ho?

—Bah, lo de toda la vida, ne. El dineru ye lo que tien, que siempre-y gusta a tol mundo más de la cuenta.

—Pero eso nun puede ser. ¡Anda que no habrá sitios pa ponela! Mira, tengo una foto aquí hecha por la mi fía desde l’otro lao del río, desde casa Paco el madreñero, mi padre. ¿Acuérdaste? Ye ahí, ¿no? ¿al lao de Casa Luz, dijiste? 

María Esther apoyó el brazo sobre el hombro de Juanita, que siguió hablando como si nada. 

—Que sí, Mari. Díjetelo ya… 

—Oye,  teníamos que ir tú y yo juntas a velo de cerca, porque si no lo veo, no lo creo.

—Pues marchó hoy pa Oviedo un autobús pa votar na Xunta del Principáu.

—Home, home. ¡Pero eso tienen que paralo sea como sea! Si no, van a jorobar a los nuestros fíos y a los nietos.  Y todo por culpa de cuatro interesaos, contaos con los dedos d’esta mano.

—Eso ye lo de siempre, nin.

—Pues, Juanita, apuéstote algo que esta vez va a ser diferente. Tengo un presentimiento, y dígote yo por experiencia que a nosotras van a escuchanos.

Callaron un segundo. 

—Que yo llevo aquí más de la cuenta y sé lo que me digo. Ponte una chaquetina, que verás que fai rasca, y taría bueno que te resfriases namás llegar, con todo lo que pasaste ya. Vamos a contáselo a alguien que yo conozco a ver qué puede hacer. Aunque con lo listo que ye, igual ya lo sabe. 

—¿Quién dices, nena?

—Coño, Juanita… ¿Quién va a ser? ¿Nun te enteraste tovía de dónde tas? Pues fai memoria.

Y sí. Juanita intentó hacer memoria. Y entonces vio su rostro reflejado en el Río Esva. Y supo. 

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