A usted, si usted, no se esconda:
Buen día antes que nada. No sé muy bien… si esta carta sube o baja. En mi Comala todo depende del rumbo del muerto. Para el que viene, esto es descenso; para el que se va, es como un caída libre hacia el mismo sitio.
Yo no nací aquí. Me sembraron, digamos.
No me parió mujer alguna sino la reverberación del mediodía. Una tarde, cuando el aire estaba tan espeso que se podía mascar, el polvo empezó a organizarse en figuras geométricas. Triángulos de sombra, círculos de calor. De allí salí yo: con la boca llena de tierra y los ojos ya acostumbrados a no pestañear. #bocadillo
Aquí dicen nadie muere del todo. Eso ya lo sabe cualquiera que haya oído murmurar las paredes. Pero lo que no saben es que desde hace años Comala empezó a repetirse. Las casas se copian unas a otras como si el calor las fotocopiara. Las voces se duplican. A veces escucho a una mujer llorar y, al rato, la misma lágrima cae en otra calle, con el mismo sonido.
He descubierto que Comala es ah, algo como una máquina.
No de hierro, pero sí de memoria.
Bajo la tierra hay engranajes hechos de huesos y raíces. Cuando el viento sopla desde Los Colimotes, los recuerdos giran. Y cuando alguien piensa demasiado fuerte en el pasado, la máquina responde: proyecta un fantasma nuevo.
Así nació él.
No diré su nombre porque basta con pensarlo para que se aparezca. Pero usted lo conoce. Aquí fue amo, padre, sequía. Ahora es proyección: una sombra con voluntad residual. No manda ya sobre hombres sino sobre ecos.
Yo lo vi fragmentarse. #bocadillo
Entonces su figura se partió en tres:
El que recuerda.
El que niega.
El que sigue esperando que le cobren lo que debe.
Desde entonces, Comala está bastante inestable. Las calles se doblan sobre sí mismas. A veces uno camina hacia la iglesia y termina en el mismo patio donde enterraron su nombre. A veces el hijo busca al padre y encuentra una versión incompleta, como fotografía mal revelada.
Le escribo porque usted —quien sea— todavía pertenece al mundo donde las cosas avanzan en línea recta.
No venga.
Aquí el tiempo es circular y muerde. #bocadillo
Comala ya no es sólo pueblo. Es simulación térmica.
Los muertos no hablan porque quieran; parlotean porque el sistema necesita ruido para sostenerse. Si todo callara, la máquina colapsaría y el polvo se dispersaría hacia el cielo, como si nunca hubiera habido promesa alguna.
Yo soy su mantenimiento.
Yo evito que el olvido sea… absoluto.
Pero empiezo a cansarme.#bocadillo
Quizás el polvo, sin memoria, sea al fin descanso.
Si usted está leyendo esto, significa que la máquina permitió que la carta saliera. Eso me inquieta.
Tal vez necesita un testigo.
Tal vez necesita relevo.
Y si ve que el horizonte tiembla como laguna evaporándose, recuerde esto:
No todos los fantasmas quieren ser recordados.
Algunos sólo desean dejar de funcionar.
Firmado,
el que mide la fiebre del pueblito.
Cartas desde el polvo
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