Hay un hilo que nos sostiene.
Transparente, casi un susurro.
Cristalino, frágil como el vidrio…
Y sin embargo fuerte como una tanza que jamás se corta.
Amarnos es caminar ese borde:
tironear un poco,
aflojarnos,
perdernos,
volver, volver siempre.
Porque lo que nos une no es solo amor:
es algo más hondo, más terco, más nuestro.
Y aunque a veces nos tiemblen las manos,
aunque dudemos,
aunque el mundo haga ruido,
ese hilo vibra,
nos llama,
nos encuentra.
Nos reconoce antes que nosotros mismos.
Estamos atados como el cielo y el mar en el horizonte.
Separados, sí.
Distintos, claro.
Pero destinados a buscarnos,
a encontrarnos,
a elegirnos incluso cuando no sabemos cómo.
tironear un poco,
aflojarnos,
perdernos,
volver, volver siempre.
es algo más hondo, más terco, más nuestro.
Y aunque a veces nos tiemblen las manos,
aunque dudemos,
aunque el mundo haga ruido,
ese hilo vibra,
nos llama,
nos encuentra.
Nos reconoce antes que nosotros mismos.
Separados, sí.
Distintos, claro.
Pero destinados a buscarnos,
a encontrarnos,
a elegirnos incluso cuando no sabemos cómo.
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