Hambre muerto

Hambre muerto

Adán Pardo

26/07/2023

Las brasas brillan en la casi oscuridad total. La noche cae y siento unas ganas de terminar finalmente el día que, por poco, no me dejo desvanecer a su lado. Me siento en la tierra con las rodillas doloridas y escucho en la quietud de la inmensidad, como el silencio se parte con algún chasquido tímido del fuego y el sonido de un pájaro  que se acurruca en su nido allá, en las alturas de un árbol. El lucero titila ante mis ojos y mis cavilaciones giran en torno al cosmos, ¿Dónde estarán realmente las estrellas? ¿por qué su luz llega a mi para adormecerme en el medio del campo?  ¿me observaran todas las noches como yo a ellas?. Sin poder responderme vuelvo de inmediato a la realidad por los quejidos de mi estomago.  Hoy no apareció ningún signo ni rastro del  Mastodonte, y eso me preocupa.  Ya han pasado semanas de la salida y nada. he caminado seguramente dos ternarios sin siquiera intuir su presencia. Tomo la masa del pan estacionada en mi vasija  de viaje con mis manos sucias, el fuego me calienta el alma y el cuerpo cansado. Tomo una ramita de fresno blanco un tanto seca y con mis manos amaso un trozo de masa de agüijote molido que, ya estacionado doblegó su volumen misteriosamente. Amasado con las palmas lastimadas adoptó una forma alargada como una serpiente. Entonces la enrollo en la ramita y la cuelgo al borde de las brasas. Vuelvo mi vista hacia el cielo y sus brillantes colores dieron lugar al infinito azul oscuro de la noche. Respiro. Quizás mañana encuentre al Mastodonte. o intuya alguna señal de su vagar como sin rumbo por las Planicies Vírgenes de Desesperanza. El silencio vuelve a quebrarse por el aullido de un coyote no tan lejano, entonces observo mi lanza apoyada sobre el árbol mas cercano. descansa tierna sobre la corteza al lado de mi morral de Yute, entonces digo en voz alta: 

– Ey mahuida!?… estate atenta… no te duermas… puede ser que algo nos visite… quizás el espíritu malo de Albeduim… 

Casi de inmediato escucho su respuesta sin vacilar: 

– Estoy aquí.. al servicio… no temas… 

El aroma a pan recién tostado puede tentar también al Mastodonte a acercarse… aunque sea herbívoro. estos pueden acercarse mas de la cuenta debido algún desvarío en su carácter. Los entiendo, el pan de vainas de agüijote molidas recién tostado puede sacar las mas finas y dulces fragancias, y mas cuando se tiene el hambre que yo tengo esta noche, después de haber caminado todo el día con un rumbo fijo y al peligro de los riesgos que estas planicies guardan. El perfume del pan asado me hace girar la ramita de fresno apoyada sobre las piedras de la fogata nocturna, de manera que el otro lado de la masa se cocine al calor de las luminosas brasas. Me acomodo sobre las pieles que me sirven de cobijo. en esta época del año, tiempo de caza, es imposible salir sin ellas. Una noche como esta sin mis pieles no me dejarían despertar en la mañana y pasaría al otro mundo sin darme cuenta. Me recuesto y observo una vez mas la bóveda de estrellas titilantes que me miran y me hablan. Solo algunas veces entiendo lo que dicen, sobre todo cuando me quedo dormido sin miedo arrullado por las brisas suaves del poniente, entiendo sus mensajes cifrados. En ocasiones me guían detrás del Mastodonte y de su pacifica manada. De vuelta el aroma del pan amasado en el atardecer me trae a la realidad de sobrevivir un día mas. siento mi estomago crepitar y levanto la ramita de fresno del calor del fuego. Con una mano sostengo la rama y con la otra comienzo a despegar el crujiente pan caliente y a llevarlas a mi ansiosa boca. Los sabores comienzan a desbordarse y a alegrar mi alma. ¡Gracias Pan! por tu sabor agridulce como las planicies, un día mas de vida he pasado. Y mañana me espera otro, de caminar para encontrar las huellas que me lleven al sagrado animal. sin tu esperanza me seria triste avanzar tras un objetivo tan noble y tan peligroso. te devoro sin dejar migajas. Me levanto para tomar mi lanza y junto a ella me recuesto tapándome. Observo por ultima vez las estrellas y junto al fuego me dejo llevar al otro mundo, pero ahora lo hago con el hambre muerto. Con sus garras vencidas. Gracias Pan por tus cálidos aromas y sabores me recuerdan que mi hogar me espera mas allá de las planicies.

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