La tienda de los deseos

La tienda de los deseos

Teca

19/08/2022

En mi barrio era muy popular mi papá ya que en su tienda pasaban todo tipo de personas, desde las que tenían dinero, hasta las que vivían al día, pero siempre tratados de buena manera por mi papá, cada vez que podía le ayudaba a atenderla ya que mi escuela quedaba a unas calles de ahí así que también la mayoría de las personas me conocían. La verdad me la pasaba muy bien estando en la tienda y tal vez los niños de mi edad pensaban que era un asocial por no juntarme con ellos, pero en realidad lo que me llamaba la atención de estar en la tienda era el estar escuchando todas esas historias de cada una de las personas que entraba por esa puerta toda despintada; había todo tipo de historias y de pláticas pero por lo regular siempre hablaban del trabajo o de como cada vez las cosas subían más.

Cuando le preguntaba a mi papá acerca de las cosas que hablaban esas personas solo decía que las cosas estarían bien y que solo eran malas rachas que las personas tenían, realmente yo podía ver en sus caras la preocupación que denotaba el no tener trabajo, el tener que cubrir más horas a pesar de casi no ver a sus familias, los sueldos tan bajos que muchos de los vecinos tenían. Lo que más abundaba era el que chavos de aproximadamente unos 20 años no podían encontrar trabajo aunque tuvieran estudios, sinceramente a mi eso me llenaba de mucha tristeza porque yo quería ser de grande un gran abogado defendiendo a las personas que lo necesitaban pero al ver tales situaciones y casi estar pasando a secundaria el panorama no era tan alentador.

Mis papás estando de noche se la pasaban haciendo cuentas para que pudiera alcanzar tanto para la comida como para nosotros que éramos 3, nunca supe como fue el que mi papá nunca se desplomó ante muchas adversidades, o que mi mamá pudiera jugar con nosotros a pesar de llegar muy cansada de trabajar en la fabrica sin parar. Mis hermanos y yo tratábamos de ayudar a mis papás lo más que se podía ya sea haciendo pequeños trabajos con los vecinos o con trabajos que pudieran salir para mis hermanos mayores. No se podía sacar  mucho, pero el ver ese pequeño respiro en mis papás lo valía sin importar el no comer en el recreo por venderles mis tortas a los demás; algo sacaba de esas circunstancias pues ya me quedaban mis pantalones que mi mamá me había comprado con tanto esfuerzo a pesar de que eran unas tallas más chicas que la que yo utilizaba. 

Don Porfirio era un señor retirado de las infanterías pero a pesar de su edad aun podía trabajar metiendo las cosas y perecederos de las personas que compraban en la tienda de la esquina, cada vez que iba a comprar su agua para tomarse sus medicinas me hacía el mismo comentario, que estudiara para que no terminara como él siendo un recoge cosas. Para un niño de mi edad era algo sorprendente el escuchar ese tipo de comentarios,  porque cada vez que me atendía don Porfirio me daba una paleta junto con una sonrisa, era mucho que pensar a mi corta edad pero a pesar de que había pocos niños en el barrio, no tenia amigos de mi edad pero me sentía tan bien hablando con los adultos hasta parecía como si fuera uno de ellos. 

Antonio de la Rosa era un joven abogado con el que me llevaba muy bien y era por eso que quería ser abogado, tal vez  porque al ver su profesionalismo me atrapaba de tal manera como si estuviera viendo lo mejor de mi vida, cada  que me invitaba un refresco sentados en la banqueta me contaba de todo lo que vivía en su trabajo, así como todas las veces en que lo humillaban las personas por no saber ciertas cosas relacionadas a su puesto, en ocasiones yo lo veía tan cansado regresando a casa arrastrando los pies por las largas jornadas que llevaba y el poco descanso que le daban aun sabiendo que estaba en camino su primer bebé, yo creo que él o ella era su inspiración para no rendirse.

Ver todos esos escenarios me daba mucha tristeza porque pareciera que para nosotros no hubiera nada y todo para las personas super acomodadas y privilegiadas así como  lo eran los dueños del local donde rentaba mi papá la tienda. En ocasiones me la pasaba deseando que nosotros fuéramos los afortunados y no ellos, pero un día estando platicando con mi papá acerca del trabajo y todo lo que decían las personas me dio un consejo que atesoré por toda la vida, me dijo que toda persona que entraba a la tienda tenia deseos así fueran grandes o pequeños pero en algún punto todo cambiaria gracias a su esfuerzo, su dedicación en su trabajo, ellos pican piedra hasta más no poder y que sabe mucho mejor el llegar hasta la meta por los propios méritos y que todo se acomodaría gracias a nuestros esfuerzo pero que principalmente yo le pusiera mucho empeño a lo que quisiera en la vida y que nada ni nadie me lo arrebatara así por más difícil que parezca. 

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