
Era pasada la media noche. Las calles de Seúl se ven revestidas bajo un manto oscuro y silencioso donde solo puedo escuchar el ruido de las llantas del auto rozando contra el pavimento. Luego de un largo día en el sitio de grabación para el nuevo comercial, mi cuerpo se halla totalmente agotado sobre los asientos de atrás mientras mis ojos observan a través de la ventana, luchando por no cerrarse.
De pronto, un grito desgarrador irrumpe la tranquilidad que me acompaña, helando hasta el último de mis huesos y provocando que un escalofrío me recorra la médula espinal. Escudriño por la ventana, pero la ausencia de luz me impide descifrar el origen de ese grito. Doy un pequeño salto sobre mi asiento cuando una joven se estrella contra el vidrio, creando un ruido estruendoso que me acelera los latidos de mi corazón.
Antes de que pueda ser capaz de procesar lo que sucede, algo rompe la ventana donde se encuentra el chofer y lo enreda con una especie de lengua negruzca, empieza a gritar despavorido, pero su voz se pierde entre la oscuridad al ser sacado con fuerza por ese algo… Algo que no he podido definir más que su lengua babosa, como la de una serpiente.
No me doy cuenta de que respiro por la boca hasta que la siento seca. La chica ha desaparecido también, así que me encuentro solo dentro del automóvil. No sé si es una buena idea salir, si estaré más seguro dentro, pero más absurdo es que me tenga que plantear estas inquietudes… Hacía un momento todo estaba bien, ahora parecía una pesadilla que no terminaba por digerir.
Con mi mano trémula, abro la puerta y me apeo del vehículo. Todo está horriblemente oscuro, envuelto en un silencio que me da miedo de hasta moverme. Los demás automóviles están vacíos, desconozco en qué momento la gente huyó y al parecer yo soy el único ahí. Lo que más me aterra es que las calles están en orden, limpias, sin rastro de aquella…cosa, como si nada hubiera pasado.
Voy caminando con cautela, mirando a mis lados aunque esté en desventaja, desearía tener algo con qué defenderme…por si las dudas. Un agudo lamento se escucha tras mi espalda, es perturbador, pareciera que o algo o alguien estuviera en plena ejecución porque su gemido es tan estremecedor que me logra perforar cada célula de mi cuerpo.
Apresuro el paso y cuando doblo la esquina, paro en seco. Dejo de respirar, siento el cuerpo estático, tengo ganas de vomitar por el olor a carne podrida que me pega justo en el rostro. Ahí, a unos cuantos metros, está esa hedionda criatura que parece ser el resultado de un experimento fallido. Su cuerpo es como el de una enorme babosa negra con un brillo mucoso que se dilata al respirar. Es demasiado grotesco, tiene partes humanas que se le adhieren debajo de la piel, o lo que sea eso; brazos, cabezas, manos atrapadas ahí, no puedo distinguir si hay un principio y un final, pero de alto mide cuatro metros por lo menos y unos dos de ancho.
La misma chica de hace unos momentos atrás está frente a esa cosa. Lo observo sacar su lengua desde el centro de su cuerpo, la enreda alrededor de ella mientras profiere gritos de auxilio, aunque yo no soy capaz de hacer algo más que de mirar aquel siniestro suceso. Entonces, la hace explotar, como si le hubieran puesto una bomba y únicamente sus extremidades se hayan salvado. Sus brazos y piernas quedan desperdigados por el suelo, la cosa se coloca encima de ellos y en un lamento grotesco las succiona, formando parte de él ahora.
Mierda, creo que me está viendo. No estoy seguro de si lo hace porque no tiene ojos, ni un rostro definido, pero algo me dice que así es. Mis sospechas se confirman cuando empieza a desplazarse en mi dirección, trato de vencer el miedo y obligo a mi cuerpo a moverse lejos de él. Corro con todas mis fuerzas, el auge de adrenalina transita por mi torrente sanguíneo y respiro por la boca. No quiero que me alcance, no quiero terminar como esa chica.
Cuando dejo de escuchar sus lamentos es que decido disminuir la velocidad. Giro hacia mis flancos, en espera de algo que me indique estar a salvo. Apenas si puedo contener la respiración, llevo las manos hacia mis rodillas en lo que trato de reponerme y cuando me incorporo, ahí está, frente a mí. El corazón se me va hasta los pies. No sé cómo ha llegado ahí sin hacer ruido, pero su aterradora presencia me llena de pánico.
No. No. No.
Siento su pegajosa lengua enredarse sobre mi torso, comienza a levantarme del suelo y ese olor a echado a perder sólo empeora las cosas. Sus lamentos no tardan en aparecer, pataleo en todas direcciones para tratar de liberarme, aunque sé que es en vano, pero no quiero darme por vencido.
Suéltame, déjame ir. ¡Vete!
De pronto, siento un piquete en mi antebrazo derecho. La monstruosa criatura me va bajando hasta regresarme al pavimento y se aleja entre lamentos y algo parecido a una risa. Me quedo perplejo ante lo que acaba de pasar… ¿Por qué me dejó ir? Todavía confundido, reviso la parte de mi antebrazo y encuentro una pequeña marca rojiza que poco a poco va aumentando de tamaño. Le empiezan a salir una clase de venas negras, extendiéndose por todo mi brazo. Intento pararlas con mi otra mano, es inevitable. Horrorizado, dejo salir un fuerte alarido cuando siento las venas llegar a mi sistema nervioso.
Me quedo tendido en el suelo. Una serie de imágenes empiezan a cruzarse por mi cabeza, pasan volando tan rápido, pero soy capaz de entender que son experiencias vividas: un cumpleaños, la primera vez que pisé el escenario, nuestro first win, el rostro de mi novia. Van desapareciendo, cada uno de ellos, ya…ya no estoy recordando… ¿Qué…? ¿Qué es esto? ¿Quién…soy? Tengo hambre, mucha hambre.
Respiro por cada poro de mi oscura piel, huele a…humanos. Quiero.
Me los quiero comer.
OPINIONES Y COMENTARIOS