Pretérito perfecto

Pretérito perfecto

Ernesto Parisi

30/10/2026

Que no hayas visto de soslayo el poniente alguna vez. Que un ligero temblor, una inquietud, un frío, no te asalten.

Un leve sismo y vibra el agua en el vaso. Hasta la roca se conmueve, el animal huele el relente en el aire.

Que no te arrobe – ni te espante – el blanco entre palabra y palabra.

Bañabas de té las tardes. Lucías cascabeles engarzados como cuentas de violetas. Ignorabas. Discreta, la tarde te espiaba la inocencia.

Que te duermas sin pensar en un color, en un trazo. Que la voz no encuentre el tono exacto y los distintos tonos de azul se vuelvan innecesarios.

Que una niebla te extravíe la mirada y no te suelte hasta depositarte en otra igual la siguiente mañana.

Que no sepas.

Tu pie pequeño, arqueado, hijo de la luna y de los pastos, tus calcetines con agujeros. Corrías. Desvaída, la tarde te celaba.

Muerta de alegría y de terror, exhausta, ¿qué le gritabas a los cangrejos en la playa?

Que no hayas podido ilusionarte.

No me lo explico.

Ni me decido a convencerme de que es tarde.

La casa sigue en pie. Está limpia. Como un sepulcro, fue blanqueada.

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