Era un pliego de peticiones del Club de las Letras. Venía firmado por la A y la O en representación de las vocales, y por la R y la S en nombre de las consonantes.
Querían dar inicio a una nueva serie de palabras, pero el problema parecía un monólogo: estaban cansadas de aparecer unas veces al comienzo y otras al final, sin que nadie reparara en ellas.
Entonces una sabia Z tomó la palabra:
—Tengo una solución.
La O nombrará al OSO. Será el arquetipo de ese bello animalito y se leerá igual de derecha a izquierda que de izquierda a derecha.
La A hará lo mismo con ANITA.
—Yo también ayudaré —dijo la R, tosiendo ligeramente—. Les enseñaré a RECONOCER.
—Y nosotros —respondieron la S y la O al unísono— porque SOMOS colegas.
Desde hoy estarán bajo nuestro RADAR, podrán reunirse en nuestras SALAS de conferencias y formarán una hermandad muy especial.
—¿Y cómo se llamará esa hermandad? —preguntaron todas las letras.
La sabia Z sonrió y respondió:
—Se llamarán PALÍNDROMOS.
Y desde entonces las palabras que podían mirarse en el espejo y seguir siendo las mismas ocuparon un lugar de honor en el Reino de las Letras.
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