Dibujar un secreto.

Dibujar un secreto.

Maranta

30/07/2026

Qué pocas veces advertimos la belleza

del caminar de esa persona,

a la que no conocemos de nada,

el pelaje lustroso de ese perrito

que camina como al trote,

la gentileza con que nos han dado turno

en la carnicería,

cómo le brilla el rostro hoy

a la panadera,

lo guapa, lo realmente guapa

que se ha puesto,

para ir , un día más, a vender pan.

Me pregunto también

si acaso nos hemos fijado

en que los jazmines

ya desprenden olor , y el campo se va agostando.

Y…..la ilusión del cartero,

consciente de que últimamente

sólo trae notificaciones de multa

, te va a entregar hoy una carta

, caligrafiada,

remitida desde Cádiz.

Porque, algo te conozco,

y pasarás la mañana

pensando en ese encuentro con el cartero.

Sí, porque su sonrisa,

al entregarte la carta,

transmitía el calor de su ….,

y no parecía querer

desprenderse de ella.

Sí, qué pocas veces,

qué pocas veces así, así,

así las letras, así las sonrisas.

Y ….no sé si te has fijado,

en cómo María Luisa,

sí, la panadera,

con qué esmero

envolvía los pasteles

en esas pequeñas bandejitas plateadas

, sus manos, parecían bailar

cuando rodeaba los dulces

con esos leves cordeles.

Y cada lacito

que hacía en las bandejas

era diferente,

porque cree

,siempre ha creído,

que nadie es igual a nadie.

Y….con qué entusiasmo

Matías volvía al colegio,

después de una semana constipado,

con sus tizas de colores

bien guardadas en el abrigo.

Se las roba a Ariadna,

la profesora de pintura

, cuando está pendiente de otra cosa.

Matías está enamorado de ella.

Y le gusta dibujar solecitos

en las aceras,

cree que Ariadna es

como una constelación.

Aunque Matías

no sabe lo que es una constelación,

piensa que el sol sí lo es

,así que, cada día,

de camino al colegio,

dibuja con disimulo

solecitos por las aceras

con las tizas de colores que le quita a su profesora.

Mientras esto sucede,

es decir, siempre, siempre,

cada una de las mañanas

en las que Matías

dibuja soles de colores en el suelo

, se dibuja también un secreto,

del que él no sabe.

Herminia vive en un cuarto piso,

vive sola,

y tiene ochenta años.

Hace tiempo ya

que no baja a la calle,

para casi nada. Pero,

cada mañana,

habita una ventana

siempre, siempre la misma.

Marcelo, su marido,

se marchó hace tiempo….

.y ella guarda

su vieja cámara de fotos.

Herminia sigue

besando la vida…

.sólo que ha aprendido

a resguardarse tras las ventanas.

Siempre le gustaron,

pero ahora, mucho más.

Así que, cada mañana,

de lunes a viernes,

y tras tomar su desayuno,

se prepara con la cámara de Marcelo

junto a la ventana, y dedica un tiempo

, un tiempo sin tiempo,

un tiempo dulce y amable,

a hacer fotos

de ese niño que dibuja soles en las aceras.

Los soles son para ella,

claro, sí, sólo para ella,

Como su Marcelo

de algún modo, son ,son sus soles

. Y, las paredes de su casa

están vestidas de esos astros,

de esos soles.

Así pasa los días Herminia,

salpicando sonrisas

de sol a sol.

Ya nada se nubla más en su vida.

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