El relato de mi historia
Viví en Suecia desde 2009 hasta 2025, en dónde trabajé y estudie diversas cosas, terminé mi bachillerato, pero por burocracia, preferí volver a hacerlo aquí en MX, en vez de revalidar. Actualmente vivo con mi pareja y nuestro hijo en Manzanillo, Colima, MX; pero para realmente poder contar mi historia, en realidad tendría que contar la de al menos 9 personas que comparten el mismo cuerpo que yo y cada uno contarlo desde su perspectiva. Se nos suele llamar personas plurales o sistemas, ya que trabajamos en conjunto para poder ser funcionales.
Tres profesionales que no tenían relación uno con otro: une de CDMX, otro de Cuba y finalmente una de Colima… y sin embargo, el mismo diagnóstico.
Aún recuerdo cuando me dieron por tercera vez el mismo diagnóstico. Estaba sentado en el consultorio, 2025. Hospital regional de Colima, Colima, en México. Yo solo podía escuchar como quién está detrás de un vidrio. «Efectivamente, tienes TLP (trastorno límite de la personalidad), TEPT (trastorno de estrés postraumático), ansiedad, depresión recurrente y TID (trastorno de identidad disociativo). Es decir, tu mente sufrió uno o varios eventos traumáticos, en tu caso, violencia sistemática, y se fragmentó para poder sobrellevar todo. Ahora, son varias personas las que comparten el mismo cuerpo». Ni yo, ni mi compañero de cuerpo que estaba escuchando en primera persona, nos sorprendimos. Asentimos y nos retiramos tras terminar la sesión. Ya era la tercera vez que escuchábamos el diagnóstico. A partir de ese momento dejé de buscar confirmación. De cualquier manera ya tomaba medicamentos. No para que ellos desaparecieran, sino para controlar los impulsos y la depresión. Ellos no habían desaparecido en más de treinta años, no iban a desaparecer ahora con unas simples pastillas.
La segunda vez, me encontraba en Suecia, las sesiones eran por videollamadas, el profesional era un hombre cubano bastante alegre, de mediana edad. Tras la primera vez que me habían dicho el diagnóstico, solo quería a alguien que me dijera que el primer profesional se equivocaba. Error, no solo me confirmó el TID, sino que dijo que probablemente todo era causado por un TLP negligente. Debí recibir terapia a temprana edad, sin embargo, no fue así y mi mente se fragmentó. Hablamos sobre mi núcleo familiar. Yo nací en Guadalajara, JAL, MX. Un 9 de abril de 1991 o al menos eso dicen mis documentos. En las sesiones, me di cuenta de que el problema no había sido directamente mi madre, sino mis tíos y abuela materna. Todos ellos ejercitan la violencia entre ellos y contra mis primos. Durante el tiempo de las sesiones tuve muchas pesadillas. Soñaba mucho con mi infancia. Seguro hubo cosas bonitas, pero yo no las recordaba.
La primera vez no me dieron el diagnóstico a mí, fue a ella… a Evelyn. El diagnóstico también fue por videollamadas, ya que ella se encontraba en Suecia y el profesional en la CDMX. Evelyn había decidido ir a terapia por temas de género, se presentó como género fluido. Al principio Evelyn decía que eran una misma persona, aunque sus allegados lo dudaban ya que ella contaba experiencias de vida que no iban acorde con una persona de género fluido. El género no tiene vivencias propias, no te habla, no decide, no te pelea. Así, finalmente, tras varias sesiones con el profesional y una conversación incómoda en un servidor en internet. Ella se atrevió a contar sus vivencias al terapeuta y por último dio mi nombre: Javier. Me señaló a mi como el responsable de todas las identidades. A mí y no a ella misma. Entonces, fue como si una cortina se hubiera caído. Comencé a escucharla en la mente y al mismo tiempo me venía información de cosas que ella había hecho y que yo no haría o no hubiera hecho.
El profesional, una persona no binariae, de estatura promedio, tez caucásica, pelo teñido de rubio, alegre, comprensive; pero de una ética algo cuestionable, ya que aun cuando elle no tenía experiencia y había admitido no saber mucho del tema, le confirmó sus sospechas «Sí, en efecto, Evelyn, son varios. Tienes TID» y le dijo el tratamiento: unificación. Es decir, todos nos volveríamos una sola persona.
Después de eso, le pedí a Evelyn que se despidiera del profesional. Ella solo le mandó un mensaje diciendo que yo estaba enojado y ya no podría seguir con la terapia.
No recuerdo bien qué pasó posteriormente, me pareció haber entrado en una pequeña crisis. Hasta ese momento mi vida había sido controlada por una niña. Miré documentos. Mi firma había cambiado. El nombre que daba. Rastreé desde cuándo: 2020. Poco después de la pandemia. El estómago se me revolvió al ver qué había citas médicas, intervenciones… y todas aprobadas con una firma distinta a la mía. Ella le había hecho cosas al cuerpo. Sin embargo, el asunto no terminó ahí. Miré mis estados de cuenta, había habido un derroche de dinero: una computadora gamer, pese a que ya había una computadora iMac; un celular que costaba el doble que un vuelo redondo de Suecia a México. Me sentí devastado. Mi cuenta estaba casi vacía. Todos mis ahorros se habían esfumado. Traté de mantener la calma. Debía ser fuerte. Posteriormente, busqué una segunda opinión. Alguien con experiencia en trastornos disociativos.
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