¿Qué tristeza aqueja al cielo,
que no cesa de llover?
¿Será acaso el desconsuelo
de ver tanta gente correr?
O tal vez sea la pena
condensada en las entrañas
que se aferra a la añoranza
y hace huellas en la piel.
Un relámpago enciende
el ocaso de la tarde
y renueve el llanto oscuro
que se asoma con desdén.
¿Es el llanto por las almas
que han perdido la inocencia?
¿O se debe a la indolencia
instalada en cada ser?
Ruge el trueno inclemente
conquistando en fría calma,
la tormenta se desangra
el tiempo ha de fenecer.
Son las voces del pasado
irrumpiendo en el presente
que se infiltran en las grietas
de memorias del ayer.

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