Estuvimos tan cerca abriéndonos los ojos, calcinando, bailando, paralizado sin razón. Te llevaste la última esperanza, quebraste el último pilar, me destruiste.

Ningún objeto, ningún asilo, nada.

Mi cotidianidad me tortura, no tengo razón, equilibrio, escribo por orgullo, por ganarle al tiempo, no te tengo; y por eso a veces no se continuar solo me se alejar.

Y aquí estoy escribiendo de ti, te convertiste en letras perdidas sostenidas en mi mente, clavadas desde los ojos mirando el techo blanco. Me preguntó, si me equivoqué, si adelanté arrogantemente nuestra despedida. Mi intención jamás fue ser tan precipitada, por qué quiero disculparme?, mi corazón estúpido es así de noble, de ciego.

Desahogo el pesar con mi caminar hasta llegar a un lugar con quienes me siento protegida, por ratos querida. No pretendo castigarme solo quiero dejarte ir. Y mi error es que quizás me soltaste para sanar pero desaparecer sin aviso me dejó desamparada; cuando solo bastaba un mensaje para entender, no reprocho nada solo utilizo mis ratos para liberar mi ansiedad que no me deja dormir, mi frustración de lo que pudo haber sido mejor.

Hay días que siento mucha fatiga, no me alcanza respirar, quiero compartir mi calor contigo, te llevaste otra parte de mi, la ingenuidad; volver a creer, no tomaste responsabilidad solo te fuiste. Entender tu postura mientras la ira me rodea se lleva el tiempo en mis madrugadas. Deseo correr tan fuerte, gritar hasta que el alma se me salga, y volver por ella en un abrazo ajeno.

En qué me convertiré sin contarte mis ilusiones de realización personal, y qué serás tú sin mis expresiones de contento al ver tu sonrisa florecer.

No tuve más espacio en tus últimos pensamientos, y ahora solo decidiste huir, convertirte en otro eslabón perdido de quien aún no es esclava de tus besos.

Y otra parte de mi desapareció con tu agotamiento, ya no somos el refugio fructífero de todos los días. Enfrentarte con una mirada te acobardaría y lo sé, nunca me conociste.

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