Hoy me ha dado por mirar viejos vinilos. Creía que los tenía ya perdidos, que jamás volverían a sonar.
El caso era que la cápsula fonocaptora del brazo de mi giradiscos hacía más de 15 años que no se encontraba en su lugar. No sé si habrá algún objeto más buscado que esta cápsula, pero bien es cierto que nunca apareció. Pero no solo no aparecía por casa, es que no la podía encontrar ni en tiendas especializadas. Incluso fui adrede a una tienda con solera, que por cierto ya cerró, y con toda la buena voluntad del encargado y después de agotar casi todos los recursos, me pidió que le llevara el “plato” para así enseñarlo y, de alguna manera, buscar algo que pudiera funcionar.
Todos los esfuerzos fueron inútiles. Hasta la semana pasada, en la que un amigo, en una tienda de una ciudad cercana, encontró una y me la trajo. La alegría fue inmensa. Después de casi 20 años podría escuchar mis viejos vinilos, de los cuales dispongo de una importante colección.
Pero algo veía yo raro y, aunque la cápsula, por supuesto refabricada, venía en su caja con el nombre y referencia de mi giradiscos, me daba la impresión de que no era la que realmente le correspondía.
La sospecha se tornó realidad al ver que no encajaba y, aunque mi amigo consiguió colocarla con más arte que técnica, aquello no sonaba. Estaba convencido de que, a pesar de lo que ponía en la caja y en el folleto que la acompañaba, no sé por qué extraña razón, esta cápsula no era la que se correspondía con el modelo de mi plato.
Lo dejamos estar y, pasados un par de días, fuimos los dos a la vieja tienda donde parecía haber de todo. No era nada especial, sino una especie de almacén, con unas viejas estanterías donde se acumulaban polvo y recuerdos del pasado, ya que pudimos ver allí archivadas todo tipo de válvulas de vacío.
La señora que nos atendió andaría rondando los 60, pero después de toda una vida tras un mostrador enseguida reconoció a mi amigo. Tanto es así que no nos tocó ni enseñar el tique de compra. Se preguntaba cómo podía ser que esa cápsula fonocaptora no fuera la adecuada y se apresuró a sacar, del gran archivo que significaban las estanterías, una caja del tamaño de una caja de fruta, que archivaba cajas más pequeñas que, a su vez, contenían cajitas individuales, cada una con su susodicha cápsula.
A pesar de lo bien archivado que lo tenía todo, parecía que algo no cuadraba con las referencias de fábrica. A lo que la señora nos dijo que, con esto de la tecnología, vienen muchas cosas mal etiquetadas y que era una circunstancia que jamás les había pasado a ellos, porque ellos metían el material en cajas, las cajas las archivaban en las estanterías, pero en todo momento la etiqueta con el contenido quedaba perfectamente visible.
Al final encontramos la cápsula buena y ahora mi giradiscos suena como el primer día.
Pues bien, después de sacar todos los vinilos, limpiarlos y escucharlos de nuevo, y para preservarlos un poco, yo también los he metido en cajas. Les he puesto una etiqueta para saber en cada momento qué hay allí y ahora me dispongo a archivarlos.
Es curioso: estanterías que, con sus correspondientes cajas, están llenas de recuerdos. Recuerdos de luces psicodélicas de discoteca de los 80. De pantalones de campana de los 70, aunque también hay mucha lentejuela o trajes brillantes de una época en la que ser artista era ser un poco diferente.
Cuántas cosas te vienen a la memoria al leer las etiquetas que he puesto. “Música disco de los 80”. Barry White. Boney M. Que, por cierto, tanto Barry como el componente masculino de Boney M ya nos han dejado…
De los 70. Esto aún es más nostálgico. Música de Jaime Morey, de Miguel Gallardo y el mismísimo Nino Bravo, entre otros. Personas que nos enseñaron cosas, recuerdos intangibles que son importantes. Que, aunque ya no estén, en algún momento determinado y por alguna circunstancia volverán a estar vivos en nuestro entorno.
Hay más. Muchos más, como toda la movida de los 80, que se llevó a mucha gente a causa del consumo de drogas.
También nosotros tenemos gente que formó parte de nuestra vida durante un tiempo, de alguna manera, y ahora la tenemos archivada en una estantería, donde de vez en cuando nos acercamos para recordarlos y, algunas veces, les llevamos flores.
Así es y así será hasta que a todos, poco a poco y en un momento determinado, también nos archiven en una estantería, dentro de una caja y con una etiqueta fuera para saber qué es lo que hay dentro.
Al lado, más recuerdos. Todos con etiqueta fuera. Pantalones de campana. Vaqueros. Trajes negros con corbata fina. Pantalones a rayas, blusas o alpargatas de esparto. Recuerdos de otros tiempos, de otras costumbres, que tenemos ahí archivados desde hace cientos de años.
Será que al final a los humanos se nos da muy bien eso de archivar los recuerdos, porque al final es lo que son: una foto en una gran etiqueta, solo que esta, en lugar de ser de papel, es de mármol pero tambien está, en una inmensa estantería.
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