Mi madre siempre me contaba que llegue como un gran regalo, que le traje el regalo de una vida para ella y me llamó Idhun como el nombre nórdico de la joven de las manzanas doradas que daban inmortalidad y belleza a los dioses como bien preciado y juventud. Yo le daba la esperanza de su inmortal descendencia, amor e historia y, aún, mucho más.
Pero ella no pudo disfrutar parte de mi, su camino se cerro sin darle esa vida, dejándome sola y bajo la custodia de mi abuela en Noruega donde podía estar allí como una pequeña aislada en un pueblo viejo.
Solo tenía 5 años. Los cantos de una historia siempre resonaban en los techos de madera y paredes de piedra que resguardaban los inviernos crueles. No había melodía pero si una única verdad.
El oráculo le ha acertado, desde que Vidar me privó de la vida, volver a la libertad ha sido lo mejor de toda mi existencia. Pero existe un problema: los hombres.
Sus mentes no son primitivas como antes. Han evolucionado que vernos podría ser un caos.
Ya no somos los mismos dioses, las mismas espadas ni los mismos propósitos.
El hombre no lucha por su día a día contra bestias y elementos que pueden maldecir su descendencia.
Es un presente distinto y nuevo.
– Debo usar otra forma, esta vez cumpliré mi propósito, mi promesa – murmuré dejando mi verdadera forma de gran lobo a una débil figura humana sin ropas ni marcas – No me veo tan mal – me di un pequeño vistazo frente a un lago cristalino, hacia tanto tiempo que mis pies de piel sentían el agua fría o la brisa.
Sabía que no era el único Dios en sumergir en la tierra de Midgard.
Mi padre, mis hermanos, los traidores y guardianes también despertarían pero yo llegaré primero a la meta.
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