La incoherencia de la linealidad, Pensamientos clínicos Capitulo V: La justificación del paralelo inquieto – La anamnesis incompleta

La incoherencia de la linealidad, Pensamientos clínicos Capitulo V: La justificación del paralelo inquieto – La anamnesis incompleta

Especular sobre el actuar y el comportamiento no me apetece del todo dilucidarlo. Sin embargo, no parece existir forma alguna de desligarse de aquello paralelo al estado, digamos natural o incluso “puro”, de la condición humana.

Resulta simbólico formular una interrogante para determinar, con cierta probabilidad, un diagnóstico; aunque quizá sea aún más determinante hacerla sabiendo que permanece inconclusa o, muchas veces, sin respuesta.

Los paralelos en medicina humana los asocio a estructuras rígidas que determinan la razón o, al menos, sostienen parte de sus bases. Por tanto, terminan materializándose en directrices que, si bien resultan sensatas y derivadas de la experimentación, generan inquietud para muchos.

Considero que dicha inquietud parece vana cuando se compara con la justificación de intentar entenderlas para practicarlas.

Propongo tamizar las ideas para otorgarle una visión, aunque mínima o incluso ínfima, de lo que “es” a aquel que mantenga curiosidad por el entendimiento.

No parece pertinente desligarse de la sensatez; más bien, resulta necesario intentar entender al inquieto: aquel que se mueve paralelo a todo, pero termina centrifugándose hacia lo irreconocible.

La anamnesis parece nacer de la comodidad, donde por lo menos existe tiempo suficiente para realizar dos o tres preguntas. Dichas preguntas poseen respuestas que aproximan al entendedor a justificar un padecimiento y, consigo, un tratamiento.

Pero aun cuando se realizaran infinitas preguntas, infinitas serían también las respuestas, y dentro de ese rango permanece oculta la enfermedad. La incoherente salud que hoy se goza se destruye dentro del mismo rango temporal que se posee; por tanto, no parece suficiente y, si no es suficiente, inevitablemente es incompleto.

El inquieto síntoma que se asoma durante la evaluación, y que parece distanciarse del paralelo, podría ser el causante de una aberración destructiva del organismo. El cuerpo está ahí para ser observado; sea donde sea, permanece dispuesto a la observación, y no parece existir transformación alguna sin sospecha previa.

Se tiene el diagnóstico en frente y, aun así, no se sabe. Viejo aforismo de la medicina: “los ojos no ven lo que el cerebro no sabe”. Sin embargo, parece existir algo más allá de ello, porque no resulta del todo sensato preparar al cerebro únicamente para saber y posteriormente caducar con ello.

Parece incluso “lógico” prepararlo para diligenciar y construir escenarios de infinitas repercusiones.

Los matices de la repercusión pueden justificar el alejarse del paralelo; esa distancia que, a pesar de parecer diminuta, irrumpe la linealidad. Esa linealidad que cada vez suena más incoherente y que, aun así, parece propagarse hacia conciencias neutrales o incluso “puras”.

No basta con salirse del trayecto si no existen catadores conscientes de aquello que se avecina. Parece entonces que dicho trayecto fuese único e inamovible; sin embargo, existen quienes logran desplazarse sin ser atraídos por el peso de la lógica, ese peso que se percibe como gravedad, pero que quizá no sea más que razón.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS