Lo que no puede ser llamado

Lo que no puede ser llamado

Silence Unicamm

01/06/2026

¿Cuál es la diferencia entre el ensayo y la novela autobiográfica?

Revisando por encima las opiniones en internet y en la IA,

la clasificación general parece ser algo así como

«no ficción» versus «aquello en lo que se mezcla la ficción».

Sin embargo, quizás todos pensamos lo mismo:

¿no se mezcla acaso ficción en ese ensayo?

¿Esa novela autobiográfica permanece tal como la subjetividad del autor

sin que haya entrado ni una pizca de ficción?

Cosas así.

Lo que sigue es algo parecido a un juego de laberintos del pensamiento.

Como el «problema del tranvía», a quienes les gusta

hundir las rodadas cada vez más hondo, pisando el acelerador

sin parar, salpicando barro, les dejo eso a ellos

y prosigo con el relato.

En el cielo del atardecer colgaba una luna creciente apenas visible, y quizás por el cansancio acumulado del día a día,

me quedé dormido en el salón.

Al despertar y mirar el reloj, ya era bien entrada la noche.

En la pared, una bombilla LED de luz cálida ardía como pidiendo disculpas.

La jaula del perro estaba al lado, y estaba vacía.

Los de casa lo habían sacado a pasear al anochecer, y como no había andado suficiente,

no había querido volver a su jaula en el salón,

así que lo habrían dejado en el jardín, no muy grande tampoco.

Me levanté tambaleándome, abrí la puerta que estaba junto a la jaula y llamé al perro.

No vino.

Era la cara sur de la casa, pero como habíamos aprovechado el espacio hasta el límite para el salón, delante había una tapia.

Pensando que quizás no me oía, abrí la puerta abatible del lado oeste del salón y lo llamé por su nombre.

La luna creciente había desaparecido en algún lugar, y era una noche oscura.

Me pareció sentir la presencia del perro.

Tuve la sensación de que me observaba con los dos ojos desde aquí,

así que lo animé a entrar en casa.

Pero no entraba.

No era que le faltara juego.

Tenía que tener hambre.

Parecía mirarme fijamente desde la oscuridad.

Era la oscuridad.

 Cerré aquella puerta y abrí la del lado de la jaula.

El perro había llegado, así que subió directamente a la jaula.

Le limpié las patas, me disculpé por el retraso y le di su pienso duro.

Miré un momento hacia la puerta del lado oeste.

Comprobé el pestillo interior—

comprobé también todas las ventanas, él terminó de comer, lamió el agua

y me miró a los ojos,

apagué la luz del salón y me fui a dormir.

Por la mañana, un cielo gris me recibió.

 Así lo vi desde la ventana.

El perro no estaba en el salón.

Ya lo habrían sacado fuera los de casa.

Llegó la hora de siempre de salir al trabajo.

 Al abrir la puerta de entrada, junto con el aire de fuera cayó algo desde arriba, plop.

Era un ciempiés grande.

Por reflejo, lo aplasté con el zapato de cuero.

No pude aplastarlo de una sola vez, así que lo pisé varias veces.

Supongo que estas cosas pasan a principios del verano, antes de la época de lluvias.

 Mientras sacaba la escoba y el recogedor,

pensé.

En la noche oscura, sin saber qué es lo que hay,

no hay que dejar entrar nada.

Con eso debería haber terminado.

Pero esa noche,

al salir del baño, subí al segundo piso

y encendí la luz del trastero,

un gato

un gato que había entrado

pasó corriendo junto a mis pies

y desde el balcón que estaba abierto

se lanzó a

la noche oscura.

Etiquetas: ensayo

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