ORBITA DE TRAICIÓN

ORBITA DE TRAICIÓN

fran

16/05/2026

La estación orbital del Cinturón Vanallyn
nunca dormía. Giraba lentamente alrededor de una estrella moribunda, bañada en
una luz rojiza que convertía todo en sombras largas y sospechosas. Era el tipo
de lugar donde los acuerdos se sellaban con sangre y los nombres importaban
menos que la reputación. Y si había un nombre que se susurraba con una mezcla
de respeto y miedo, era el de Kayla Drageni. Aunque casi nadie la llamaba así.

Para la mayoría, era simplemente “la Fiera”.

Por sus ojos fríos y su media sonrisa inquietante que
ayudaban a su reputación—, era precisa, silenciosa, letal. Kayla no dejaba
cabos sueltos. Sus encargos terminaban de una sola forma… Pero incluso las
depredadoras más feroces pueden ser engañadas. Todo empezó con Darek Sol. Exsocio
… y, según Kayla lo había estimado alguna vez. Sobrevieron juntos a suficientes
misiones como para confiar el uno en el otro, lo cual, en su profesión, era
casi una locura. El último trabajo parecía sencillo: interceptar un cargamento
en tránsito y extraer un módulo de datos. Sin testigos. Sin ruido. Pero algo
salió mal. Las alarmas saltaron demasiado pronto. Las defensas estaban
preparadas. Y cuando Kayla buscó a Darek en el punto de extracción, solo encontró
vacío… y un mensaje. “Negocios son negocios”. Después, la emboscada. Kayla apenas
sobrevivió. Desde entonces, la palabra “confianza” dejó de existir en su
vocabulario. Y la palabra “venganza” cobro más valor.

Su búsqueda la llevó a los bordes del sistema
Kharos, donde las leyes eran opcionales. Allí oyó hablar de alguien que podría
saber dónde encontrar a Darek. Un contrabandista. Alienígena. Escurridizo. Sabía
demasiado. Su nombre era Rhel. Kayla lo encontró en una cantina excavada dentro
de un asteroide, un lugar donde el aire olía a metal caliente y alcohol. Las
luces parpadeaban como si también estuvieran cansadas de existir. Rhel no se
parecía a nada humano. Su piel tenía un tono azulado, casi translúcido, y sus
ojos se movían de forma independiente, observándolo todo. Sus extremidades eran
largas y delgadas, y se movía como si siempre estuviera a punto de deslizarse.

—“Llegas tarde” —dijo él, sin mirarla directamente.

Kayla se sentó frente a él. Comentando con un tono
sarcástico:

—“No sabía que teníamos una cita”.

Ella sonrió levemente. Rhel emitió un sonido que
podría haber sido una risa.

—“Buscas a alguien”.

—“Sí”.

—“Y crees que yo puedo ayudarte”.

—“Se que vas a ayudarme”.

Rhel inclinó ligeramente la cabeza.

—“Eso suena a confianza”.

La negociación fue breve. Rhel no entregaba información
gratis.

—“Tengo información sobre tu antiguo socio” —dijo—.
“Pero no eres la única interesada.

Kayla apoyó los codos en la mesa.

—“Dime dónde está”.

Rhel negó lentamente. Ella entrecerró los ojos y
movió su cabeza ligeramente de arriba hacia abajo. Necesitaba respuestas. Y
Rhel era su única pista. El trabajo que propuso no era menor. Un cargamento
interceptado en una ruta prohibida. Eran datos que alguien quería ocultar… o
proteger.

—“¿Qué contienen?” —preguntó Kayla.

Rhel dudó.

—“Algo que podría alterar el equilibrio en el
sector”.

Kayla suspiró.

—“Odio los secretos”.

—“Es la única respuesta que obtendrás por ahora.
Además, sobrevivo gracias a ellos”.

La misión los llevó a una nave abandonada, flotando
en la periferia de un campo de escombros. Desde fuera, parecía muerta. Desde
dentro… No tanto. Los sistemas de defensa seguían activos.

—“Esto no es un simple cargamento” —murmuró Kayla
mientras esquivaba una ráfaga de energía. Se movían bien juntos. Kayla cubría
los ángulos, eliminando amenazas con precisión quirúrgica. Rhel anticipaba todo,
desactivando trampas antes de que se activaran… Llegaron al módulo de datos de
la nave, protegido por una última capa de seguridad. Kayla observó mientras sus
múltiples dedos se movían sobre la interfaz, introduciendo secuencias que
parecían más intuitivas que lógicas.

—“¿Qué es exactamente esto?” —insistió.

Rhel no respondió de inmediato. Cuando finalmente
lo hizo, eran coordenadas. Redes. Nombres”. Kayla sintió un escalofrío. Todo
encajó. La traición. La emboscada. El silencio. No salieron de la nave sin
problemas. Un grupo de cazadores los esperaba afuera, atraído por la señal del
módulo. La batalla fue rápida y brutal. Kayla se movía como una sombra afilada,
derribando enemigos con una eficiencia aterradora. Rhel, no luchaba de forma
directa, desorientaba a sus atacantes. Cuando todo terminó, el silencio se volvió…
pesado.

De regreso en la nave de Rhel, Kayla observó el
módulo de datos.

—“Podríamos vender esto” —dijo.

Kayla se quedó en silencio unos segundos.
Analizando muchas cosas; todo hacía sospechar una única conclusión lógica. Así,
lentamente, Kayla mueve su mano por su torneado muslo hasta su arma, sin que
Rhel, exhorto en el análisis de la información sustraída, sospechara algo,
mientras lo observaba fijamente. Sacó rápidamente su arma … Y cuando la nave se
estaba alejando del campo de escombros, sonó a lo lejos un disparo ahogado
por la inmensidad del espacio. Una buena depredadora jamás puede ser engañada
dos veces por la misma presa. Más aún si está presa, llega a camuflarse con
cirugía plástica para despistarla.

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