Los peces eran tan nuevos
y el mar tan puro,
que Adán los miraba desde el Edén
y les puso nombre.

No había miedo en el agua
ni abismo entre la tierra y el azul.
El ojo del hombre alcanzaba el fondo,
y la criatura no huía de la mirada.

Nombrar entonces
no era dominar,
era reconocer

Etiquetas: amor oso pan pez uva

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