embustero 

Fue un crimen atroz, una falta de juicio,
guardar en el pecho un recoveco de luz;
la efímera intriga fue solo el inicio
de aquel que construye su propia cruz.

Malditos aquellos que aún creen que el cielo
regala un apoyo, un fugaz salvavidas;
no ven que la muerte vigila su anhelo
y habita en las sombras de causas perdidas.

Rechinan los pasos, la fosa se asoma,
mientras el destino se burla del preso;
la trampa fue un dulce de suave aroma
que el incrédulo iluso devoró con exceso.

Y frente a la muerte, de frente al abismo,
le increpa el errante con voz de amargura:
«¿Por qué no viniste antes de este cinismo?
¿Por qué antes de ver esta breve hermosura?».

Hubiera preferido el final de su historia,
la paz de la nada, la ausencia de brillo,
que haber conocido el paraíso y su gloria
para ser arrojado a este oscuro pasillo.

Etiquetas: poesía

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