Lo que hay de mí son recuerdos muertos que hace mucho tiempo tenía que sanar; solo quería hacer de cuenta que ya no están. Sé que a veces hablar no es suficiente y, para mí, llorar es el principio de soltar. No hay fórmulas ni curitas mágicas, solo tú, por quinta vez, en una agradable charla para ver dónde están las cosas en ese sótano oscuro, como algo que no sirve pero ahí sigue.
No somos basureros, no aparentamos nada, porque aprendí a estar reluciente pero, ¿qué hay dentro?, ¿qué pasa cuando la fiesta se apaga?, ¿qué callamos para ocultar? Solo piénsalo. Me han dicho cientos de veces que no estoy del todo «ahí» y que ven caos en mis pensamientos, y estoy de acuerdo. Querida Luna: tengo miedo de mí, de pensar que aún tengo tiempo, de pensar que sanaré. Es tan raro ver tantas partes de mí en lugares por donde estuve; siento que mis venas tienen morfina, pero me hacen creer que aún tengo algo de tiempo para ti.
¿Qué se gana con una pérdida? No sé vivir con un corazón que ya no es mío, algo ajeno a mí. Llegó un nuevo corazón y no es algo nuevo; he visto muchos de ellos ya muertos, algunos diciéndome: «Cuidado, nadie te advierte los peligros». Aprendí demasiado tarde, pero lo aprendí; así que vi el claro ejemplo de las cenizas de un amor que solía poseer tanto arte que, quizás, tenía lágrimas de mil personas. Quería pisar el tiempo con tanta rabia porque el amor enfermaba. Desaparece del mundo… cambiaría mis letras por volar muy alto.
OPINIONES Y COMENTARIOS