La Hora Dorada

La Hora Dorada

Dan Storm

24/04/2026

Era perpetuamente la hora dorada.

El valle se extendía inmenso, más bello que cualquier memoria, por donde alcanzaba la vista. La sesgada y tenue luz solar volvía el mar en lentejuelas de sepia que relumbraban como escamas en la lejanía, y de vez en cuando la lluvia caía fresca, mas nunca helada, trayendo el olor a tierra mojada a los huertos y bananales y una brisa refrescante que invitaba a pasear a caballo por las praderas.

La casa, de fuertes vigas costaneras, estaba pintada con la paleta de colores de las guacamayas. Los muebles se sentían usados y acogedores, y Sienna había llenado de libros las estanterías. Les venían por encargo en correo por avioneta cada mes, junto con whiskey fino y un par de trinquetes mecánicos que hacían feliz a Rocco, aparte de repuestos para la cocina, la motocicleta, el DVD y la única computadora. Dos libreras rebosaban de novelas, películas, documentales, música en vinilo y fotos. No había internet, ni teléfono, ni radio.

Lo demás que se necesitaba para vivir, venía del valle. Unas cuantas vacas, gallinas, un caballo y una yegua hermosos, dos perros, tres gatos, una iguana y dos tortugas. Sembradíos de maíz y azúcar, frijol. Huertos de mangos, manzanas y albaricoques. Viñas. Se daba de todo, todo el año.

Sobre todo, estaba el vínculo.

Llamarlo amor sería inadecuado. El amor por sí solo es un riesgo. Pero el amor sí que era un componente vital de ese vínculo tan irrompible entre Sienna y Rocco, un aglutinante hecho de respeto, compromiso y honor, tan fuerte como entrañable, que limaba las asperezas y apaciguaba las tormentas. Rocco y Sienna habían encontrado uno en el otro su hogar.

Cazaban juntos, y cosechaban y sembraban, cantando juntos y persiguiéndose entre risas por los inundados sembradíos de arroz. Cabalgaban por la sabana, arreando el ganado por una tierra sin polvo. Leían a la luz de la hoguera con los perros en su regazo. Hacían el amor a la orilla de los cenotes de azul profundo, y volvían de la mano como unos adolescentes a la hermosa casa cuando tenían hambre.

Era perpetuamente la hora dorada.

– A veces tengo miedo.

Sienna susurró al oído de Rocco mientras se mecían en una hamaca en la terraza y le daban de comer a los mapaches que todas las noches visitaban el patio. Rocco le pasó los dedos por los suaves cabellos de su nuca.

– ¿Tu pesadilla de la otra noche?

– Sip.

– Nuestro valle era un planeta entero, y llegabas a la orilla, y se estaba cayendo a pedazos.

– La galaxia se lo comía. Se perdía en el ópalo del espacio, junto con el resto del mundo.

Se quedaron un momento en silencio.

– Quisiera poder apaciguar tus miedos.

– Me sentiría mejor si al menos los compartieras.

– Lo hago.

Ella le beso el brazo con el que la envolvía.

Dos días después, Rocco pescaba en barca, sólo en el quieto río, mientras Sienna cuidaba a uno de los cachorros, que no estaba comiendo mucho. Le haría remedios caseros mientras Rocco traía la cena.

Rocco seguía pensando en los malos sueños de Sienna. Le preocupaban. Algo lo distrajo.

La ausencia de luz en la superficie del agua hizo más notable el punto rojo luminoso que apareció bajo la barca, a un par de metros bajo el agua, tiñendo de magenta el cuerpo del río. Rocco, intrigado, se echó al agua y tocó la fuente del brillo al fondo.

Una caja de metal sellada es lo que trajo a la superficie, del tamaño de su mano y con uno de sus seis lados cubierto por un LED rojo muy brillante. Rocco amarró a la orilla y se bajó, sentándose en una piedra, y manoseó la peculiar caja que nunca había visto en su vida. A pesar de estar mojada, su huella dactilar activó la caja y esta se abrió con suavidad, dejando ver una pequeña pantalla y un par de audífonos. Se los puso, y el removerlos de su nicho activó una grabación en video de alta resolución.

Un rostro cansado, barbudo, canoso y con ojeras de hombre blanco en sus cincuentas habló.

“Hey, Rocco. Supongo que ha sucedido, has ‘encontrado la caja’ (hizo el gesto de las comillas con sus manos). Yo… bueno, estoy pensando en cómo empezar.

Los hechos principales, me dijeron. Ok. El mundo se fue a la mierda. Hay una serie de conflictos geopolíticos muy serios que está destruyendo la sostenibilidad del planeta con cada mes que pasa. Nada de guerra nuclear, eh. Eso habría sido muy fácil, muy rápido.

Esta… compañía, convenció a mi esposa y a mí de darles todos nuestros ahorros por esto. Básicamente, yo soy tú. Yo soy Rocco Alfaro. Y Sienna, pues es Sienna Cáceres, mi querida esposa. Esta es su foto”.

La boca se le quedó seca a Rocco, que sostenía la caja en sus manos, mientras su tonificado cuerpo se secaba al viento de la noche. Alguien con un rostro radicalmente distinto al suyo acababa de afirmar ser él.

Pero la foto era lo peor. Una mujer de casi 60 años, con la piel amarillenta y los ojos hundidos, y el rostro general de alguien que necesita rehabilitación, sonreía débilmente en la imagen que “Rocco” sostenía ante la cámara. El hombre siguió hablando.

“Mira… El hecho de que hayas ‘encontrado’ la caja muestra que tienes curiosidad, así que me dijeron que era mi deber decirte todo.

El mundo en el que vives no es convencionalmente real. No del todo, al menos. Sienna es real, por supuesto, pero sus cuerpos y rostros no lo son. Tampoco la casa, ni todos los jardines y huertos que tendrán, ni los animales.

Todo a tu alrededor es una renderización digital ultrarrealista, indistinguible de la realidad, creada por los motores de inteligencia artificial más avanzados hechos por el hombre. Los estímulos están siendo alimentados directamente a tu cerebro y el de Sienna para simular 37 distintas percepciones sensoriales, y sus consciencias coexisten gracias a un enlace de sincronización neuronal y una nube local de 200 petabytes. Es una caja de arena hiper avanzada, pero no te equivoques, las historias y sucesos no las crean los técnicos que los monitorean. Esas son enteramente hechas por ustedes.

Mira. es todo muy técnico pero lo importante es que este… este es su paraíso, de acuerdo? Sienna y yo lo personalizamos al detalle por horas. Es la única forma de que la vida aún valga la pena. No sabemos qué hay más allá de la muerte, ni cuánto nos quede. Pero esto, esto es una escapatoria del desquicio que hay allá afuera. 

Y claro, hay desventajas, como que no pueden compartir su felicidad con nadie. No hay hijos, amigos, abuelos, vecinos. Demasiado caro el incluir otras personas en la simulación. Los NPCS tampoco sirven mucho, con el tiempo es tan obvio que no son humanos. No importa lo mucho que la IA avance, lo notamos. Así que los reducen al mínimo: los pilotos de la avioneta, que siguen cambiando identidad.

Pero hey! Ve el lado positivo. Usan y amplifican la dilatación temporal de nuestro propio cerebro, así que cada hora aquí son dos meses en la simulación. Casi cuatro años por cada día que pasa aquí arriba. Sin importar lo corto que sea lo que nos quede, ustedes tendrán mucho más, sin envejecer, ni aburrirse.

Estamos enfermos, Rocco. Siena y yo. Confinados a sillas de ruedas, y muriendo más cada día. Nos conocimos hace un año apenas, en el hospital. Fue… no amor a primera vista. Reconocimiento, más bien. Y esto es lo único viable que hacer por nuestro pequeño, insignificante romance. Nuestros cuerpos estarán en suspenso criogénico hasta que fallen, y entonces ellos mantendrán vivos nuestros cerebros el mayor tiempo posible.

Ahora escucha con atención. Sus memorias fueron borradas y rediseñadas, pero estas personas no son monstruos. La compañía programó este evento, el hallar esta caja, en ambos, con un propósito. Es inhumano el confinar a una persona a una vida simulada sin darle jamás la oportunidad de salir. Esta caja contiene dos cosas. Una, la verdad. Dos, un comando reiniciador cognitivo que se activará si tú así lo decides. Si pones tu dedo dentro del nicho a la izquierda, sentirás un pinchón en la yema que te dará la confirmación de borrado. Todo lo que has escuchado y visto, desde el momento en que la caja se iluminó, será eliminado para siempre. Jamás hallarás otra caja.

Si no borras tu memoria, puedes compartir con Sienna lo que has aprendido, y si ella no lo ha hecho, también se activará su caja y podrá verlo por sí misma. Rocco, esto es muy importante: Ni ella ni tú pueden decidir por el otro. Por eso hicieron ‘dos cajas’. Aún si decides olvidar la verdad, ella podrá aprenderla.

Es todo mi tiempo. Sólo hay una cosa más, Rocco. Si ambos lo deciden, pueden finalizar el programa y nuestros cuerpos serán liberados del criogénesis. Volveremos a ser los desgastados humanos que somos, pero será real. Y debes saber esto: Sienna no quería esta simulación. Prefería la realidad. Al final aceptó entrar porque me ama.. Y yo… la amo tanto. Pero por eso no puedo obligarla. El seguro de la caja es lo que me queda. En el momento que ella tenga curiosidad… Su caja se activará. Y te aconsejo no interferir. Cuiden lo que tienen, es todo lo que pido”.

Ahogado en lágrimas, Rocco terminó la grabación, y Rocco en el río temblaba desde el estómago al resto del cuerpo, con un enorme nudo en la garganta y la respiración entrecortada. Vio el video un par de veces más. Logró recobrar poco a poco la compostura.

La luna cubría un enorme trozo del cielo, y los grillos hacían el agua vibrar en patrones fractales infinitos. A unos cuantos cientos de metros, las lámparas de fuego en la casa marcaban el camino a la cama caliente, a Sienna y a una virtual eternidad de días arduos pero satisfactorios, de chapuzones en la playa y besos bajo la luz de las estrellas.

Qué importaba que no fuera real? Rocco introdujo su dedo a medias en el nicho donde un pinchón le daría fin a la pesadilla. Dudó. Y si Sienna no pensaba lo mismo?

Recordó una conversación de tantas, subidos a una roca mientras los caballos jugaban.

– Cómo defines lo “real”?

Había cuestionado Sienna. Él había preguntado:

– Cómo?

– He leído mucho sobre el tema, pero al final concluyo que nadie concuerda en una definición. Supongo que lo real se siente cálido por dentro. Sólido. Es algo, es alguien, que puede traicionarte cada día pero decide no hacerlo. No puede nacer de ti solamente. Es un grito desde el otro lado del universo, que espera que lo oigas, la luz de una estrella agonizante que espera que la veas. Tienes toda la suerte del mundo si lo alcanzas.

– Tu descripción se me hace muy familiar a algo que conozco.

– Sip. A mí también (le sonrió Sienna).

Un piquete y un “auch” se escuchó en la barca. Una luz roja se desvaneció, y la noche volvió a cantar.

Rocco puso los peces en la canasta y acarició al perro lanudo, que salió a recibirlo. Sienna venía detrás, sonriendo y comiendo sandía.

– Las hierbas funcionaron de maravilla.

– Eso veo. Dame un beso.

– Te tardaste un poco más de lo usual.

– Sí… es raro pero creo que tuve un pequeño mareo por un momento en la barca, y me cai al agua pero no lo recuerdo. Estoy bien. Creo que algo me mordió el dedo. Mira.

– Auch, deja te pongo un poco de pomada. Que raro que menciones lo del mareo y el piquete en el dedo. Es justo lo que me pasó a mí, cuando andaba en la espesura buscando las hierbas para Coco. Mira.

Y le mostró un dedo con un puntito de sangre, idéntico al suyo.

Se hicieron bromas, hablaron de tener más cuidado con los insectos. Rieron y jugaron con los cachorros.

Cenaron pescado. Se empanzaron de fruta. Tocaron guitarra y cantaron hasta que perdieron la voz.

Y las pesadillas de Sienna jamás volvieron.

Etiquetas: cyberpunk short

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