TRIAVETLÓN

Esta es una de esas historias que, si algún día tengo tiempo y energía para desarrollar con el cariño que se merece, lo haré. No obstante, no quiero que se quede acumulando polvo en un cajón mientras tanto así que… Ahí va el borrador de un relato sobre mujeres pájaro trans sáficas, deportistas de elite por el día, y que combaten el crimen como heroínas enmascaradas por las noches. Empecemos…

(pajarillos cantando)

Imaginaos que habitamos en un mundo de fantasía donde, en lugar de humanos, la civilización la conforman aves inteligentes, pensantes (como el pato Donald, pero con pantalones). Aunque estas aversonas tienen la particularidad de tener seis extremidades en lugar de cuatro: patas, brazos y alas. Un poco como dragones…

(I como son aves, es normal hablar en femenino cuando usas el plural)

El acontecimiento deportivo más importante de este mundo es el triavetlón: tri-ave-tlón.

(Vaya, como un triatlón, pero con aves)

El triavetlón es un deporte que combina natación, atletismo y ala delta. Este se celebra en una isla que sobresale del mar como una columna de piedra, alta y cilíndrica, y con cuatro plantas tristes de ver. Así pues, la competición consiste en: saltar des de lo alto de la isla, una pared vertical, y descender en ala delta hasta llegar a la línea de boyas que la rodean; a continuación, nadar para volver a tierra y correr hasta regresar a la cima donde el punto de partida es la meta.

Pero, ¿ala delta? Si son aves, ¿no? Pues sí, pero resulta que en este mundo las aves perdieron la capacidad de volar hace mucho. Hoy en día las aves voladoras son cosa del pasado prehistórico, dinosaurias.

Sin embargo, es innegable que las aves que tuvieron antepasadas que surcaban los cielos cuentan con cierto talento innato, o cierta predilección como mínimo, para moverse por las alturas. Es por esto que estas aves en particular destacan en la parte del ala delta en el triavetlón.

Del mismo modo, las que descienden de aves acuáticas destacan en la parte de natación y las que descienden de aves corredoras (como avestruces, casuarias, emúes, ñandúes, kiwis; o sea, aves del orden ratites) destacan en el atletismo.

Puesto que cada familia de aves cuenta con ventaja en una de las partes del triavetlón, se realizan tres rondas a lo largo de tres semanas donde se rota el punto de inicio para tratar de equilibrar esta situación.

No solo para equilibrar sus naturalezas, también para evitar las trampas. Bueno, o triquiñuelas no demasiado deportivas, pero que no llegan a ser violaciones del reglamento. El ejemplo más claro es el truco de las pingüinas.

Vamos por partes, durante el descenso en ala delta algo puede ir mal y en estos casos el protocolo dicta que la competidora puede lanzarse al agua, nadar hasta las boyas y seguir con la parte de la natación. En teoría, esto es un inconveniente porque resulta mucho más fatigante nadar que descender en ala delta. Sin embargo, para las pingüinas no es así.

Lo que hacían las pingüinas al principio, muy espabiladas ellas, era que de vez en cuando fingían o provocaban algún problema en su material para tener un motivo justificable/do para lanzarse al agua y así alargar el tiempo que estarían nadando. “Oh, vaya, un fallo técnico, tendré que saltar al agua antes de tiempo, que lástima”. Así eludían el ala delta que no se les da demasiado bien… Muchas veces compensaban su media de tiempo gracias a estos “accidentes”.

No es que fueran sutiles, pero tampoco se podía demostrar nada así que, al menos, si cada vez el punto de inicio del triavetlón variaba, las otras competidoras tenían la oportunidad de compensar los tiempos con sus propias estratagemas… Bueno, estrategias.

En fin, teniendo todo esto en cuenta, ¿dónde quedan las Anátidas? Es decir, aquellas aves cuyas antepasadas tanto podían volar como nadar. Pues curiosamente, durante mucho tiempo, las Anátidas tenían prohibido participar en el triavetlón porque se consideraba que contaban con una ventaja bilógica injusta.

No fue hasta hace bien poquito que las científicas demostraron que no existía tal supuesta ventaja innata y por eso se empezó a permitir a las Anátidas participar: patas, cisnes, ocas, etc.

No obstante, a pesar de verse que no cuentan con ningún don especial, más tratándose de un nivel de competición de elite, mucha gente sigue pensando que es algo injusto que ellas participen. Por esto mismo tratan de boicotear a estas deportistas que intentan abrir el camino para las nuevas generaciones.

(Recordemos que este año la revista British Journal of Sports Medicine ha publicado un estudio pionero donde se habla de cómo y por qué las mujeres trans no tienen ventajas en el rendimiento)

El contexto es importante puesto que las dos protagonistas de nuestra historia son dos de estas deportistas Anátidas pioneras en el triavetlón: Errekamari Leda Liguria, a quien a veces llamaremos Mari; y Matilda Gilbert Rosa, a quien a veces llamaremos Mati. Una cisne y una pata respectivamente.

(Errekamari en referencia a las Lamias vascas,

Leda porque fue la mujer que tuvo que “lidiar con Zeus” disfrazado de cisne,

Cicno, Cygnus o Cigno fue el rey de Liguria transformado en cisne y luego en constelación,

Y, en lo que respecta a Matilda, luego veremos…)

En fin, como Mari y Mati son nombres muy similares, la gente muchas veces se refiere a ellas por los sobrenombres que les ha puesta la prensa deportiva: La cisne gris y La patita fea.

Errekamari Leda Liguria, La cisne gris.

Mari es mitad cisne muda, es decir, blanca, y mitad cisne negra (Cygnus olor y Cygnus atratus).

Errekamari tiene la mitad del cuerpo con el plumaje negro y la otra mitad con el plumaje blanco. Así pues, no es que sea gris, pero siendo la unión de sus dos colores el gris, por eso la gente la bautizó con dicho sobrenombre.

Mari es la primera Anátida en competir en el triavetlón. Ella ha sido una inspiración para muchas aves jóvenes porque, no solo domina el deporte, también es la reina fuera de la pista: es carismática, tiene facilidad de palabra, cae bien a todo el mundo, etc.

Está claro que si alguien tenía que romper con el tabú de las Anátidas en el triavetlón tenía que ser una ave como ella, una estrella capaz de ganarse el corazón de todas. Porque a alguien como ella se le perdona cualquier cosa, incluso algo con lo que no eligió nacer.

Si todas las Anátidas fueran como ella no habría ningún problema, pero la realidad es mucho más cruda puesto que no todas pueden tener una personalidad tan magnética como La cisne gris. Es irónico que Mari quisiera dar buena imagen para abrir el camino, pero lo único que consiguió fue crear un listón tan alto que las que vienen detrás de ella lo van a tener muy difícil para que el público las acepte. Ya ni siquiera que las quieran o las apoyen, solo que las acepten.

Este es el caso de la segunda protagonista y también la segunda deportista Anátida de la historia en participar en el triavetlón.

Matilda Gilbert Rosa, La patita fea.

Matilda o Mati es una pata de Jamaica o malvasía de Jamaica (Oxyura jamaicensis).

Matilda vendría a ser la otra cara de la moneda. Si Errekamari es alta, esbelta y cae bien a todas, como una cisne salida de un cuento de hadas; Mati es la patita fea: más baja, con las patas cortas, espaldas anchas, y un carácter fuerte que puede ahuyentar a la personas a su alrededor. Así pues, no es solo por el físico, también es su personalidad lo que la hace la opuesta de Errekamari y por lo que el público la llama patita fea.

Mati ha crecido siguiendo la trayectoria de La cisne gris. Tampoco es que haya tanta diferencia de edad entre las dos, lo que sucede es que Errekamari es una prodigio que empezó a competir des de muy joven. Ha sido una figura pública des de que era una polluela, pero solo es un poco mayor que Matilda.

Tanto una como la otra, cada una con su físico particular, han encontrado las herramientas necesarias para destacar en el triavetlón a su manera única. Brillan con luz propia, como suele decirse. Eso sí, Errekamari es una figura consagrada en el mundo del triavetlón mientras que Matilda es la joven promesa, la aspirante al título de campeona.

Por todo esto es que hay tanta expectación en esta edición, no solo porque será la primera vez que La cisne gris y La patita fea se enfrenten, también porque es la primera que dos Anátidas compiten en el triavetlón. ¡Se trata de un hito sin precedentes! El mundo y ellas mismas están ansiosas por ver quien reclama el título este año.

Capítulo 1

Hoy, a una semana de empezar el triavetlón, es cuando las competidoras comienzan a llegar a la isla… Ya sabéis, hay que entrenar en el terreno, dar ruedas de prensa, cosas de deportistas.

Aun así, aunque no lo parezca, no todo lo que conlleva el triavetlón es positivo para la isla. Aprovechando la cantidad de gente yendo y viniendo por el evento, se organizan una cornucopia de negocios ilegales a su alrededor. De hecho, literalmente se montan a su alrededor porque las casas de juegos y demás parafernalia turbia se encuentran en barcos que navegan rodeando la isla. La flota se conecta con puentes, cuerdas, cualquier cosa, y aquello acaba pareciendo toda una ciudad del crimen flotante. Eso sí, siempre a bastante distancia del puerto de la isla, el puerto de la Ricarda, para que sean aguas internacionales, allí donde no hay ley.

Una se preguntaría, ¿y por qué no le ponen solución a esto? Fácil, porque trae dinero. Por cierto, aquí la moneda en uso es el Tenerife.

(El nombre viene dado por un estudio realizado en un centro de investigación en Tenerife que demostró que los loros pueden «aprender el valor del dinero», dicho rápido y mal)

Por suerte para nosotras existe una heroína, una vigilante nocturna, que vela por la seguridad de todas y no dejará que los malos se salgan con la suya: Or Lambda.

OR LAMBDA.

(Or, de oro, puesto que el símbolo del oro en la tabla periódica es Au, o sea, ave en catalán. Lambda por la asociación Casal Lambda, entidad para la normalización del colectivo LGBTIQ+. Y todo junto, es decir, leído como “Or-Lambda”, porque sonoramente recuerda a «Orlando», la novela de Virginia Woolf que trata de un hombre que despierta un día convertido en mujer.)

Cada noche, después de un duro entrenamiento, Errekamari se embute en su traje de heroína y vuela hasta las embarcaciones clandestinas para darles su merecido. Pero, ¿cómo? ¿Volando? Si las aves ya no podían volar, ¿no? Bien, en general es así, pero de vez en cuando nacen excepciones como es el caso de Mari.

En este mundo de pájaros con los pies en la tierra, que La cisne gris pueda volar es el equivalente a tener superpoderes. Si es que tiene que ser perfecta y una prodigio incluso en esto… Por no mencionar que, siendo una deportista de elite, imagináis lo en forma que debe estar para ir repartiendo leña: ¡BUM, PAM, POM!

La ropa de Or Lambda es colorida, brillante, usa plataformas bien altas y se pone peluca para coronarlo todo. Tanto puede patear culos de maleantes como ser la estrella de un espectáculo cabaretero Drag. ¡Reina!

Eso sí, lo más importante es que la ropa debe cubrirle todas las plumas para que nadie vea su coloración tan característica de mitad y mitad. Su vida correría peligro si la gente descubriera a lo que se dedica La cisne gris por las noches.

Las únicas plumas que deja al aire son las de las alas, para poder volar, pero estas las pinta con espray de color dorado para que nadie pueda ver que son una de cada color. Por culpa del espray tiene que ducharse cada mañana para quitarse los restos de pintura / tinte antes de los entrenamientos y esto ha hecho que se gane fama de ser muy limpia y pulcra entre sus compañeras del triavetlón.

En fin, el caso es que esta va a ser la primera noche que Or Lambda salga a patrullar alrededor de la isla este año… Y antes de que os lo preguntéis: No, nadie puede atar cabos y saber quién es porque, como hemos dicho antes, viene y va tanta gente durante el triavetlón que es imposible descartar a nadie solo por estar en la isla durante este periodo de tiempo. Menos aún si es una de las deportistas puesto que la gente da por hecho que son las más ocupadas y, por tanto, las que menos tiempo tendrán para hacer estas actividades noctámbulas.

Como siempre, Or Lambda sobrevuela la ciudad flotante pacientemente, con calma, y cuando ve algo que le parece intolerable desciende. En esta ocasión lo que ha visto es una de las prácticas más habituales en estos barcos: Las peleas de gallos. Los gallos luchan a muerte y, cuando todo termina, las buitres se encargan de eliminar las pruebas. Las buitres son uno de los motivos por los que es tan difícil perseguir estas peleas, porque no dejan ningún rastro.

Las quebrantahuesos comen los huesos y el tuétano, las buitres negras el tejido muscular y las buitres leonadas devoran las vísceras. No se desperdicia nada, tienen el negocio bien montado.

Or Lambda aterriza en medio de la arena y lo primero que hace es noquear a los dos gallos para dejarles inconscientes. Por mucho que su intención sea salvarles, sabe que los gallos la atacarán si tienen oportunidad porque, de no hacerlo, de no seguir pegándose, entonces les matarán a ambos. Or Lambda suele intervenir cuando el combate lleva un rato por lo que tampoco le resulta especialmente difícil detener a los dos gallos que ya están prácticamente para el arrastre.

A continuación, toca encargarse del público. Al principio de que Or Lambda actuara todas se quedaban boquiabiertas al ver un ave voladora y eso le daba a la heroína cierto margen de reacción, pero a día de hoy, hace mucho que perdió el factor sorpresa. Por eso el público se le vuelca encima como una avalancha y Or Lambda tiene que lidiar con cada una de ellas.

Una, otra, y otra. Golpea y patea como de costumbre, como ha hecho siempre o como cree que tendrá que hacer siempre. Sin embargo, esta noche hay algo distinto, sucede algo distinto, mejor dicho. De repente, mientras sigue luchando, escucha un sonido de fondo, una, un par de veces, pero no puede permitirse ni un segundo para mirar de que se trata. Es el sonido de un látigo.

Cuando una de las atacantes está a punto de darle un puñetazo a Or Lambda (o un alazo, no sé), un látigo le da en la garganta haciendo que pierda la consciencia. Or Lambda, ahora sí, mira en la dirección des de donde vino ese latigazo y lo que ve…

Este año parece haber una segunda justiciera enmascarada que ronda por las noches las aguas circundantes / que circundan el puerto de La Ricarda. Una segunda ave voladora.

PLATYPUSSY

(Platy por el parecido a plata, en honor a La cisne gris, claro, y puss o pussy porque… Bueno, porque Mati maneja este tipo de humor. Platypussy, todo junto, porque se asemeja a “Platypus”, o sea, ornitorrinca, el animal favorito de La patita fea)

Su estética es distinta a la de Or Lambda, Platypussy viste ropa de cuero, con pinchos, cadenas, plataformas también, y lleva un látigo (bastante BDSM, la verdad). Digamos que, si Or Lambda podría ser la estrella de un espectáculo cabaretero Drag Queen, Platypussy sería la estrella de un espectáculo cabaretero Drag King.

(Ambas muy al estilo Shade / Darkveil / Darnell Wade, la súper heroína Drag Queen de Marvel)

Or Lambda la ve y Platypussy le devuelve la mirada, no sabría decirse cuál de las dos está más sorprendida, pero lo que es innegable es que ha sido una sorpresa feliz para ambas. Juntas terminan de apalizar a todas las presentes en el barco y, cuando por fin tienen un momento para hablar, se presentan como es debido.

-Or Lambda.

-Platypussy.

Y un apretón de manos.

PLATYPUSSY: Bueno, ¿qué sueles hacer en estos casos?

OR LAMBDA: Subo los gallos heridos a una de las balsas de emergencia, enciendo el motor para que vaya directa al puerto y me largo al siguiente barco.

PLATYPUSSY: ¿Y ya está? ¿Qué pasa con todas ellas? –extiende los brazos y señala a su alrededor–. ¿Van a irse de rositas sin más?

OR LAMBDA: Yo tampoco diría de rositas, que les hemos dado una buena tunda entre las dos. Pero lo que se merezcan no es lo que me importa, yo solo pienso en que el tiempo que me detengo puede costarle la vida a otras aves que están ahora mismo en las otras cubiertas.

PLATYPUSSY: Visto así, tiene sentido. –Hace una leve reverencia y extiende el brazo-. Después de usted, Or Lambda. – Or Lambda le devuelve la reverencia y añade…

OR LAMBDA: Será un placer, Platypussy.

Entre las vestimentas estrafalarias de súper heroínas, que casi no habían hablado entre ellas y que durante el triavetlón mucha gente nueva llega a la isla, es natural que Or Lambda, es decir, Errekamari, no haya reconocido a Platypussy como Matilda, La patita fea, y viceversa. De la misma manera que no se han reconocido entre ellas, también es natural por los mismos motivos que las mafiosas de la ciudad flotante tampoco logren descifrar el enigma.

El primer encuentro de Or Lambda y Platypussy ha sido un éxito, han establecido una conexión inmediata, pero ¿cómo les irá a Matilda y a Errekamari?

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