Lo admito…soy una obsesiva de la limpieza y el orden. Usted ya lo sabe se lo comenté en varias oportunidades. Me provoca un enorme rechazo que las cosas estén desordenadas, que haya polvo en muebles o telarañas en los techos. Paso largas horas del día destinadas a lograr que todo brille y reluzca, es un esfuerzo que para mí tiene su recompensa. Mi casa es de tres ambientes, con un pequeño patio y sin jardín, es la misma en la que nací y me crie de pequeña, pero mi pulcritud marca la diferencia. Vivo sola y tranquila, obviamente sin mascotas. Lo admito…soy algo exagerada, mi forma de ser y personalidad sería un problema para muchos, pero para mí es la diferencia entre el orden y el caos total. Sin gérmenes soy feliz o creo serlo.
Uno pensaría que este hábito es nocivo o desmesurado, un acto sin razón alguna, solo limpiar, pero para mí la vida cobra sentido desde el orden y la limpieza diaria. No es una simple rutina, es una forma de vida, pero procuro no llevarlo al extremo. Por ejemplo en mi trabajo, en mi convivencia con otros o cuando voy al médico, ingreso a un negocio o estoy de visita en el hogar de un conocido o familiar. Todos me odiarían, no podría estar hoy acá, tendría pocos amigos y mis familiares se alejarían, me resultaría dificultoso hacer trámites, compras o trabajar. Por todo ello, hago un gran esfuerzo en limitar mi actitud a mi pequeño mundo: Mi casa.
Esta actitud que muchos odiarían, en mi caso me salvó la vida, sabe?. Resulta algo extraño no?, pero es así, créame!…Hace un tiempo estaba triste, muy triste…no le encontraba sentido alguno a la vida, solo me conectaba con el mundo en modo automático. Me sentía vacía, todo lo que hacía no me resultaba gratificante, ni ordenar o limpiar, visitar queridos familiares, salir con amigos entrañables o incluso ir a la peluquería…pero todo me afectaba en cierto modo, me hacía llorar: una mediocre telenovela turca, un gatito que deambulaba solo por la calle una noche fría, gente buscando algo que comer en un cesto de basura o simplemente recordar el pasado, mi historia personal, mi pasado.
Algo ocurrió,…un día como otros, ordenando y limpiando como suelo hacer cotidianamente, saco unas cajas de un baúl que tengo en un altillo y pasando el plumero encuentro varias cartas y fotografías unidas por un fino lienzo de seda. De todas ellas, una imagen captó mi atención inmediata. Se trataba de una captura familiar donde aparecía mi padre, una mujer y una niña que no conocía –o creía no conocer- con un bello paisaje de fondo. Detrás tenía escrito con trazo firme y claro: recuerdos de Calamuchita, Córdoba, verano del 78”. Me quedé un rato observando el retrato, mostraba rostros felices, personas distendidas y abrazadas con amor fraternal. Hacía el esfuerzo por unir esas caras con mis recuerdos familiares y no los encontraba…raro no?.
Dejo la caja apoyada en una mesa y comienzo a leer las cartas, en búsqueda de algo de información. Una de ellas describía con algo de pasión el vínculo entre mi padre y una señora joven de nombre Ana….que aparecía como “Anita” o “Any” en varios pasajes. Las cartas se fechaban entre 1975 y 1981. La niña que mencioné antes se llamaba Esmeralda y habría nacido en 1972/73. Especulo por su altura y contextura física en la fotografía de 1978, en ese momento sería una niña de cinco o seis años aparentemente. Se refería a ella con mucho amor….y siempre finalizaba las cartas con un: Hasta pronto….las quiere mucho!!! Ernesto (mi padre).
La intriga me carcomía…la ansiedad me superaba. Llamé a una tía y nada, llamo luego a una prima y llamativamente estaba totalmente desmemoriada….intuía una especie de pacto de silencio familiar. Se me ocurrió en ese momento acercarme a una vecina que vivía a dos casas de la mía…una amable anciana que parecía haber nacido con el barrio mismo y cuya mayor preocupación eran sus plantas y sus gatos. La señora Josefa Angélica de Martínez…pobre no me acuerdo su apellido de soltera, pero el de Martínez era como su marca de pertenencia patriarcal, una especie de sello odioso de la época, vió?…Pero no nos desviemos de la charla, le pido disculpas. Me acerco y me invita a tomar unos mates con bizcochos recién horneados…entre mates, conversaciones triviales junto a una molesta y persistente presencia gatuna me afirma que para ella la señora de la fotografía vivía cerca de mi vivienda. Me afirma que se parecía mucho a la hija de una costurera viuda muy amiga de ella en la juventud.
Recuerdo en esos momentos que mi madre tenía un pequeño taller en el fondo donde bordaba a pedido prendas familiares y hacia algunas confecciones sencillas como delantales, guardapolvos, etc. Le agradezco la información a Josefa y esquivando los gatos vuelvo a paso rápido a mi domicilio en búsqueda de más datos. Mi desesperación era total…el llanto me invadía y pensaba posibles historias y escenarios de ese vínculo…y si esa niña era una hermana no reconocida formalmente?…y si esa señora era una amante de mi padre que me oculto por años?…mi madre habrá sabido algo antes de morir de esta historia?…las opciones eran muy variadas y todas posibles.
Le sigo relatando, procuro tranquilizarme y me voy a fumar al patio. Meditando bajo la parra recuerdo que jugaba con una niña que venía con una señora que trabajaba con mi mamá en el taller…Retomo la búsqueda y encuentro fotografías previas de mi papá en la fábrica con sus amigos y otra en un cumpleaños donde estaban mis padres muy jóvenes, con la señora Ana, una beba y uno de sus compañeros de trabajo…todos muy juntos cerca de una torta…detrás figuraba escrito: Primer añito de Esmeralda, Junio de 1973. Las piezas se van juntando y la información la voy recolectando de a poco pero a paso firme vió?…a esa altura la confusión continuaba pero el rompecabezas iba tomando forma.
Yo, por mi estado emocional, como ud. conoce al detalle,…no paraba de fumar y la cabeza me volaba. Sin querer este tema me absorbía todo el tiempo y me alejaba de mis preocupaciones personales…parece extraño pero me daba una motivación para vivir…Ud. debe pensar que estoy medio loca, pero es así!!!. Con algo de temor, tomo la decisión de ir a recorrer la calle que me había dicho la señora Josefa para indagar algo sobre esta familia. Caminando por la zona, llego a la zona en cuestión y pregunto en un viejo almacén de barrio por una costurera…allí me indican una vivienda pero me advierten que ya no hace pedidos por su avanzada edad. Voy a paso seguro llena de preguntas…toco el timbre y sale una muchacha de mi edad…le digo con vos temblorosa: Esmeralda?…si me dice…te conozco!!!…le digo más aturdida aún: éramos amiguitas hace muchos años y jugábamos en mi casa cuando tu mamá trabajaba en el taller con mi mamá.
Ahora las preguntas y la cara de asombro eran de ella…al poco rato recordó…me abrazó y me invitó con calidez a ingresar a su casa…claro!!! vos sos la hija de Ernesto…(menos mal que no dijo sos mi hermana!!!…era un buen comienzo pensé ingenuamente en ese momento, pero nada me anticipaba lo que me esperaba). Al ingresar veo que la madre está sentada en una mecedora, como ida…en otro mundo y muy anciana. Preparo unos mates me dijo y charlamos…te parece?…dale, le digo, mientras caminaba y observaba con algo de bronca disimulada y contenida los retratos de la casa procurando encontrar alguno con mi padre, anticipando y ensayando además mi posible reacción. Encuentro uno…Mi papá, muy joven, abrazado con el señor del cumpleaños con unas cañas de pescar a orillas de un rio. Me reservé la pregunta para la ocasión ideal.
Me relajo y comenzamos a charlar de nuestras vivencias y juegos de niñas inocentes, de nuestras vidas escolares y noches apasionadas de adolescentes…de los tragos amargos y los dulces de la vida, como de los arrebatos y las caricias de la adultez. En un momento de silencio…tomo coraje y le digo: y esta foto?…es mi papá con el tuyo –me dice con naturalidad y ternura-…eran muy amigos…me afirma con algo de melancolía en su voz. Ahhhhh…mira vos –le respondo-, claro yo tengo una fotografía de tu primer cumpleaños y otra de ellos en el trabajo.
Me comenta luego, es así…,con un tono amargo y vos temblorosa, continua su relato: ellos se conocían de hace mucho tiempo…de la niñez acá en Olavarría, él era delegado y fueron muy amigos hasta que la dictadura se lo llevó de la fábrica a mi papá el 12 de septiembre de 1977 y nunca más lo vi -percibo lágrimas en su rostro-. Desde ese momento, me dice, tu papá…para mí era: el Tío Ernesto, nos cuidó mucho!!!…Yo fui a su funeral y lloré a tu lado…pero no te debés acordar…fueron momentos duros de nuestras vidas. No pude contener las lágrimas…la abrace fuerte…ella no entendía nada, pero para mí todo tenía sentido.
Sabe por qué le digo que esa fotografía me salvó?…no solo porque me alejó por un tiempo de mis preocupaciones existenciales…sino porque cerré un capítulo triste y oscuro de mi vida y abrí otro que resultó muy luminoso y bello….retomamos nuestro antiguo vínculo…éramos nuevamente amigas. No sé si mi padre fue algo más que un simple tío…quizás un cariñoso padrastro de Esmeralda…o un apasionado amante de su mamá…no lo sé, sinceramente ni lo quiero saber…no me aporta nada…en absoluto. Solo sé que mi padre actuó como cualquier amigo lo hubiese hecho en ese momento
Otras cartas que ella me mostró luego confirmaban mi presunción…su gran amigo desaparecido, era el padre de Esmeralda, mi amiga de la infancia, y él las cuidaría en su trágica ausencia. En su memoria mi viejo las cobijaría como si fueran de su propia sangre. Esa fotografía me salvó le digo…devolvió sentido a mi vida, me dio otra forma de ver, de sentir y percibir todo a mi alrededor…quizás él quería que la encontrara…Yo por lo pronto le comento que hay que repasar un poco acá los muebles del consultorio con franela y un buen lustrador.
Gracias doctor…cuanto le debo por la sesión de hoy?.
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