Fuego y lluvia

Fuego y lluvia

DaelBeek

26/03/2026

¿El fuego puede coexistir en el mismo espacio que el agua? Reis decía que sí, que los elementos siempre están presentes en nuestro entorno; aunque no los apreciemos a simple vista, sus partículas siempre están en una danza constante para formar un equilibrio natural.

Mi tarea como joven Elarian era invocar el fuego en medio de esta lluvia torrencial, cosa que creía poco probable, sino es que imposible.

Las frías gotas me empapaban la espalda y se infiltraban silenciosas a través de mi ropa, no transcurrió mucho tiempo para que me encontrara completamente mojado. El pelo se me pegaba al rostro, mis manos comenzaron a tiritar debido al frío.

—Esto es inhumano.

Le reclamé a mi maestro, dedicándole una mirada asesina.

—Ya no eres del todo humano, Micah —respondió, su barba crespa cubría gran parte de su boca, pero supe que trataba de disimular una sonrisilla—. Recuerda lo que has practicado; el calor, la luz, la energía.

Era difícil concentrarse en esas cosas cuando tu cuerpo suplicaba por un techo y un refugio caliente. Tenía que lograrlo de alguna forma o terminaría muerto por hipotermia.

Lancé un suspiro desde el fondo de mis pulmones, cerré los ojos y traté de concentrarme en la imagen del fuego que había creado en mi mente. Una llama, pequeña y poderosa; evoqué la sensación hirviente en mi mano. Luego, apagué el sonido de la lluvia, perdí el interés del frío sobre mi piel. 

Mis músculos no se estremecen, soy un ser que desaparece entre la infinidad de moléculas repartidas en este instante.

Entonces, apareció Auryn. Su presencia es paragón a un destello multicolor en la oscuridad. Reconocí ya su llamado y yo la invité a fusionarse conmigo.

Ahí estaba, la primera llama. Apenas un chasquido, pero la sentí en mi palma. Cerré mis ojos con más fuerza aún y dirigí todos mis sentidos a esa efímera llama.

Una vez más apareció, pero no la dejé ir, le pedí quedarse. La alimenté con afecto, le brindé un lugar para germinar y crecer con libertad.

De pronto, abrí los ojos y frente a mí una llama extensa de fuego apareció. Danzaba, sin embargo, no se dejaba vencer por la lluvia. Cuando volví a pensar en el agua, el fuego se esfumó.

Permanecí callado, rumiando lo que acababa de suceder. Solo deseé experimentar una vez más esa sensación tan fascinante en la palma de mi mano.

—De nuevo. —musité, sonriendo con una ferviente emoción burbujeando en mi pecho.

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