Cuento para dormir

Cuento para dormir

DaelBeek

25/03/2026

Había una vez una estrella ambulante que navegaba libre por la bóveda celeste. No poseía deseo alguno más que recorrer la tierra de los humanos. El polvo cósmico la guiaba y en su espalda cargaba un centenar de preciosos diamantes pequeños.

Micah se estremeció cuando Víctor suspiró cerca de su cuello. Las cosquillas hicieron sonrojar sus mejillas hasta las orejas. Luego de recuperar el aliento, continuó:

En una noche sin luna, las ciudades se colmaron de puntos luminosos para alumbrar las calles. Y sentado en el marco de una ventana, un muchacho de cabellos de oro se encontraba. Sus ojos, tan amarillos y cálidos como el sol mismo, miraban con atención el cielo. La estrella ambulante quedó inmediatamente enamorada del muchacho.

Micah se detuvo una vez más, pues el sueño ya había cerrado los ojos del vampiro. Entonces, se tomó la libertad de robarle unos segundos al tiempo para admirar la ternura y belleza de Víctor. Le gustaba su carita, la forma en cómo sus cuerpos encajaban iguales a dos piezas de rompecabezas. Le gustaba el calor que compartían, la seguridad y tranquilidad que reinaba en ese momento tan simple pero maravilloso.

La estrella no dudó y bajó del cielo para unir su hilo rojo con el de aquél hermoso joven; despojándose de su vestidura celestial, iluminó con fulgor el alma del joven y estalló en lágrimas bondadosas para curar todas sus heridas. Desde ese instante, la estrella ambulante y el muchacho dorado permanecieron juntos una eternidad.

Micha terminó la historia en un susurro. Abrazó a Víctor con fuerza para no soltarle, para comprobar que no estaba soñando. Luego enterró el rostro en su cuello y se dejó llevar por el perfume de su cuerpo.

Desde ese momento, Micah supo que odiaría todas las noches que pasaría solo. Las noches donde la soledad sería su única compañía y el anhelo del calor de Víctor le perforaría el pecho en cada respirar.

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