“Había una vez una estrella ambulante que navegaba libre por la bóveda celeste. No poseía deseo alguno más que recorrer la tierra de los humanos. El polvo cósmico la guiaba y en su espalda cargaba un centenar de preciosos diamantes pequeños.” Micah se estremeció cuando Víctor suspiró cerca de su cuello. Las cosquillas hicieron sonrojar...
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