Una semana antes empezó a despedirse con gestos y palabras de amor. Me daba besos, abrazos, me decía lo mucho que me amaba. Mi sexto sentido de madre prendió las alarmas, pues tenía comportamientos que no solía tener, a pesar de haber sido siempre un hijo amoroso. Un día me llevó el desayuno a la cama y me dijo que cuando él ya no estuviera, que no lo fuera a llorar, que mejor recordara los momentos bonitos que vivió y que tuvimos, porque a fin de cuentas eso era la vida, un cúmulo de experiencias que nos hacen humanos. Yo le dije que no me siguiera diciendo eso porque me estaba asustando y le di una palmada. Se rió.
El día antes, yo había dejado su ropa organizada de una forma, pero cuando llegué a la casa, estaba ordenada de otra. No había nadie en casa, se habían ido para donde el papá a festejar un cumpleaños. Me recosté en la cama y entrecerré los ojos. Todo el tiempo pensaba en él. Escuché ruidos, sentía una opresión en el pecho, estaba intranquila. Llamé a mi hija a preguntar cómo estaban y les dije que tenían que llegar a sacar un ratón que había en la casa, le pregunté por él y me dijo que estaba bien, que no me preocupara, que apenas terminaran, se iban para la casa. Ese día, mientras estaba en la sala con mi nuera y mi hija conversando, él salió de su habitación y me miró. Su mirada me heló la sangre. Fue cuando supe que se estaba despidiendo. El alma se me desgarró, el corazón dejó de latir por una milésima de segundo y volvió a latir con fuerza para que, finalmente, sintiera como si se partiera en pedacitos. Sentí un vacío que no logro explicar todavía. Quise deshacerme de ese sentimiento y me fui para la cocina. Sentí los gritos de mi nuera y cuando llegué, lo vi, tirado en la cama, morado, con la nariz ensangrentada. Supe que estaba muerto, pero en mi corazón de madre albergaba una ínfima esperanza que se desmoronó cuando en el hospital me dijeron: “lo siento mucho, señora, no pudimos hacer nada por él”.Ha pasado una semana. Trato de no llorarlo porque eso fue lo que me pidió, pero ¿cómo puede una madre olvidar la mirada de amor, compasión y tristeza que le da su hijo antes de morir? Díganme cómo porque yo no soy capaz.
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