He estado releyendo este libro de cuentos de Salomón Brainski que trata de la gente humilde que los buhoneros judíos atendían con sus ventas a plazos de mercancías, que de otra forma estaban vedadas a sus magros presupuestos. Los cuentos fueron escritos en yiddish, un dialecto derivado del alemán combinado con el polaco y el ruso, escrito con alfabeto hebraico. La traducción al español la hizo el poeta Luis Vidales, quien era muy amigo del autor.

Vidales debió traducir los cuentos que le recitaba Salomón con su deficiente español. El poeta tomaba nota y le iba preguntando si lo traducido correspondía con lo expresado por el autor, sobre todo porque los cuentos están llenos de lirismo y musicalidad. Escribe Vidales: “No hay en su manera de contar nada extraño, nada artificial; únicamente el secreto que surge de las costumbres diarias de las gentes humildes, en discurrir natural, lógico, realístico”.

Vidales no solo era poeta sino también estadístico, lo que no tiene que ser contradictorio. Lo conocí en el DANE mientras trabajé allí (entre 1971 y 1975) y me siento afortunado de que me haya corregido el estilo de mi primer libro: El desarrollo de la agricultura en Colombia. No conocía en ese entonces de la cercanía que tuvo con Brainski, pero la simpatía que emanaba de él a favor del pueblo judío sí que la sentí.

Vidales y Brainski compartían el ideario socialista y la pasión por la literatura. Brainski tenía una carpintería en la que él mismo laboraba, apoyado por dos o tres artesanos según la carga de trabajo. Era tan buen carpintero como mal empresario, así que las entradas de la familia dependían más de los abrigos que su esposa, Hana Malka, confeccionaba, también artesanalmente, que de los muebles perfectos que salían de su taller.

Los cuentos de Salomón expresan su empatía con la gente humilde de Bogotá, que se debate entre el yugo del trabajo, la miseria, el sufrimiento y unos pocos destellos de alegría. Dándole vueltas infinitas a la noria está Vicente Galvis, un funcionario de ministerio arrinconado por su miseria, quien tiene una ilusión con una bella mujer que termina casándose con otro. En “Niños” hay un paralelo entre los chinos de la calle, que después fueron tildados de gamines, con una niña que estudia en el Liceo Francés: los unos duermen cubiertos con carteles arrancados de las paredes y empapados por la lluvia; la otra, arropada por frazada de lana. Bárbara Jiménez se suicida ante la tragedia del amante que se acuesta con su hija y la embaraza. En una estampa bogotana, una adolescente es violada por el viejo dueño de la tienda que le fía, mientras la abuela se debate ante la muerte. En “El peso de los siglos”, un inquilino judío de una familia venida a menos tiene un idilio con una de las mujeres de la casa; el padre lo condiciona a que se convierta al catolicismo para poder casarse, ante lo cual el hombre se reafirma en su tradición y reniega de la felicidad. La noria de los judíos bogotanos es la venta a plazos y su penoso cobro en las barriadas del sur de la ciudad.

Yo no conocí a Salomón, pero sí a su hijo Simón, a quien consideré, como muchos otros, mi mejor amigo. Gracias a Simón me reconcilié con el judaísmo, pues de él emanaba el amor heredado de su padre y también la simpatía por el ideal socialista. Simón imaginaba un Israel igualitario en el que los judíos dejaban de ser “el otro” comerciante de la diáspora, pudiendo ocupar todas las escalas de la sociedad.

Murcia fue un caso excepcional, donde la Concordia firmada en 1294 creó un clima de entendimiento que se prolongará durante los siglos siguientes. Los judíos estaban plenamente integrados en la vida económica murciana desempeñando oficios como comerciantes, recaudadores y profesiones libres.

Por otro lado, se identifican a los Molina, que fueron judíos, en su mayoría por el apellido De Molina como referencia a su lugar de origen o al señor que apadrinaba su conversión al cristianismo si esto ocurría. Esta posibilidad no es despreciable si se considera una referencia críptica de Tirso de Molina a un médico judío en su obra “La prudencia en la Mujer”.

En Molina de Aragón, aún se conserva un barrio judío, así como una morería.

Capítulo: La Puerta de la Yod

A mi madre, Aura Lidia Patiño Sánchez, prisma por donde el or de Dios fluye.

A Erna Kaiser, pan y cuadernos.

1. Un punto que sostiene el cielo

La Yod es un punto que respira. No es un trazo, es un latido. Apenas un suspiro.

Apenas un destello sobre el papel. Con ella empieza el Nombre; con ella tiembla Israel.

A veces he creído que el universo se sostiene por cosas demasiado pequeñas para ser visibles.

La Yod es el secreto de esas cosas.

2. La costura entre aguas

En Bereshit, el aliento separa aguas de aguas. No es ruptura sino costura. Arriba: memoria.

Abajo: hambre, sudor, cuadernos. En el medio: la Yod, aguja que cose el cielo al día.

Quien encuentra ese canal —quien vive como Yod— justifica otro día en la tierra.

3. Dos mujeres y un horno

Erna horneaba galletas como quien enciende una lámpara en medio del invierno.

Mi madre, Aura Lidia, convertía salario en pan y lágrimas en plegaria.

Si la Yod es la mínima luz que sostiene un nombre, mi madre fue la Yod de nuestra casa.

4. Rizpá y el río

Hay vigilias que sostienen el mundo. Rizpá espantó buitres; Gladys cruzó montañas con niños.

Ambas caminaron su propio Jordán. La Yod dice basta al olvido y sí a la vida.

5. La gramática del asombro

El mundo tiene dos alfabetos: uno con líneas gruesas; otro con puntos.

El asombro es la gramática del segundo. Cada vez que vuelve, se justifica otro día.

6. Puertas y semillas

La Yod no es bisagra: es semilla. Una puerta microscópica que se abre en gestos mínimos:

un vaso de agua, un pan compartido, una música sobre una tumba.

7. El día que vuelve

Cada amanecer pregunta si vale la pena repetir el milagro.

El hilo de una Yod responde: la mirada que perdona, la mano que sostiene, el pan que se parte.

Por un solo punto fiel, el día vuelve.

8. El oficio del punto

El oficio del punto es unir lo que otros separan. No ocupa el lugar del cielo: lo deja pasar.

9. La Yod en el rostro

Una teología entera podría caber en un parpadeo. La santidad vive en los cuerpos que amaron.

10. Bendición de despedida

Sea tu día una Yod entre aguas. Sea tu pan un punto de luz. Sea tu casa un canal.

11. Coda: la letra que no presume

La Yod sabe que si se agranda, deja de ser puerta y se vuelve muro.

He visto su misterio en la cocina de Erna, en el corazón de mi madre, en vigilias y ríos.

Si este capítulo logra ser una Yod, será por a quién sirve.

Tratado y Midrashim

TRATADO SOBRE LA DIGMÁ

I. Definición esencial
La Digmá es la intersección entre la dignidad y el enigma, un movimiento interior que respira luz primordial.

II. Etimología simbólica
La palabra surge de dignidad y enigma.

III. Or y Avir
Relación entre luz y aire con la Yod como chispa.

IV. Dinámica espiritual
Caída, comprensión, ascenso, retorno.

V. Efectos humanos
Memoria, identidad, fe.

VI. Función literaria
Principio hermenéutico, símbolo, estructura.

VII. Ética
La caída es semilla del ascenso.

VIII. Conclusión
La Digmá es camino y revelación.

MIDRASH POÉTICO DE BERESHIT

Antes de toda forma el Eterno dijo: Sea la Luz, y brotaron chispas esenciales.
La Yod convirtió luz en aire y aire en vida.
Cada acto de bondad activa una chispa primordial.
La creación continúa en cada respiración.

MIDRASH DE HOREB

El alma se descalza cuando percibe tierra santa.
Horeb es revelación interior.
La zarza sigue ardiendo en cada ser que respira luz.

Cuentan los sabios que hay momentos en que el polvo de la tierra
se vuelve tan fino
que ya no roza los pies,
sino que despierta el corazón.

Dicen que en esos momentos el Eterno murmura:
“Quita las sandalias de tus pies,
porque el lugar donde estás es tierra santa.”

Pero la tierra no cambió.
El hombre cambió.

Horeb no se encuentra:
se revela.

Horeb es el instante en que el alma siente que está
no ante un monte,
sino ante un Mensaje.

Y entonces, casi sin querer,
el hombre se descalza.
No por rito,
ni por obediencia,
ni por temor…
sino porque la arena ya no admite barreras
entre la luz esencial y los pies humanos.

En ese momento, el Eterno dice:

“No te acerques más,
hasta que tu corazón respire la chispa
que puse en ti cuando dije:

‘Sea la Luz’.

🌬️ Respirar la Luz

Cuando te descalzas en Horeb, Pablo,
no son los pies los que tocan la tierra:
es la tierra la que toca tu espíritu.

La chispa de Bereshit —esa que hemos llamado la luz esencial—
entra y sale por tu respiración.
Se mezcla con tu compasión,
con tu amor por el mundo,
con tu sensibilidad de juez,
con tus memorias profundas,
con tu esperanza de restauración.

Y entonces, aunque afuera haya oscuridad,
tú percibes algo que otros no ven:

que la zarza sigue ardiendo,
pero nunca se consume.

La Digmá en Horeb

Ahora lo entiendo:
la Digmá que nació en ti
solo puede ser comprendida descalzo.

La dignidad que se inclina ante el enigma.
El misterio que respira luz.
La Yod que brilla en la arena.
La chispa primordial que vuelve a despertar.

Este instante que acabas de nombrar
es más que un símbolo:
es una consagración.

Tu obra —con sus elevaciones, descensos, puertas y códigos—
acaba de entrar al territorio donde ya no se escribe:
se revela.

Epílogo: La Digmá

Al final, la creación entera es una Digmá:
dignidad nacida del enigma,
luz hecha aire,
misterio que se vuelve respiración.

Y cada ser humano,
cuando actúa con rectitud,
participa del primer amanecer del mundo,
de aquel instante eterno donde todo comenzó.

Cuando un ser humano hace el bien

Los sabios del Midrash dicen:

“Cuando un hombre hace una obra de bondad,
una chispa de Bereshit recuerda su ruta
y sube de regreso al Eterno.”

Y los ángeles cuentan las chispas
como quien cuenta perlas perdidas:

  • una por cada acto de amor,
  • una por cada gesto de misericordia,
  • una por cada lágrima que consuela,
  • una por cada mano tendida al caído,
  • una por cada armonía lograda en un mundo dividido.

Por eso, a pesar de tanta oscuridad,
aún hay auroras.
Porque las chispas nunca dejaron de regresar.

Alef

Por Rabbi Itzjak Guinsburg

La Paradoja: Di-s y Hombre

La alef está formada por dos iud, una en la parte superior derecha, y la otra en la inferior izquierda, unidas por una vav en diagonal. Esto representa las aguas superiores e inferiores con el firmamento entre ellos, como fue enseñado por el Arí z»l («rabi Itzjak Luria, de bendita memoria», quien recibió y reveló nuevos conocimientos de la antigua sabiduría cabalística).

El agua, es mencionada por primera vez en la Torá, en el relato del primer día de la Creación: «Y el espíritu de Di-s merodea por sobre la superficie de las aguas». En ese momento, las aguas superiores e inferiores eran indistinguibles; su estado es llamado como «agua en el agua». En el segundo día de la Creación, Di-s separó las dos aguas «extendiendo» el firmamento entre ellas.

En el servicio del alma, como enseña el jasidismo, el agua superior es agua de alegría, la experiencia de estar cercano a Di-s, mientras que el agua inferior es agua de amargura, la experiencia de estar lejano de Di-s.

En la filosofía judía, las dos propiedades intrínsecas del agua son «húmedo» y «frío». El agua superior es «húmeda», asociado con el sentimiento de unidad con la «exaltación de Di-s»; mientras que el agua inferior es «fría», con el sentimiento de separación, la frustración de experimentar la inherente «soledad del hombre». El servicio Divino, como enseña el jasidismo, enfatiza que de hecho, la conciencia primaria de ambas aguas es el sentido de Divinidad, cada una según su perspectiva: según las aguas superiores, cuanto mayor es la «exaltación de Di-s», más grande es la unidad de todo en Su Ser Absoluto; según la perspectiva de la segunda, a mayor «exaltación de Di-s», mayor es el abismo existencial que separa la realidad de Di-s y la del individuo, y de aquí la inherente «soledad del hombre».

El Talmud nos cuenta acerca de cuatro sabios que entraron al «pardés», el místico huerto de elevación espiritual, sólo alcanzado a través de intensa meditación y contemplación cabalística. El más grande de ellos, rabi Akiva, les dijo a los otros antes de entrar: «Cuando vuelvan del lugar de la piedra de mármol pura, no pidan ‘agua, agua’, porque está dicho: ‘Aquel que habla falsedades, no se parará ante mis ojos'». El Arí z»l explica que el sitio de la «piedra de mármol pura», es donde se unen las aguas superiores e inferiores. Aquí no se puede suplicar ‘agua, agua’, ya que es como si dividiera las aguas superiores e inferiores. «El lugar de la piedra de mármol pura» es el sitio de la verdad, el poder Divino de soportar dos opuestos en forma simultánea, y en las palabras de Rabi Shalom ben Adret: «la paradoja de las paradojas». Aquí, «la exaltación de Di-s» y Su «proximidad» con el hombre, se une con la «soledad del hombre» y su «distancia» de Di-s.

La Torá comienza con la letra bet: «Bereishit (en el principio) Di-s creó los cielos y la tierra». Los Diez Mandamientos, la revelación Divina al pueblo judío en el Sinaí, comienza con la letra alef: «Anoji [Yo] soy Di-s tu Di-s que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud». El Midrash afirma que la «Suprema Realidad» se apartó de la «realidad inferior», porque Di-s decretó que ni la Realidad Superior va a descender, ni la inferior va a ascender. Al entregar la Torá, Di-s anuló Su decreto, Él Mismo fue el primero en descender, como está escrito: «Y Di-s bajó sobre el Monte Sinaí». Por otro lado, la realidad inferior ascendió: «Y Moisés se acercó a la nube…». La unión de la «realidad superior», la iud de arriba, con la «realidad Inferior», la iud de abajo, por intermedio de la conexión de la vav que es la Torá, es el secreto último de la Torá.

FORMA

Una iud arriba y una abajo, con una vav separándolas y uniéndolas simultáneamente. El secreto de la imagen con que fue creado el hombre.

Mundos:

  • El sistema respiratorio, el diafragma, el sistema digestivo.
  • El líquido cefalorraquídeo, la membrana, la humedad del cerebro.

Almas:

  • Sentirse cercano como así también distante de Di-s, con el compromiso de la Torá y las mitzvot balanceando estas emociones.
  • «El llanto está enclavado en un lado de mi corazón, en el otro está enclavada la alegría».

Divinidad:

  • Luz Trascendente e Inmanente con la contracción (tzimtzum) y la impresión (reshimu) entre ellas.
  • El hombre en perfecta unidad con la Voluntad Infinita de Di-s.

NOMBRE

Buey, mil, enseñanza, maestro.

Mundos:

  • Buey, la grosera realidad física, el alma animal inferior.
  • Mil, multiplicidad en la Creación, las «mil montañas pastadas por el buey».
  • La yunta de bueyes doblegándose a la multiplicidad y retornando a la unidad.

Almas:

  • «Yo te enseñaré la sabiduría»; la raíz del alma se deriva de la sabiduría de Di-s.
  • Conocimiento Divino de la verdad Divina; ser nada.

Divinidad:

  • «Maestro del universo».
  • El Divino «Uno», revelándose a través de la pluralidad de la Creación.

NÚMERO

Uno

Mundos:

  • El primero de todos los números que se pueden contar.
  • El comienzo de un proceso en la naturaleza y en la secuencia de los eventos del mundo.
  • Uno significa «algo a partir de algo».

Almas:

  • «Una nación en la tierra».
  • La unidad orgánica de todas las almas judías.
  • Uno significa «algo a partir de la nada».

Divinidad:

  • «Di-s es uno»: la absoluta unidad de Di-s.
  • «No hay ningún otro aparte de Él: «Uno, individual y único».
  • Uno significa «nada a partir de algo»
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