Este es un inspirador relato sobre una joven criada en una numerosa familia que vivía en un pueblo del Tolima llamado Villarica, eran tiempos violentos en Colombia por las constantes batallas entre los liberales y los conservadores. Por desgracia, un día un grupo conocido como Los Chulavitas llegaron a su pueblo y asesinaron a su padre junto con muchos otros hombres, bajo la sospecha de que eran liberales. La pequeña Helena recordaría para siempre cómo su padre se despidió de ella para nunca más volver y la forma en que su madre la alzó en sus brazos para irse de aquel pueblo junto con todos sus demás hijos, huyeron hacia Villavicencio, la capital del departamento del Meta.
Años más tarde, tuvo que abandonar la escuela debido a circunstancias económicas y ponerse a trabajar para ayudar a su madre con los gastos. Al convertirse en adolescente, un amable empresario la contrató para ser su secretaria, se dio la oportunidad de estudiar comercio y le enseñó el arte de la mecanografía.
En su tiempo libre disfrutaba de entrenar baloncesto, fue tan talentosa que logró jugar para la Selección Meta. Por supuesto, jamás imaginó que ahí conocería a su futuro esposo y padre de sus tres hijos, un hombre delgado que jugaba para la Selección Masculina. Poco tiempo después decidieron casarse y formar un hogar, primero tuvieron a Norma, luego a Pilar y por último a Nelson.
Parecía que Helena ya había logrado todos sus anhelos, pero lo que no sabía aquella mujer era que pronto conocería a la empresa que cambiaría su vida. Una amiga le vendió un producto para la higiene íntima, le pareció muy bueno y vio en la parte de atrás un número de teléfono al que decidió llamar:
– ¿Usted qué sabe hacer? – le preguntó un hombre al otro lado de la línea.
– Trabajar, hacer caso y vender – le respondió sin dudar.
– Eso es todo lo que necesita para empezar – le anunció.
Le mandó productos para comenzar en su nuevo empleo y se puso en marcha para conseguir venderlos. Primero fue la encargada de las ventas en la zona, luego los números fueron creciendo, las comisiones aumentando y el nombre de Spaisons-Dismeta adquirió fuerza entre las recomendaciones de marcas de cosméticos. Finalmente, Helena Herrera fue ascendida a gerente regional, ahora estaba a cargo de la distribución de los productos en toda la región de la Orinoquía.
Fue una próspera época para la empresa, llena de grandes eventos, productos de una enorme variedad y muchos empleados. Se alistaban los pedidos y se llevaba la mercancía a los clientes, sin importar cuánta fuese, todos siempre se aseguraban de que fuese la cantidad correcta y no sufrieran ningún daño en el trayecto.
Sin embargo, así como había muchas ganancias, también existían muchos gastos. Cuando el principal proveedor de la empresa en Bogotá se declaró en bancarrota, Helena tuvo que afrontar una dura realidad: Tenían demasiadas deudas acumuladas con los demás proveedores, si no las pagaban, no habría mercancía, sin mercancía, no habría clientes, y sin clientes, la empresa era historia…
Aunque era consciente de todos los riesgos y desafíos que aquello implicaba, Helena Herrera no estaba dispuesta a dejar que el fruto de su esfuerzo de tantos años de trabajo y lo que había logrado sacar adelante a su familia por dos generaciones se fuese al traste.
Así fue como se cerró Spaisons-Dismeta y nació Cosmobelleza del Llano. Su hija mayor Norma se volvería la gerente y su hija menor Pilar la administradora financiera. Afortunadamente, tenían una base de clientes leales sobre la cual continuar vendiendo sus productos, aunque con nuevos proveedores.
A pesar de que no siempre se alcanzan los objetivos de ventas y de que las deudas persisten, Cosmobelleza del Llano se ha caracterizado por ser una empresa con el propósito de brindarle a sus clientes productos de la más alta calidad que les ayuden a preservar su belleza natural y su salud.
Las grandes ideas surgen de la adversidad, por eso Cosmobelleza del Llano seguirá creando productos cosméticos que demuestren que la mejor belleza es la natural.

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