La vida que no subo..

La vida que no subo..

ESTEFANYA PARRA

06/02/2026

Sonreír, caminar firme, peinar bien, oler rico, vestir con ropa limpia, saludar y mirar a los ojos de quien me encuentro en el camino es como el protocolo de vida inculcado desde años atrás.

No está mal, pero es solo una parte de toda persona que está en el camino de la vida, la música que escuchas no combinaría para nada con la ropa que ahora mismo vistes, no es necesario comprobarlo porque lo sabes y si se habla de los pensamientos diría que es una completa ensalada.

La música dice: tú puedes, mente de tiburón y la ropa dice, ejecutivo de camino a su trabajo a cumplir con sus obligaciones.

Semáforos, rayas del paso peatonal, metro como medio de transporte es lo cotidiano hasta el momento. Poder apreciar aquellos estudiantes que van casi dormidos en los asientos no han hecho más que llevarme a recordar los días de 14 a 16 años, ya viajaba solo y estudiar al otro lado de la ciudad era suficiente para estar de pie antes de las 05:00am y llegar al colegio a las 07:00am.

El pie como poseído ha empezado a moverse al son que le toca la música a mis oídos, que más da, la gente a mi alrededor no entendería la vibra de la lista de la música que me he descargado ayer por la noche.

Las cosas simples de la vida no las llegue apreciar hasta que tuve como 25 años, no solo iba conquistando metas académicas porque parece que el hombre de sabiduría empezaba a despertarse dentro de mí. El ahorro ya no me parecía algo descabellado, tomar agua ahora era como un ritual, bailar solo mientras cocinaba mi comida era uno de mis hobbies que rescate de niño porque en la adolescencia no sabía que era bailar, aunque los pasos se me daban bien para poder bailar con alguna muchacha del salón de clases.

Las cosas no salieron como las había planificado, a mis 20 años según yo estaría en España seguramente terminando la universidad y no, no fue así mi padre murió, mi madre se enfermó, no tenía hermanos para poder avanzar en hermandad, mis tíos vivían lejos y simplemente nos reunimos para el traslado de mi padre y unos meses después para el de mi madre. Sueno como un ser despreciable a través de escribir estas letras, pero han pasado años de ello, y no sé en qué momento el padre de mi mejor amigo se volvió como el mío y me guio hasta lo que he construido el día de hoy, vida universitaria concluida, trabajo estable, vida emocional en reparación, y físico aceptable.

Recuerdo el infierno que fue vivir la perdida de mi padre, y el caos que vivió en mi cabeza al perder a mi madre, pero lo que más recuerdo de ellos era sus frases de padres amorosos, las suficientes y necesarias para saber que decir cuando me equivoco, cuando tengo la razón, pero no pruebas para probarlo y lo que le diré a la mujer que algún día será la madre de mis hijos.

No, no ha sido nada fácil y cada vez que tengo la oportunidad de viajar en tren el solo hecho de mirar por la ventana me permite vivir algo inexplicable, nadie me juzga, después de todo quien podría, soy solo yo y mis pensamientos, mis respiraciones, y mi ansiedad en cero.

He logrado regresar al mundo de los vivos, o al menos de quienes tienen mí misma edad, publicando imágenes graciosas, videos, conversaciones de trabajo y un simple, vamos a jugar futbol, entonces no, nada fuera de lo normal es lo que abunda en redes sociales.

Después de todo, el dolor en el pecho y ganas de morir en vida al perder a quienes te dieron la vida no le deseo a nadie, sufrir el engaño de quien creía el amor de mi vida de seguro seria como un comercial publicitario, atractivo al inicio, pero como cualquier cosa después de unos días. Incluso aun siendo el mejor trabajador en una empresa, si sales de él, o si te sacan del mismo luego de unos días todos vuelven a su vida normal.

Entonces, el decir: hoy me corte el dedo por torpe, me queme la mano por estar en el celular y olvidar un trapo para destapar la olla, olvide la llave del carro dentro y me toco ir hasta el barrio contiguo a ver a un conocido para que me ayude a solucionarlo, se me quemo el arroz, no tengo agua, se me olvido pagar la luz, o cualquier cosa casi la veo sin sentido, pero en su momento grandes lecciones fueron las que me dejaron pero no, no las publico en redes sociales, porque igual no me sanaría la herida, o el arroz no estaría sabroso o por arte de magia la puerta del carro se hubiese abierto.

En fin, solo digo que hay cosas que no saben de mí, pero sigo siendo perfectamente imperfecto como tu… 

PD: un escrito más…

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