Lo que nunca dije

Lo que nunca dije

Ink Nights

29/01/2026

Todos guardamos cosas inconfesables.


FUERTE
Hay días en los que no puedes más. En los que directamente no puedes pensar. Porque todo ha ido mal, o va. En los que te pesa demasiado todo y no tienes ánimo de hablar. Porque no ves la salida, ni como avanzar. O porque estás sin ganas ya, sin fe y probablemente sin algo más.

Te molesta todo. Los atascos, que se caigan las cosas, la persona que te frena el paso porque va demasiado lenta, que te dejen en visto y el no poder parar de pensar en lo triste que estás.

Te molesta todo porque estás demasiado cansada por lo que te pasa, y a la vez enfadad porque no es justo. Y claro, demasiado haces ya como para aguantar lo demás, te dices.

Porque hoy es un día en el que estás mal pero porque los demás sacas fuerzas de donde no sabes ya. La diferencia, es que hoy te has dejado caer y el resto no. Hoy has frenado. Te has parado y se han ido las ganas y la energía.

Si estás así, si estás en esos días, déjate.

Déjate hacer todo lo que quieras, y duerme. Cuídate hasta que vuelvan esas ganas tuyas de hacer las cosas bien. No porque nada vaya a cambiar, si no, porque tú volverás a ser y serás.

Y por si no lo sabías, aunque no te consuele eres fuerte. Muy fuerte.

¿SABES? TE ECHO DE MENOS
Si, es cierto. Llevo tiempo echándote de menos. Y no porque no nos veamos, si no, por lo que nos unía.
Echo de menos eso. Nuestro vínculo.
Hace tiempo que ya no es lo mismo, la conexión que nos unió hace tiempo, ha desaparecido o quizás nunca haya existido y yo tenía la idea de que por fin te había encontrado. Mejor amigo.
La conexión que he tenido siempre contigo ha sido especial. Porque era como si te conociera de toda la vida, y quería conocer absolutamente todo de ti. Sin embargo, me he dado cuenta de qu no eres como yo creía que eras. Tenía la idea de que debería haber muchas personas como tú en el mundo, pero igual estaba equivocada.
Eres buena persona si, pero tengo la sensación de que creaste todo esto porque no tenías otra opción más. Porque yo era la única que te tendió la mano cuando el mundo se te iba a la mierda. Y ahora, cuando tienes más manos para ayudarte, la mía, no la necesitas. No se, tengo esa sensación.

Sabes, yo he tenido mala suerte con las relaciones en mi vida, he vivido rodeada de intereses y no de verdadera amistad. Pero tú me hiciste creer que romperías con ese hilo de mala suerte. No se si siempre ha sido así y yo no lo he sabido ver, o es que el tiempo te ha cambiado. No lo se de verdad. Pero te necesité de verdad y no me diste tu mano.

A pesar de todo esto, sigo echándote de menos. Has estado conmigo en malos momentos, me has escuchado, hemos reído, hemos viajado… y un largo etcétera, pero ambos sabemos que no lo vamos a disfrutar igual.

Me encantaría, y lo siento. Siento que algo de mi haya sido lo que ha hecho cambiar todo esto.

Pero me sigues haciendo falta.


AMOR DE NO PELÍCULA
Todo el mundo quiere un amor como el de las películas. Pero yo no.
Durante toda mi vida, he leído historia de amor. De como un millonario rubio de ojos azules, promete la Luna y llena todo de rosas a una joven mojigata. Son súper felices los dos solos, sin necesidad de tener a alguien más en sus vidas.
Palabras de amor, un «para toda la vida» y un matrimonio prematuro… y todo el mundo piensa: «joder, que bonito». Pero yo creo que el amor verdadero no es así.
Siempre he leído libros de amor con la idea de conocer como debería ser el amor de mi vida. Y siempre se considera igual. Donde se ve «amor» yo veo inseguridad, celos y dependencia. Y eso, señoras y señores, no es un amor verdadero.
El amor verdadero, es libertad absoluta. Es vivir. Saber que vas a estar toda la vida con la misma persona y no te asusta. No te da miedo. Porque sabes que no te vas a perder nada, porque ya lo tienes todo.
El amor, es reírse hasta de las cosas más absurdas. Es llorar contando tus traumas más profundos sin miedo a que el otro te pueda juzgar. Es quererse. Pero no como en las pelis, quererse bien. Los detalles materiales son cuando te apetecen, no por necesidad de mantener al otro a tu lado.
Amar es sentir. Sentir que no estás solo. Sentir que no estás atado, que eres completamente libre. El confiar en una persona, tanto, que le das el poder de hacerte daño, pero sabes que no lo hará nunca. Poder desnudarte delante del otro, pero sin quitarte la ropa.
Eso, vale más que todas las películas de amor.
Yo no quiero un amor en el que el otro sea una obligación constante. Algo que controlar. Quiero que el otro sea un compañero, alguien con quien compartir. Con quien tener la libertad de volar y que nunca te corte las alas por tenerte cerca. Que quiera verte vivir.

Yo te quiero a ti, porque se que contigo, he encontrado el amor verdadero

PADRES
He visto una de las escenas más tristes de mi vida. Digo triste, porque no se muy bien como calificarlo. Pero ese adjetivo, es lo que más se acerca.
He visto llorar a una madre y a un padre. Llorar por un hijo perdido. No perdido de estar muerto. Si no, por estar muerto por dentro.
He visto a un hijo, totalmente distinto a lo que era antes, a un hijo totalmente fuera de si. Lejos de ser el niño que fue
A mi siempre me han enseñado, a respetar a tu madre y a tu padre. Porque se lo que significan unos padres. Se les debe respetar siempre. Y eso, es un valor que siempre ha permanecido en mi familia, a pesar de estar tantos años separados. Es una ley que todos tenemos grabada a fuego desde el día que nacimos. O al menos, eso creía hasta el día de hoy.
Pensaba que para todos era algo inquebrantable.
Un padre destruido, por la pena a la que está enganchado su hijo. Un padre cansado de pelear. Y una madre rota por dentro. Ambos, guardando el secreto durante muchos años.
Iba a ser una noche especial. Una noche, que después de tantos años, iba a ser de reencuentros. Pero nos ha hecho ver, como se puede perder a una persona, sin estar muerto. Es una lástima.
Como se tiene que sentir por dentro, para que su objetivo en la vida sea un gramo de cocaína. Que vida ha tenido que llevar un hijo, para levantar la mano a un padre, y hacer llorar a una madre. Sin pizca de arrepentimiento. Es indescriptible.
De ahí, el adjetivo «triste» es lo que mejor lo describe.
En vez, de agradecerles la vida, a aquellos que se la dieron, destroza todo y arrasa con todo lo que tiene por delante.
Jamás se le debe perder el respeto a unos padres. Algo, que debería estar grabado a fuego.

ROMA
Estoy tumbada en un banco de un parque. Al lado del Castel Sant’ Angelo. Y nunca había tenido tanta paz mental.

Suena música callejera de fondo, el cielo está despejado. Aunque me duele cada músculo de mi cuerpo, estoy feliz.

Volver a esta ciudad después de más de diez años, me ha hecho verla de otra manera. Me ha hecho ver mi cambio a lo largo de los años.

Cuando vine por primera vez, estaba metida en un agujero muy hondo. Pero me he dado cuenta volviendo aquí muchos años después. Me tenían encerrada y yo pensaba que era joven y libre. Pero solo era joven, no libre.

Cuando tiré la moneda a la Fontana Di Trevi la primera vez, la tiré para volver a Roma. Pero también pedí un deseo. Ser feliz. Y después de aquella primera vez, he vuelto a tirar l amoneda a la fuente para pedir el deseo de seguir siendo lo feliz que soy ahora.

Doy gracias a la vida, porque me haya hecho ver lo equivocada que estaba hace años, y me ayude a aprender que no debo volver a pasar por ello.

APRENDIZAJE
Nunca se aprende a decir adiós.
Siempre nos dicen que tenemos que saber dejar ir, decir adiós. No por muerte, si no, por distancia.
Yo creo que intentamos aprender, pero nunca lo conseguimos. Siempre queda algo dentro, algo que nos dice que hay una posibilidad, aunque sea una entre un millón, de que las cosas vuelvan a estar como antes. Por desgracia, creo que es algo que nunca aprenderé a hacer. O por lo menos con ciertas personas que han marcado mucho mi vida.
Hay relaciones o amistades, que son ciclos. Partes de tu vida con fecha de caducidad. Pero hay que pasar página, empezando los ciclos nuevos que nos da la vida. Hay muchas épocas de tu vida que son fundamentales y no puedes dejarlas marchar, al igual que las personas que las vivieron contigo. Aunque ya no estén a tu lado.
Por eso, para mi, es muy difícil dejar marchar a ciertas personas. Dejar de acordarme de ellas a diario, el dejar de echarlas de menos, el esperar un mensaje que me diga «¿Nos vemos mañana?». Se me hace muy difícil pensar que ya no están conmigo y que cumplieron un ciclo.
En mi opinión, las fases de la vida van cambiando y durando tiempos diferentes. Van cambiando según lo que estés dispuesto a aguantar por los demás.
Al fin y al cabo, con el que siempre estarás, en todas las fases de tu vida, es contigo mismo. Y vas sobreviviendo. Quitando poco a poco a gente, que en definitiva no te ayuda a crecer.
Duele mucho darse cuenta de que tus mejores relaciones, no siempre están equilibradas. Que siempre eres tú el que se preocupa, y que los demás, no tanto.

Entonces, aquí sigo, intentando aprender a decirte adiós.

¿CULPA?
Cuando te volví a ver, sentí un golpe en el pecho.
Fue como un fantasma del pasado. Un recuerdo. Tuve que contener la respiración para evitar que se me saltaran las lágrimas. Me hizo darme cuenta, cuanto te he echado de menos. Me quedé helada
He sabido, que te has sentido sola. No porque después de tanto tiempo me lo contaras tú, si no, porque te conozco y lo se.
Verte. Con los ojos tristes, me ha hecho preguntarme «¿y si la culpa es mía?». Por no estar pendiente de ti, por no preguntarte cada segundo, por no saber de ti. Pero, ¿y si no lo es mi culpa? ¿Y si tu forma de enfrentar los problemas es alejarte del resto? ¿y si soy un daño colateral? ¿Y si no te he sabido ayudar? Me surgieron tantas preguntas… que la verdad, no sabía como sentirme
Me siento muy triste, porque ya nada es como antes. Porque nos hemos visto tristes las dos, y lo hemos intentado disimular. Como si todo estuviera bien. Sabiendo que ninguna de las dos lo está.
Todo lo que había avanzado, el intentar decirte adiós, el aprender a dejarte marchar, lo he tirado por la borda en cuestion de minutos. He vuelto a poner el contador a cero.
Siento como si te hubiera fallado, como si hubiera sido yo la que desapareció del mapa.
Siento, como si te hubiera traicionado. Cuando ya había conseguido convencerme, de que la culpa, no era mía.

DESPEDIDA
He conseguido quemar tu carta. Si, quemarla y liberarme.
Dicen que el fuego se lleva todo lo que nos ha quedado por decir. Y purifica. Y es algo que yo necesitaba hacer desde hace mucho tiempo. Lo que pasa es que no lo sabía, o no estaba preparada para saberlo.
Hace días que ya no pienso en nosotras. Ni si quiera en ti, ni en quien tiene la culpa. Porque ya me he dado cuenta, de que no ha sido mía.
He ha costado mucho llegar hasta aquí, pero me siento liberada. Sin esa presión en el pecho, sin pensarte, sin echarte de menos. Y la verdad, es que me siento bien conmigo misma. Me siento valiente.
Me siento valiente por saber decir basta cuando algo me hace mal. Cuando algo no me deja avanzar y me lastra. Me siento fuerte, por haberlo hecho con nuestra amistad. Por ver que nuestra conexión, hace tiempo que se esfumó. Aunque yo viviera en ella sin existir. Por darme cuenta, me siento mejor. Mucho mejor
He vuelto a cantar en el coche a pleno pulmón, como hacía tiempo que no lo hacía.
Puede que tenga días en los que, te echo de menos, pero cada vez serán menos. Porque mi vida claro que va a cambiar si tú no estás, pero cambiará con una buena versión de mi, que es lo que, en definitiva, gano dejándote ir.
Así que, quemé tu carta junto con cosas tuyas, escuchando «Yo no me acuerdo» de Estopa de fondo. Sin derramar ni una sola lágrima, porque ya he derramado suficientes.

Eso, sólo me lo debo a mi.

Que te vaya bonito, pero de corazón.

VIDA
Cuando echo la vista atrás, veo que no he tenido una vida fácil.
Siempre ha habido alguien que me decía lo que estaba bien y lo que no. Lo que podía hacer y lo que no podía hacer. Cuando he caído, me lo han recordado y apenas me han ayudado.
Desde pequeña, he oído cosas del tipo: «No te metas en cosas de mayores» o, «no vayas a casa de tus amigos, a ver si vas a molestar». Como si no tuviera derecho a decidir sobre esa clase de cosas.
Mis padres, eran muy jóvenes cuando yo llegué a sus vidas. Seguían patrones de lo que mis abuelos les habían inculcado. Eran unos niños al fin y al cabo.
Soy la mayor de dos hermanas. Y eso, me ha puesto las cosas difíciles.
He sido más adulta de lo que mi edad decía. Siempre he ido por delante, porque en resumidas cuentas, siempre estaba sola.
Nos han enfrentado siempre. Enfrentarnos de dar más a uno que a otro. Al ser mayor, escuchaba cosas como: «no te pongas a la altura de tu hermana, ella es una niña y tú no». Claro, nunca he sido una niña. No he podido. Y no he podido nunca expresar nada, porque nunca tenía derecho
Recordar las mil veces que he caído sin que nadie se diera cuenta. Es lo que me ha hecho más fuerte, aunque suene triste.
Es duro que siendo mayor, me haya dado cuenta de esas cosas. Porque es lo que hoy en día me cuesta. Me lastra. Y el callarme me termina matando por dentro. Como todo lo que no se dice.
Estas cosas, han sido con las que yo he crecido. Pero no guardo rencor a mis padres, lo han hecho lo mejor que han podido. Lo mejor que han sabido.
No se como cuidaré yo de mi hijo cuando sea madre. Pero quiero avanzar para evitar cometer los mismos errores. Para no ser madre siendo una niña y para no seguir los pasos de otros.
Pero, aunque ellos sepan que las cosas conmigo, no las hicieron como deberían, les sigo debiendo la vida. Y siempre estaré orgullosa de venir de donde vengo. Porque todos somos humanos y todos cometemos errores. Aunque tardemos años en darnos cuenta.

ANTIGUO TRABAJO
Estoy ahora mismo delante del cartel de mi pasado. El cartel de mi antigua empresa.
Hace más de un año, salí pitando de este lugar. Salí corriendo sin pizca de miedo. A la aventura y sin saber que me depararía el futuro.
Aquí viví buenos momentos, pero viví muchos más malos. Viví una de las peores épocas de mi vida. Viví el nivel más alto de estrés que nunca había vivido. Y sentí por primera vez lo que era la ansiedad. Eso si que me daba miedo.
Este lugar, me trincó el objetivo de querer ser más y de llegar lejos. Me hizo dejar de quererme a mi y perder totalmente mi esencia. Me exprimió como a una naranja. Me dejó sin nada. Me dejó sin vida.
Pero por otro lado, todos esos malos momentos, me han ayudado a construir a la persona que soy ahora. A llegar lejos en mi actual puesto de trabajo y a darme cuenta de todo de lo que soy capaz. Me quitó las alas en su día para devolvérmelas después. Y en cierta parte, siento nostalgia al ver su cartel azul marino.
Porque me ha hecho ser quien otra persona diferente a la que era entonces, y por suerte o desgracia, tengo que agradecérselo.
También siento nostalgia por la cantidad de gente que hay ahí dentro, que ha vivido lo mismo que yo y aún lo sigue viviendo. Porque no pueden permitirse el salir corriendo sin mirar atrás.
Pero aún así, a pesar de ser una relación de amor/odio, te doy las gracias, me has servido para darme impulso.

BLACK FRIDAY
He estado tantas veces en una sala de espera que yo también me he puesto en una.
Me he pasado días y días, las ocho horas de mi trabajo, llamando y escribiendo a gente. Luego me he ido a casa y me he dado cuenta de que llevaba tiempo en relaciones en las que solo cuando querían me daban señal.
He mandado correos, demasiados, en los que pedía respuesta y no me la han dado. Para luego meterme en relaciones en las que pedir explicación estaba de más y dejar en visto una norma general.
Me he perdido tantas veces, incluso con Google Maps, que en algún momento perdí el sentido de mi aspecto sentimental y empecé a aceptar sentirme así en él.
Tanto «Black Friday» para darme cuenta de que la que me he rebajado, he sido yo. Cada vez que no he dicho lo que me molestaba por miedo a que me dejara alguien, que, spoiler: fue sin dudarlo ni decir adiós.
Cada vez que no he puesto mis limites, por no perder a alguien que después supe que no le importaba. Cada vez que no he rebatido la verdad impuesta de la otra persona por mi tendencia a culparme de lo que en sí, es normal
Cada vez que me dejado en un segundo lugar. Que he puesto como protagonista principal a alguien que no se merecía ni ser extra. Extra no, pero sobra, un rato si que lo hacía.
Nos dejamos en una sala de espera cada vez que no nos priorizamos. Ni nos escuchamos, y lo que entendemos es que tenemos que vernos un poco como a los médicos de nuestra propia consulta, que llamamos a los que están apuntados y que si no vienen, allá ellos, pasamos al siguiente.

Si no estás en la tuya, ¿quién está para ti y tu gente?

PAZ MENTAL
“Hoy en día nadie se casa con nadie»
Esta frase, la he tenido muy presente estas últimas semanas. Y la verdad, es que es totalmente cierta.
Llevo toda mi vida, o gran parte de ella, sintiéndome reemplazable. Como si no valiera nada para nadie. Cuando ya me habían usado, me cambiaban por un modelo más nuevo. Siempre he sentido, que la culpa ha sido mía, o que hacía yo mal las cosas y por eso la gente se iba de mi lado. Eso, me ha calado tan dentro, que forma parte de mi vida adulta. Aunque cada vez, ocupa menos parte dentro de mi.
Siempre, la gente me ha hecho sentir así. Como si las relaciones de amistad no se cuidaran como las parejas. Que en cuanto ven algo que no les gusta, se van dando un portazo y sin decir adiós. Como si no importara nada. Y eso, aunque me ha costado años aprenderlo, yo no tengo la culpa. Porque he perdido hasta la dignidad muchas veces por luchar por alguien, cuando ese alguien, cogió la puerta y se marchó sin mirar atrás.
Entonces, esto para mi, es un gran paso. Por que por una vez, me he leído de nuevo y n me he sentido mal, no me he dado lástima. Y he sentido que si, que puedes ser reemplazable, pero porque al final es ley de vida. Todos crecen, todos cumplen sus sueños y todos tienen sus rutinas. Y las cosas cambian, pero porque es natural.
Con los años, he encontrado a personas que si se preocupan por cuidar sus amistades y aunque cada uno tiene su vida, al final siempre están ahí en mayor o menor medida.
También es un gran paso, porque hay algo en mi que ha hecho click. Sonará así raro de repente, que cambies todos tus pensamientos de tu vida en un instante. Pero si, hay veces que haces click y algo en ti se activa. O se apaga.
Y también, eso es un avance. Un click.

SUPER HÉROE
Crecí toda mi vida viéndote como un Super Héroe. Invencible. Para ti no había ningún trabajo demasiado duro, ni demasiado difícil. Nada era imposible, eras lo que nunca nos dejaba caer. Pasara lo que pasara.
Con el tiempo, empecé a notar que tus ojos color miel se ponían opacos. Que perdían su chispa. Nada podía prepararnos para lo que realmente estaba sucediendo en tu cabeza, en tu mente.
Como tus ojos, tus pensamientos también se volvieron opacos y borrosos. Empezaste a repetir frases, a olvidar cosas muy simples, y a ver cosas que solo existían en tu cabeza. En esos momentos, sabíamos que íbamos a empezar a perderte. Y en menos de nada, un tsunami de confusión de arrasó ante nuestros ojos y manos impotentes.
A velocidad de vértigo, comenzaste a irte. Ya no eras tú. Esa enfermedad, el Alzheimer, empezó a quitarnos a nuestro abuelo, padre y marido. Y sobre todo, nuestro amigo.
Los papeles habían cambiado, ahora tú dependías de nosotros. Ahora eras tú el niño asustado viviendo en un mundo desconocido y extraño.
Aprendimos a ser tu mamá, tu hermano o algún amigo… o cualquiera con quien nos confundieras. Aprendimos a encontrar la felicidad en esos escasos momentos de lucidez, en los que a alguno nos llamabas por nuestro nombre. Aprendimos a enfrentar tu enfermedad con humor y a llorarla en silencio…
Pero el Alzheimer, no te robó tu magia. Porque incluso en los últimos meses, nos diste la última lección. Luchar ante todo, como tú.
Un día tu cuerpo también falló y entonces parte de ti también se fue. No podríamos verte más y a eso si que no vamos a aprender nunca. No hay forma de describir el dolor que se siente cuando pierdes a alguien, sobre todo a alguien que nos ha dado tanto. Pero semejante amor, nos sirvió de inspiración y de fuerza para continuar. Para honrarte hasta que nuestra memoria también falle.

Nuestro ángel en el cielo.

LA FAMILIA QUE UNO ELIGE
Hay personas que tienen ese don. Son capaces de transmitir todo lo que tienen dentro. Capaces de hacerte cambiar de idea sin ellos pretenderlo.
Creo que no hay nada más enriquecedor que rodearte de gente diferente a ti.
Te hacen abrir los ojos, cuando los tenias muy cerrados. Descubres cosas que pensabas que no te gustaba hacer. Que fácil es rodearse y solo querer conocer a gente de una misma condición. Vaya imbécibilidad. Pero sobre todo, vaya error.
Eso no te hace cambiar, no te hace crecer como persona. Salir de tu entorno para darte cuenta de que hay más realidad que la que vives día a día. Que hay mentes que piensan diferente y tienen la misma razón que tú.
Corazones que tienen razones que tú no entiendes. Locos indomables con ganas de comerse el mundo, con hambre de descubrir cosas nuevas.
Personas más tranquilas, que prefieren levantarse temprano los Sábados por la mañana e ir una cafetería, a leerse un buen libro con un café recién hecho. Disfrutando de su soledad.
Personas que notan su adrenalina evolucionar con canciones de techno y otras que se les seca el Malecón cada vez que escuchan una canción de Reggaetón.
Y lo genial de todo esto, es complementarnos. Ser diferentes. Y a pesar de nuestros gustos, nuestras vidas, y que nuestras preferencias sean distintas, nos muramos de ganas por reunirnos para echarnos unas risas. Por brindar por nosotros.
La felicidad es cuestión de diferentes. Y siempre se comparte.

AÑOS
Me he dado cuenta, de que, con los años, vamos aguantando menos.
Últimamente, he ido cambiando de amistades constantemente. No conservo amistades de la infancia, y casi ninguna de la adolescencia. Muchos pensarán que es culpa mía, me criticaran por tener pocos amigos. Pero la verdad, es que, ahora, ya me da absolutamente igual.
Durante años, he aguantado muchas cosas por no estar sola. Y según va pasando el tiempo, me doy cuenta de que no necesito aguantar tanto por los demás. Más que nada, porque nadie lo hace por mí. Y que igual, el estar sola tampoco es del todo malo.
Con esto, no digo que la amistad esté sobrevalorada. Pero sí que no siempre está equilibrada. Muy pocas veces lo está.
Pero cuando lo está, merece la pena aguantar. Porque también te lo aguantan a ti.
Sin embargo, si ahora mismo me dan a elegir entre tener muchas amistades o el quererme más a mí, me decanto por la segunda opción. Una opción egoísta quizá, pero si lo son conmigo, ¿Qué pasa porque lo sea yo con el resto?
Según me voy haciendo mayor, más valoro la paz mental. El no estar preocupada por nadie. El no luchar por quien no lo haría por mí.
Y no hace falta tampoco mucho tiempo para darse cuenta de quien estaría realmente contigo si tu mundo se fuera al traste.

EGOÍSMO RAZONABLE
“Para de decir yo te quiero, primero hay que saber decir YO.”
Siempre nos han contado desde que tenemos uso de razón, que ser egoísta es algo malo. Pero no es del todo cierto.
El luchar por ti y por lo que te hace feliz, no es algo malo. Ni ponerte tú por delante tampoco lo es.
¿Porque cuantas veces hemos tenido que sobrevivir a los errores de otros y llorar a escondidas? Seguramente, más de una vez.
Ser egoísta es más necesario de lo que nos cuentan. Porque también tenemos que respetarnos. Saber cuando si y cuando no.
Estar para los demás, pero no olvidarse de estar para uno mismo.

OJOS AZULES
Anoche vi aquellos ojos azules.
Aquellos ojos que me llevaron un día a la ruina. Que me llevaron al pozo más hondo donde he estado.
Cuando los vi de nuevo, los recuerdos se me agolparon en la mente. Como un huracán.
Sentí rabia. Sentí odio. Y me pregunté si él llegó a pensar en todo el daño que me hizo. Si el se acordará de los te quiero que dijo mirándome a los ojos, que acabaron siendo una forma de aprovecharse de mi.
Me pregunté si el recordará aquello. Si se sentirá mal por lo que me hizo. Y la verdad, es que espero que si. Que se mire al espejo y se de asco, tanto como me he dado yo durante años. Que eche la vista atrás y se de vergüenza de si mismo. De verdad, que me gustaría que fuera así.
En aquel momento, cuando volví a ver aquellos ojos, me di cuenta de que son mi oscuridad.

DÍA DE LA SALUD MENTAL
La cantidad de veces que no le damos la importancia que tiene. La Salud Mental, también hay que tenerla en cuenta. Porque la ansiedad y la depresión, entre otras, existen. Y es más frecuente de lo que creemos. Muchas veces, omitimos a los demás ese estado, por miedo al rechazo. A que te cataloguen de exagerado. A que te llamen débil. Pero se siente, y no hay nada malo en ello.

No pasa nada por necesitar ayuda. Porque muchas veces crees que puedes con todo, pero no con todo a la vez. Que tampoco es nada malo. Que es muy necesario y una decisión muy valiente. Porque puedo asegurar, que será una de las mejores decisiones de tu vida. Porque se puede. Porque puedes.
Si lo necesitas, no lo dudes. Hazlo.

MI MESA
Hoy no he sentido la mesa vacía.
Estaba rodeada de personas que me han hecho crecer de una manera o de otra. Que me han impulsado hacia adelante.
Hace meses, en mi mesa había varios sitios vacíos. De personas que se habían ido de mi vida y que se habían llevado una parte de mi con ellas.
Efectivamente, se llevaron la parte de mi que rogaba. La parte en la que los necesitaba para ser feliz. Para estar completa. Se fue la parte de mi que necesitaba a los demás para estar bien consigo misma.
Por eso, me siento feliz porque mi mesa vuelva a estar completa. Porque las partes que me quitaron, son las que hoy me hacen quererme un poquito más.

ABUELA
Siempre he admirado los valores que nos ha transmitido mi abuela.
Ayer, como cada vez que se ven, vi como abrazaba a su mejor amiga, como si llevaran años sin verse. Un abrazo tan puro, como si fueran una familia que se reencuentra después de muchos años.
Mi abuela, conserva esa amistad desde hace más de cincuenta años. Toda una vida. Han visto nacer a sus hijos, casarse y hacerse mayores. También a sus nietos, y quererlos como si fueran suyos. Se han acompañado toda la vida, en todas y cada una de sus etapas. Y eso, demuestra un amor increíble.
Pasan mucho tiempo separadas, porque cada una tiene su vida. Sus hijos y sus nietos. Pero cada vez que se ven, se abrazan como cuando eran jóvenes. Con la misma energía. No importa si llevan meses sin llamarse, meses sin saber una de la otra, porque se quieren a pesar de eso. Y con todo el corazón.
Y eso es mi abuela. Corazón y amor. Una persona que transmite amor sin importar las distancias. La que nos ha enseñado el valor de la amistad a lo largo de los años, y a querer con toda tu alma, sin importar de donde vengas. Y que también me ha enseñado, que no hace falta ver todos los días a alguien para quererle con todo tu ser.
Que la familia, está para querer así. Y que las amistades, también.
Nos ha enseñado lo que es una amistad verdadera, y que debemos luchar todos para tener, por lo menos, una persona así en nuestra vida. Pero también, lo que es el amor verdadero. A seguir enamorada como el primer día, aunque hayan pasado muchísimos años. Porque ella, sigue enamorada de mi abuelo, como el primer día que le vio. A pesar de que él ya no esté.
Y de verdad, que hoy en día, muy poca gente sabe amar de una forma tan pura.
Y ella, no es consciente de todo lo que vale.

A UNA AMIGA
En muy poco tiempo, me has calado muy hondo. Llevamos mucho tiempo conociéndonos, eso si, pero quizá no era nuestro momento. Porque nos encontramos de verdad cuando mas nos necesitábamos. Y la verdad, que para mi has sido como un salvavidas.
Hemos pasado unas de las peores épocas de nuestras vidas, o por lo menos yo, y eso es lo que no ha hecho permanecer más unidas. Nos hemos contado nuestros mayores miedos, hemos llorado nuestras correspondientes perdidas y nos hemos apoyado la una a la otra en cada una de las fases de nuestro cambio.
Hoy, quiero agradecerte todo lo que me has dado durante este tiempo. Porque una de las decisiones más difíciles y necesarias de mi vida, la tomé gracias a ti. Pedir ayuda cuando la necesitaba. Porque también, me has enseñado que una amistad, se construye a diario. Se cuida y se mantiene a partes iguales. Hemos reído como hacia muchísimo tiempo que no lo hacíamos, hemos bailado hasta tener agujetas al día siguiente y también nos hemos bebido varias cooperativas de vino intentando arreglar el mundo un sábado noche, con Física o Química de fondo.
Por ser y estar. Por darme el empujón que necesitaba a publicar mis letras y ponerme más enserio a escribir. Y por apoyarme en cada publicación.
También decirte, que no dejes que nada ni nadie te cambie. Y que, si lo haces, que sea por ti misma. Que vales mucho y que nadie te haga pensar en lo contrario. Siéntete orgullosa de lo que has conseguido, como me siento yo.
Nos quedan mucho camino por recorrer, muchas cosas que vivir, y mucha vida para seguir creciendo juntas.

SEGUNDAS OPORTUNIDADES
Hoy, es de esos días en los que te fijas un poquito más en cada detalle. Que te fijas en quien está y en quien no. En los que se han ido y en los que se están yendo. Porque eso siempre se sabe. Siempre se sabe cuando algo está dejando de ir bien, o que simplemente ya no va. Esa sensación de incertidumbre o de intento de aceptación.
Sabes que siempre has sido de las que ha dado segundas oportunidades. Incluso terceras y cuartas. Solo con el fin de mantener a las personas contigo, de aferrarte a ellas para no perderlas. Pero también te das cuenta, de que en muchas ocasiones no merece la pena. Porque el que quiere irse, al final, se termina yendo. Y no es culpa tuya, simplemente su ciclo terminó y tiene que empezar el siguiente.
Te hace fijarte más en la forma en la que se van, o en como están empezando a hacerlo. Pero no puedes controlarlo, porque no todo el mundo actuaría como lo harías tú.
Caes en el pensamiento irracional de “algo estaré haciendo mal”. Pero créeme, no hace falta hacer cosas mal para que la gente se termine alejando.
Entonces, eso de dar segundas oportunidades está bien, pero para quien quiere aprovecharlas. No para el que tiene decidido marcharse.

ESCRIBIR, MI TERAPIA
Lo que me ha mantenido viva muchas veces, ha sido escribir.
De pequeña, me gustaba escribir a mano canciones ya escritas. Escribir textos, aunque no fueran míos y llenar un cuaderno entero con mis letras, me hacia sentirme orgullosa de mí.
Con los años, seguí escribiendo, pero pasé de las canciones de otros, a escribir mis propias palabras. Y en esos momentos, me sentía libre. Aliviada. Sin el peso del mundo sobre mis espaldas.
Y seguí escribiendo.
Escribiendo, he sentido siempre que era como tener un confidente. Que podía contar mis traumas más profundos y liberarme de ellos, sin que nadie me pudiera juzgar. Que no hacía falta poner filtros.
Me ha calmado la tormenta en mis malas épocas, y también me ha ayudado a decir adiós sin dejarme nada en el tintero. Y que el fuego, es cierto que purifica y purga.
Ha sido mi paño de lágrimas, cuando he vuelto a caer mil veces sobre la misma piedra. Y lo seguirá siendo. Pero también, ha sido el sitio donde he colgado mi medalla después de cada batalla ganada.
Y cuando he tocado fondo, ha sido lo que me ha ayudado a salir nadando a la superficie. Como una terapia.
A pesar de haber pasado años, escribiendo, me sigo sintiendo como la primera vez que acabé aquel cuaderno con mis letras.

A MÍ
Cuantas veces he llorado a escondidas. Cuantas veces, me he sentado en la terraza, abrazando mis piernas, preguntándome que me pasa. Y cuantas veces me he levantado y he hecho como si nada.
Si algo he aprendido de aquello, es que a veces, es necesario perderse. Dejar de ser uno mismo por un tiempo, para volver a encontrarte. Para volver a encontrar la mejor versión de ti.
Cuantas veces he tenido la cabeza a punto de explotar por callarme todo lo que tenía dentro de mí. Y cuantas veces he sentido miedo por contar como me sentía. Miedo al rechazo. Miedo al abandono.
Pero, llega un momento en el que dices, basta. Que no puedes con todo eso. Que no puedes contigo misma. Que necesitas entenderte, pero no sabes la manera. Pero te sientes débil, y piensas ¿que pensarán de mi? y sigues cayendo en ese círculo vicioso. Sabes que necesitas pedir ayuda, pero, sientes vergüenza porque nunca la has necesitado. Siempre has podido contigo y con el resto del mundo.
¿Habré perdido mi esencia? Me he preguntado más de un millón de veces.
Pero, creedme, de todo esto se sale. De todo esto, se aprende.
Porque realmente, con ayuda, te das cuenta de lo fuerte que has sido siempre. De todo lo que has aguantado a lo largo de los años sin tirar ni una sola vez la toalla. Pero, tambien te das cuenta, que ser débil no es nada malo. Porque a veces tenemos que serlo. Nuestro cuerpo lo necesita.
Que no hay nada malo en llorar, es una forma de limpiarse por dentro. Y es más valiente el que llora. Y el que no se esconde al contarlo.
Que me veo llorando en la misma esquina de siempre y me digo: «Podrás con todo, volverás a ser tú».
Y todo esto, me lo debo a mí.

LA GENTE NO SABE
Hay ciertas palabras, que son tan fáciles de decir, son tan difíciles de cumplir… Porque, cuando estás en un proceso de cambio, en el que estas dejando otro sitio a tus principios y estas creando unos nuevos, no te sirve de nada que te digan “no lo pienses”.
Es muy sencillo decirlo para las personas que no pasan por ese tipo de situaciones. Probablemente, lo dirán con su mejor intención y con la idea de ayudarte o calmarte, pero sinceramente, no ayuda. Porque te recuerda que estás constantemente pensando, que tienes la cabeza con la quinta marcha puesta todo el día.
Tampoco ayuda, que te digan que no tienes que aguantar tanto, que “no seas tonta”. Porque una persona no cambia todo su ser de un día para otro. De la noche a la mañana. Estará viviendo constantes cambios en su cuerpo, emociones nuevas y arrolladoras, que habrá veces que aún no las pueda controlar. A lo que los demás llaman “espabilar” es a que dejes de ser tu misma, y eso, mundo, no es así de sencillo. Tienes que tirar hasta tus cimientos para poder construirte de nuevo. Y por mucho que te quiten su apoyo por no cambiarlo cuando el mundo espera, tu vas a seguir haciéndolo con o sin ello. Porque las cosas son así. No te reconstruyes para los demás, te reconstruyes para ti misma.
Entonces, no le quitéis el apoyo a esas personas solo porque tardan más tiempo en crearse sus nuevos principios. Porque dejar de ser lo que se ha sido toda la vida, no se cambia en cosa de días.

MI HISTORIA
Hace unos cuantos meses tuve que pedir ayuda. No es algo malo, pero la necesitaba.
Tenía la sensación de que me faltaba algo, un vacío. Y lo que tenía era todo patas arriba. Había recuperado parte de mi vida cambiándome de trabajo, pero no todo era culpa del trabajo. En el trabajo, me ascendieron y me dieron unas responsabilidades, diciendo que pronto se empezarían a reconocer. Me pasaba obsesionada con el trabajo, todos los días. Me conectaba a deshora, y me echaba a la espalda mucha más carga de la que podía, solo para que se dieran cuenta de que era totalmente capaz de poder hacerlo. De demostrar que podía. El cansancio y la pesadez de cabeza se me iba notando más.
También, llevaba muchos meses sin saber algunas amistades. Culpándome cada día por que la relación no existía por mi culpa, pero todo dejo de existir el día que deje de escribirla. Lo intenté muchas veces antes de aquello, pero así se quedó. Me culpe de no estar a su lado, de no ser lo que ella quería que fuera. Pero lo siento, me di cuenta de que las relaciones son de dos, y yo estaba atada a una amistad que hacía tiempo que no existía. Habrá opiniones sobre ello, pero mi historia es así. Si todo me pesaba más, es que sentía que no tenía en quien apoyarme si ella no estaba, aunque llevaba mucho sin estar. Pero eso no era capaz de verlo. El asimilar que ya no tenía a esa buena amiga me hizo echarme más peso encima.
Me obsesionaba más con el trabajo para no pensar, con la comida… me sentía una desgraciada. Sentía que mi vida no valía nada y que la gente siempre se termina llendo de mi lado. Pero todo esto, no lo hablaba con nadie. Todo el día en mi cabeza dando vueltas y vueltas. Hasta el día que no pude más. Que me agarre las rodillas en una esquina de la terraza y lloré como si fuera una niña abandonada. Solo porque estaba sola en casa. Como si realmente estuviera sola en la vida. Esa sensación, de no sentirte nada. De no valer nada para ti misma. De que todo iba mal y de que no sabía hacer nada bien. Me hizo pensar que tenía que salir de ahí.
Pedí ayuda porque hacía tiempo que ya no era yo. Y yo pensaba que era solo por el trabajo de mierda en el que estaba, pero había vivido tanto en el último año, que no tenía capacidad para guardar tanto…
A día de hoy, puedo decirte que no siento nada de eso. Tengo aun muchas cosas que aprender y cambiar. Pero estoy volviendo a ser yo otra vez.
En su día me alejé, porque no sabía como gestionar todo esto. Toda nuestra historia, porque sabes que nos ha hecho mella. No sabía como actuar y lo único que sentía es que era una mala persona. Como ese pensamiento, no me ayudaba a seguir adelante, he desaparecido durante mucho tiempo. Pero, como bien sabes, lo nuestro no es como antes. Porque si me fuerzo a hacerlo, se que te haré daño y también a mi. Y si todo esto, no he podido hacerlo antes, es porque no quería precisamente hacértelo. Pero creo, que ambos necesitamos oírlo, aunque en el fondo ya lo sabíamos.

LLEGÓ EL DÍA
Llevaba pensando mucho tiempo en como sería este final. Y en todo lo que me ha marcado esta historia. Quizá me haya afectado más, porque nunca he sabido como gestionarlo correctamente.
Hace un par de dias, me alegraba que llevaba ya mucho tiempo sin llorar. Mas que por el hecho en sí, si no por necesitarlo para sacar lo malo de dentro de mí. Si no tienes nada malo, no lloras para purgarte. Pero hasta hoy.
Ha salido mi mal humor, mi oscuridad que sale cuando las cosas no van bien. El pensar mal de todo el mundo, y cabrearme por un simple mensaje de otra persona. No puedo evitarlo. Me enfada cualquier cosa después de saber que mañana acaba esta gran etapa de mi vida. O al menos eso quiero. Me enfada que cualquiera vaya a ser igual, y me hace pensar que todo el mundo, al final, me terminará haciendo el mismo daño que me ha causado toda esta historia a lo largo de los años. No todas las personas son iguales, ni las historias son las mismas. Pero los golpes, duelen todos por igual.
Con esta historia, he sentido en mi piel la ansiedad. Si, ese dolorcito en el pecho que te recuerda que mañana contarás tu historia y dejarás atrás aquello para salir mas fuerte. Pero no las tengo todas conmigo, de que realmente esta conversación me vaya a hacer todo lo bien que me gustaría. Porque nunca ha sido una conversación fácil. Y algo dentro de mi tenia la pequeña esperanza de que este día nunca llegara, a pesar de que también lo necesito. Tengo la sensación de que todo esto, saca lo peor y lo más oscuro de mí. Mis instintos más primitivos. Y no me gusta. No me gusta desconfiar constantemente de las personas, no me gusta creer que todo va a salir mal. Que me volverán a hacer daño. Porque me hace que me nuble. Que solo vea negatividad.
Pero la culpa es mía, porque nunca he sabido como llevar esto. Que nombre dar a todo esto. Porque me he forzado a hacer cosas que no siento, por creer que es lo correcto. Lo que debería hacer, lo que esperas que haga. Pero es que, no quiero hacerlo. Porque es como si te diera la razón en todo lo que me has dicho durante años. Egoísta, exigente, mala persona… Cuanto se han clavado esas palabras en mi. Es increíble lo hondo que han llegado a calar. Pero porque no he sabido como pararlo a tiempo. Y eso también es culpa mía.

Tengo muchísima rabia, por sentirme así. Por estar en un mar de nervios y saber que seguramente esta noche no pueda ni pegar ojo. Por ser yo la débil siempre en este asunto, y que tu seas el que venga pidiendo disculpas y no sepas todo el desastre que has creado. Pero no quiero tratarte con rabia, porque yo ya he crecido. No es el momento para ella, ya lo fue años atrás.

MI AMOR
Aún recuerdo a aquella niña que escribía como quería que fuera su vida.
La recuerdo, soñando despierta en aquella habitación que tantos secretos guardaba entre sus cuatro paredes.
Soñaba con llegar lejos, con no rendirse nunca.
Soñaba con aquella persona que sostuviera sus miedos, que respetara sus heridas, que le diera tiempo. Que tuviera el corazón asegurado a todo riesgo.
Alguien que volara con ella, pero sin romperle el cielo.
Y el sueño, se cumplió.

TODO PASARÁ
Podrás resurgir. Podrás con ello.
Ahora mismo, te encuentras en un agujero que muy pocas personas saben. Piensas que tienes todas las batallas perdidas. Que nadie te va a querer. Que todo lo que haces está mal.
No sabes que has podido hacer en la otra vida, para que te paguen tan mal en esta. Para que no te cuiden como te mereces. Para que no te quieran bien.
Vives con un peso de diez toneladas cargado en tu espalda. Al que cada día, se le suman unos kilos más. Cada día te pesa más andar con ello. Y sabes que algún día, se te caerá encima y te aplastará.
Veras todo perdido, veras que no tienes nada bueno en tu vida. Pero, aunque no lo creas, tienes mucho valor. Valor por no haber tirado nunca la toalla. Por seguir luchando en tu guerra cada día. Y por permitir tropezarte por el camino.
Es muy duro lo que estás viviendo. Lo que llevas viviendo tantos años. Lo que guardas durante todo este tiempo. Y no te lo mereces.
Pero, como mujer de historias que soy, se sufre mucho, pero, de cada guerra se sale más fuerte.
De cada guerra, nace una nueva parte de ti.
De cada guerra, se aprende.
No tengas miedo de coger la mano de quien de verdad te quiere ayudar. De quien quiere que te hagas valer, de quien sabe realmente quién eres.
No dejes que nadie te haga dudarlo.

CENIZAS
Solo quedan las cenizas de lo que fuimos.
Hace casi un año que no se nada de ti. Como si la tierra te hubiera tragado.
Todo este tiempo, me lo he pasado echándote de menos. Buscando una razón lógica que me diga porque te has ido de mi lado. Incluso en ocasiones, culpándome a mi de todo este desastre.
He pasado meses, en lo que tu ausencia me mataba. En los que te necesitaba. En los que me hacías muchísima falta.
Me intenté hacer la fuerte e interpreté el papel de que tu marcha, me daba absolutamente igual. Pero realmente, era puro cinismo. Me creía yo misma mi propia mentira. Para que nadie me viera sufrir. Para que no me vieran ser débil.
Me costó mucho tiempo entender que te habías marchado, que todo había cambiado y que yo ya no era la misma de antes. Me costaron lágrimas y varias caras de folios el aceptarlo.
Porque, una parte de mí deseaba que volvieras, a pesar de haber estado esperándote durante todo este tiempo. Y hoy en día, no niego que lo sigo deseando.
El pensar en nuestro reencuentro, me produce escalofríos. Porque mentiría si dijera que no te echo de menos. Pero no te necesito. Echo de menos pasar tiempo contigo, pero el que no sea reciproco es lo que ha hecho que pueda aceptar que nada es como antes.
Pero el cariño hacia ti, nunca lo he perdido. Porque siempre has sido una persona muy especial para mí.
No siento necesidad de buscarte como estos meses atrás. No quiero buscarte. Porque no se pide a nadie que se quede si ese alguien no quiere.
Y todo esto es lo que queda, el amor y el cariño de lo que fuimos un día.

2023
El 2023 ha sido un año de aprendizaje.
Empecé el año bailando con mi mejor amiga nuestra canción favorita, brindando porque este, fuera nuestro año. Ha sido mi año, pero ha sido un año duro a la par que bueno.
He pasado meses en los que todo ha estado revuelto. Perdí una amistad muy valiosa, pero con trabajo y terapia, he aprendido que la vida cambia y que yo tengo que cambiar con ella. He aprendido a no anclarme a lo que fue y a soltar para poder seguir. Ha sido un año de mucho trabajo personal, mucho cambio. Ha sido un año de cerrar ciclos, de sanar y de aprender.
Ha sido el año en el que he aprendido a no ser dependiente de los demás y a disfrutar mi compañía. A saber, estar sola. Pero también a contar lo que siento sin miedo a ser juzgada. A abrirme con quien se que puedo. A mostrar debilidad, porque soy humana.
Ha sido el año en el que más libros he leído, casi una treintena en tan solo doce meses. He conocido el poder de la poesía y me he recorrido media España con los míos. Empezando por Asturias y acabando por Andalucía. Y cada viaje me ha enseñado cosas diferentes. Asturias, me hizo ver la importancia de la amistad y el amor, y lo bonito que es el Norte. Cullera, disfrutar de la esencia del verano, del mojito nocturno y del sonido del mar. Valencia, a profundizar en mis sentimientos con mis amigos. Gran Canaria, a volverme a enamorar de la misma persona y a la importancia de la Paz mental. Y por último Andalucía, que me ha recordado que lo importante no es el viaje, sino la compañía. Y a volverme a enamorar.
También ha sido un año duro, en lo laboral. Porque tras luchar por lo que merezco, al final lo he conseguido. Pero también aprender a crecer profesionalmente y a darme cuenta de que el trabajo también interfiere en la vida personal aunque no queramos. A cambiar para poder crecer. A demostrar que puedo con todo lo que me proponga, aunque me cueste trabajo el proceso.
He hecho muchas cosas este año. He viajado, he leído, he reído, he llorado, me he tatuado y me han propuesto matrimonio. Creo que todo por lo que brindé aquel 1 de Enero, se ha hecho realidad.
Tan solo espero, que el 2024 me dé lo mismo que este año. No pido más.

PADRES
No hay nada en el mundo con lo que pueda compensarles. Por darme la vida.
Ellos saben, que no necesito el afecto físico, ni darlo ni recibirlo para sentirme querida. Para que sepan que los quiero.
Siempre he sido de pocas palabras, de pocos abrazos, de pocos besos. Pero tambien saben que soy todo sentimiento. Que no doy palabras, doy hechos.
Me conocen de la forma más profunda que nadie me puede conocer. Saben que, aunque ya sea adulta, en el fondo sigo siendo la misma niña tímida y vergonzosa de siempre. Su niña grande.
Tambien saben que cuando quiero de verdad, lo doy todo. Y me tiro de cabeza a cualquier precipicio. Cuando estoy segura de algo, lucho por ello hasta conseguirlo.
Yo sé, que no han tenido una vida precisamente fácil. Pero siento orgullo por ver con el coraje con el que han luchado por sacarnos a mi hermano y a mi adelante. Sin ayuda de nadie.
Estoy orgullosa de venir de donde vengo.
Llevarlos en mi piel para siempre, es mi forma de darles las gracias infinitas por hacerme ser la mujer que soy hoy.

MI HORIZONTE
Escribo donde escribía aquella niña de doce años.
Escribo con el mismo horizonte de fondo, pero en distinto lugar. Mismas vistas.
Perdiéndome en este horizonte, revivo la cantidad de momentos que he vivido dentro de él.
En todas las calles en las que he creído, he reído, he besado y he llorado.
Mirar todo esto cada vez que escribo, me hacer recordar de donde vengo y quien soy.
Me hace ver todo lo que he construido.
Pero hay veces que el peso de lo que he construido, pesa sobre mi espalda.
“¿Podré con ello?” Me pregunto varias veces.
Como tantas otras que lo he preguntado.
Es increíble que lo que llevo viendo toda mi vida, me siga transmitiendo tantas emociones.
Pero brindo, porque me este lugar, me siga dando todo esto.

DAR LAS GRACIAS
Hoy tengo que dar las gracias a todos aquellos que han formado parte de este camino. No porque haya llegado al final, ni porque sea un día especial, es por que sí.
Desde que empecé hoy en día, soy otra persona totalmente diferente. Seguramente, mi yo del 2022 apenas conoce a mi yo del 2024.
Este tiempo he aprendido tantas cosas que no se muy bien por donde empezar. Pero una de las cosas que he aprendido, es que, de todo se aprende. Hasta de los dias más nublados y grises que puedas tener. Porque esos, son en los que más te conoces. En los que muestras tus debilidades y en los que eres humana. No tienes mascara. Y de esos dias, como alguno bien sabe, he tenido muchos.
Cuando empecé era una pobre diabla que había salido por patas de su anterior trabajo. Con la vida del revés y más sola que nunca. No tenía nada. No tenía vida, porque la perdí en aquella oficina. Pero poco a poco, intenté recuperar lo había perdido durante los últimos dos años. Pero, no recuperé todo. Perdí a personas muy importantes de mi vida y eso me hizo caer en uno de los agujeros mas profundos de mi vida.
Sobreviví durante un tiempo a la deriva, viviendo mi nueva vida y añorando a los que ya no estaban. Pero un buen día mi cuerpo se declaró en huelga y me di cuenta de que necesitaba ayuda. Asi es, empecé una terapia. Nunca había ido a un psicólogo, pero me arrepiento de no haber ido antes.
Despues de aquel día, empezó mi proyecto de reconstrucción.
Viví épocas muy duras. Épocas donde todo era constante aprendizaje y donde sentía que la cabeza me iba a estallar con tanto cambio, tantas emociones juntas, tanto todo en una misma cabeza. Pero aprendí. Y puedo decir que me conocí, a pesar de llevar conmigo toda la vida. Pero aprendí muchisimo, con muchisimo trabajo y esfuerzo claro está.
Con el tiempo, fui volando sola. Porque me iba sintiendo capaz de volver a enfrentarme a la vida de nuevo. Y vaya si lo hice.
Por mi trabajo, azar o suerte, no sé, conseguí tener un puesto superior. Nuevo reto. Y mi cabeza, dando guerra de nuevo.
Estuve muchos meses intentando poner los pies en la tierra, porque llevaban tiempo a mil metros de altura. Si, aquí siempre he tenido a alguien que me hacía aterrizar. El que me decía que no quisiera correr antes que andar, porque no se aprende a ser jefe de la noche a la mañana, pero que no me durmiera, porque siemore habrá alguien dispuesto a ponerte la zancadilla. Y cuánta razón ha tenido siempre. Ha luchado por mi y por darme lo mejor, cuando ni yo misma creía que me lo mereciera. Y el que me ha recordado siempre, todo de lo que soy capaz.
Tambien durante todo este proceso de cambio, he conocido en profundidad a una persona que yo creía que era totalmente lo contrario de lo que soy yo. Que cuando la vi por primera vez, pensé “esta y yo, no nos vamos a llevar bien nunca”, y cuanto me equivoqué diciendo eso.
Ella tambien me ha ayudado a arrojar luz cuando estaba todo a oscuras. Conocí a la persona que es y la energía que transmite. Es alguien que me da paz. Y que me la ha dado cuanta más tormenta tenía en la cabeza. Sobretodo en mis primeras veces, en las veces en las que tenía que ser más mayor de lo que soy. Y que me ha dicho, cuanto admira mi trabajo. Eso me llena el corazón. Pero tambien, porque en poco tiempo, sabe cómo soy y no me juzga. Tambien, porque ella es muy parecida a mí, aunque la primera vez que la vi pensé que éramos dos polos opuestos.
Admiro a toda esta gente que se preocupa por los demas, y que intenta ayudarte en todo lo que pueden. Y que luchan por ti, cuando ven que tú no tienes fuerzas para hacerlo.
Os doy las gracias, una vez más. Porque ha habido mucha más gente que me ha ayudado a ser quien soy hoy. Mucha gente que no ha querido que tirara la toalla y que siguiera al mando. Porque sabían que yo valía y podía con ello.

Pero si, todos habéis tenido razón, y he podido. Y además de estar orgullosa de mi misma, por todo el trabajo y esfuerzo que me ha costado llegar hasta aquí. Estoy orgullosa del pedazo de equipo que tengo. Y de todas las buenas personas que lo forman.
Que nadie os haga dudar de lo que valéis y de vuestro trabajo, que eso, me lo habéis enseñado entre todos.
GRACIAS, GRACIAS Y GRACIAS.


Cuando empezó nuestra historia éramos unos críos. Yo acababa de salir de mi primera relación tóxica y tú de tu primer intento del amor de tu vida.
Me encontré contigo cuando más te necesitaba.
Aprendimos a escucharnos y a no juzgarnos. A ser amigos. Y nos enamoramos.
Me enamoré como nunca lo había hecho. Y nunca he dejado de hacerlo.
Con el paso de los años, crecimos juntos. Perdimos muchas cosas por el camino, pero eso ha sido lo que siempre nos ha mantenido unidos. Hemos pasado por muchas etapas diferentes todos estos años, pero siempre hemos salido adelante. Siempre nos hemos tenido el uno al otro. Y es algo que nunca ha cambiado ni cambiará.
Has estado siempre conmigo, escuchando y aprendiendo. Y la verdad es que ya no recuerdo como eran las cosas antes de que tú llegaras a mi vida.
Me has dado los mejores años de mi vida y hemos construido un hogar. Nuestro hogar.
Siempre he sido feliz cuando has estado a mi lado, y se que lo seguiré siendo.
Gracias a ti, soy la persona que soy ahora. Porque has confiado en mi cuando ni yo misma lo hacía. Me has levantado todas las veces que me he caído. Me has intentado entender siempre y me has abrazado cuando más lo necesitaba.
Eres el amor de mi vida y no lo he dudado nunca. Porque eres mi mitad, mi amigo, mi confidente y mi compañero de vida.
Te quiero muchisimo.

YO
Últimamente siento que me estoy haciendo demasiado mayor.
Mayor en el sentido de que ya no me gusta lo que le gusta a la gente de mi edad, ni disfruto de estar en compañía de un grupo grande de personas, y de que ya no me apetece estar para todo el mundo.
Toda mi vida, me he considerado la psicóloga de mis amigos. Pero nunca me he aplicado los consejos que he dado. Y la verdad, es que ahora ya no me apetece ser la que escucha, la que está pendiente de que todo el mundo esté feliz y contento. Simplemente no me apetece, me da una pereza absoluta. ¿Porque? Os preguntareis. No tengo una razón definitiva, pero si muchas teorias. Una de ellas, es que nunca recibo lo que doy (bajo mi punto de vista claro está). A mi tambien me gustaría acudir a alguien en medio de un ataque de ansiedad, y que me solucionara la vida. Pero nunca he tenido esa suerte. Escuchas un «no estés mal» o «no lo pienses» y te cambian de tema a algo de su incumbencia. A nadie le gusta comerse esas situaciones, ni ver a alguien pasarlo mal, pero no he tenido la suerte de que alguien hiciera conmigo lo que yo he hecho por ellos.
No soy un mártir, ni quiero serlo. Pero realmente, no me apetece ya ser esa versión de mi. Quiero escucharme yo, quiero cuidarme, darme tiempo y consejos. Y con esto muchos pensaran que soy una egoísta, pero todo el mundo lo es.
Desgraciadamente, me he dado cuenta de que cuento menos cosas cuento, todo me va mejor. Me evito decepciones siempre. En el sentido de que, siempre los demás están peor que yo, o están pasando por algo más duro. Nunca es mi turno y eso me frustra muchísimo. Porque si yo aguanto lo suyo, por muy pequeño o tontería que me parezca, me gustaría que hicieran lo mismo conmigo.
En definitiva, me siento más vieja. Algunos dirán amargada, yo digo egoísta razonable. Si los demás piensan en sí mismos, ¿porque yo no puedo hacerlo?

CRECER
Hay etapas en la vida que terminan sin un final claro.
No hay despedidas, ni últimas veces, un “adiós”. Solo un día te das cuenta de que ya no eres la misma.
Lo que antes era un trauma, ahora solo pesa un poco.
Lo que antes de apasionaba, ahora apenas se mueve dentro de ti.
Y no es triste, es cambio, es crecer.
Aprendemos a dejar esos lugares donde alguna vez fuimos felices. A soltar relaciones que ya no nos suman. A alejarnos de versiones de nosotras mismas que ya no nos representan.
Y cuesta, porque cambiar siempre implica perder algo.
Pero también, es un acto de valentía. Porque evolucionar no siempre se ve bonito desde fuera.
Seguramente sea confuso, solitario, silencioso, pero eso sí, necesario.
Últimamente miro atrás con cariño, no con nostalgia.
Porque sé que cada parte de mí, incluso las que ya no están, fueron necesarias para llegar hasta aquí.

LO PROHIBIDO
Todo comenzó en ese viaje. Fue nuestro punto de partida hacia lo que ahora somos (que la verdad no se muy realmente que somos).
Durante esos días de viaje, nos conocimos sin los filtros que tenemos que estar obligados a mantener en nuestro día a día. Y la verdad, que estuvo muy bien. Hacia tiempo que no me sentía importante en ningún sitio y el estar en ese viaje, me hizo quererme un poquito más.
Nos contamos nuestra vida, nuestras hazañas e incluso nuestras fantasias. Ahi fue donde descubri que eramos más parecidos de lo que creaiamos. La diferencia, es que a mi me cuesta decir cosas en voz alta y para ti era algo totalmente normal.
Con el paso del tiempo, aquello nos unio más. Me sirvió para hablar con ciertas cosas sin pudor. Para mi, eran como un tema cualquiera de conversacion. No me producia ninguna sensacion diferente que lo que me podia producir una conversacion sobre el tiempo.
Para mi era asi, nada de tabú y temas normales. Pero para el no era realmente asi. A él le removia hablar de aquello, nunca habia hablado de algo asi con nadie y mucho menos con alguien como yo. Y la verdad, cuando me lo confesó me sentí especial.
Siempre me he considerado como la eterna segundona. La que es la amiga simpatica y no la guapa. La que es amiga del chico que le gusta para que le haga algo de caso. Y esta situacion, me habia hecho sentirme todo lo contrario. Me habia hecho sentirme poderosa y que era como aquellas chicas guapas a las que tanto he odiado.
Eso me hizo ganar confianza y sin darme cuenta, habia traspasado un límite.
Yo notaba como él me miraba con deseo. También me habia confesado que despertaba en el un interes particular, pero que dada la situacion de cada uno, jamás pasaria esa linea, pero queria que yo lo supiera. Me hizo sentir como una puta reina esa frase. Mi yo adolescente estaria subiendose al taconazo bien orgullosa.
A pesar de ello, me gustaba atraerle. Y a decir verdad, a mi tambien me atraia. Habia conseguido mover todo lo que tenia parado despues de tantos años. Como mujer, me gustaba gustar a otras personas, y esa sensacion hacia mucho tiempo que no la tenía.
Inevitablemente, la situacion fue a mas. Él siempre me miraba y me pedía que yo hiciera lo mismo. Al principio me daba mucha verguenza, nunca he sido de esas mujeres valientes y coquetas. Pero al ver con que cara me miraba, como escaneaba mi cuerpo, me fue gustando más el mirarle yo a el.
Habia vuelto a sentir un calor en el cuerpo que hacia mucho tiempo que no sentia, el de lo prohibido. La sensacion de peligro, la de que alguien puede pillarte y salir todo por los aires. Me subio el ego muchisimo aquello. Como alguien como yo, podria tener a alguien como el así, suplicandome más. Yo, la que siempre ha sido la que ha suplicado.
En esos momentos, me sentía tan idolatrada y deseada que todo lo demás me daba absolutamente igual. No pensaba en las consecuencias que podrían tener aquellas miradas. No lo niego, jamás lo pensé en esos momentos. Lo pensaba después.
Cada vez que volvía a mi casa, me sentía una persona miserable. A pesar de hacerme sentir todo eso, era algo prohibido y que no estaba bien. Mi mantra siempre habia sido «no hagas lo que no te gustaría que te hicieran» y esa situacion, habia hecho que me tragara mis palabras.
Entonces, me empezó a invadir la culpa. Jamás sobrepasé ningun límite, pero estaba justo en la línea en la que algun dia, sin pensarlo, podria hacerlo. Asique decidí parar.
Intenté poner el límite, él también sabia que aquello no estaba bien. Pero realmente era lo que lo hacia más atractivo. Intentamos pararlo en varias ocasiones.
Con el acuerdo de no seguir con esto, continuamos como antes. Ambos sabiamos que si nuestras situaciones fueran otras, las cosas no habrian acabado asi. Eso hizo que para mi él fuera una persona especial la verdad, porque hizo que mis inseguridades de adolescente, se quedaran en un segundo plano.
Empecé a arreglarme más, me gustaba que me mirara. Me seguía gustando gustarle, es algo que a todos nos gusta pero que no nos atrevemos a decir. Pero eso hizo que la situacion, a pesar de haber intentado poner límites, se alargara. Era como una droga. Estaba mal y te hacia sentirte una persona despreciable, pero en esos momentos tan intensos, me sentia de puta madre. Sentia un subidón que si mi yo adolescente lo hubiera sentido, habria sido la reina.
Finalmente, las sensaciones malas perduraban mas que las buenas. Decidi pararlo de raiz. No queria perderle a el asique intentaba poner obstaculos para que aquello nunca fuera a mas. Él también me dijo que necesitaba parar todo aquello, porque le estaba superando. Agradecí no ser la unica que se sintiera asi. Asi pudimos parar toda esta locura que empezó sin querer.
Despues de eso, nos hemos unido más. Al final, hemos conocido facetas muy oscuras el uno del otro y eso ha generado más confianza. Sin embargo, ambos sabemos que siempre tendremos quimica.
La parte mala de esta historia, es vivir con la culpa a cuestas. Y más despues de haber vivido con este tipo de culpa encima tantos años. Esa culpa, ha sido la que me ha puesto los pies en la tierra y me ha hecho volver a mi lugar correcto. Porque no quiero volver a vivir esa sensacion otra vez más. No quiero repetirlo y madurar es reconocer que aunque algo te gusta hay que decir que no si no es para ti.
Si alguien me juzgara por esto, tan solo se vería el delito. Y lo entiendo, porque es lo jugoso. Pero también me ha servido, para darme cuenta de lo que tengo ahora mismo y a valorarlo. Porque durante este tiempo, en ocasiones he pensado en salir corriendo, pero esto me ha hecho entender que no hay que tirar todo por la borda por una tonteria, porque te vas a arrepentir toda tu vida.
No pretendo ser ejemplo de nadie, simplemente cuento mi historia. La pongo en papel para sacarla de mi, ya que, llevo meses con ella en secreto. Cuando lo saco fuera, es como si el problema ya no fuera mio, salió y voló. Es algo que pasó y ahí estará siempre.
Sin embargo, a ti, te doy las gracias por hacer sentir a mi yo adolescente como la puta reina que deberia haber sido.

LLEGA UN MOMENTO EN LA VIDA
Llega un momento en la vida, a base de decepciones, en el que dejas de perder el tiempo con todo aquello que no te saca una sonrisa. Que no luchas contra el desencanto, ni la desilusion, simplemente lo aceptas y dejas que pase. Que has conseguido que el rencor no tenga cabida en ti.

Llega un momento en la vida, a base de despedidas, en el que descubvres que los que se han marchado de tu lado, los que han huido sin decir adiós, no solo te han hecho un favor, si no, posiblemente, el mayor de los regalos: estar en paz.

Llega un momento en la vida, a base de ostias, en el que te das cuenta que a ciertas personas hay que darles el valor, la importancia y los dolores de cabeza que demuestran que merecen. Ni más ni menos.
No es ser egoísta, es aprender a quererse.
Y quererse bien.

LA VIDA PASA

Me acuerdo que aquellos veranos. Se me hace dificil olvidar esa sensacion de libertad desenfrenada y esas ganas de comernos el mundo. Cuando somos adolescentes, vivimos todo más intensamente. Queremos y sufrimos con toda nuestra alma, no hay término medio.

Aquellos veranos, transcurrieron entre cartas, fichas de póker y todas las bolsas de pipas que podíamos encontrar. Épocas en las que no se tiene medida de nada y en las que tampoco se ve el peligro en ninguna parte. 

Nunca me he consuiderado una loca, la verdad. Creo que siempre he hecho las cosas con cabeza y de forma responsable. Pero ya sabéis que dad edad tiene su historia, y bueno, supongo que esta es la que yo puedo contar. 

En mi casa, mi madre lo único que sabía decirme era: «esto no es un hotel», de lo poco que aparecía por ahí. Mi pandilla estaba formada por unas diez personas de la misma edad prácticamente, en la que éramos todos una piña. Nos hacíamos fotos día si y día también. Eran veranos de hacer partidas de póker en cualquier parque, o donde quisiéramos. No es que fueran aventuras desenfrenadas, pero aquellos años fueron increíbles. En los que, como decía, teníamos los sentimientos a flore de pie. Sólo sabíamos estar fuera de casas y aprovechar al máximo los días de piscina y el tiempo con esos amigos, con los que no volverás a sentir lo mismo. 

Mientras escribo esto, se me llena el corazón de nostalgia y la mente de recuerdos. Porque esos veranos, ya no vuelven. 

Te haces más mayor y la gente deja de venir porque tiene que estudiar para la carrera, porque trabajan o porque directamente han cambiado de vida. 

Hace tiempo que dejé de jugar al póker y dejé las pipas.

Prefieres ir a cenar a un sitio que esté bien, beberte una copa en una terraza bonita y no liarte mucho para aprovechar el día siguiente. 

Supongo que la vida son etapas y que las cosas cambian.

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