PRIMERA PARTE

—Extrañaba estar así.

—¿Así?

Las carretas no paraban de sonar a la par del galope de los caballos. Se sentía tan ansioso como la primera vez; había esperado dos meses. Dos meses sin regresar. A menudo se preguntaba qué tanto valía la pena. A veces se convencía de la importancia de su trabajo, pero en su mente no paraba de resonar la misma pregunta: ¿a costa de qué?

De solo pensar en dónde estaría esa misma noche, su corazón se aceleraba y lo dejaba sin aliento. Sentía cómo la emoción, en cualquier momento, podía desbordarse.

No podía permitirlo: había trabajo por hacer y gente que atender. No, por más que tuviera esas inmensas e insaciables ganas de gritarle al mundo lo que estaba por suceder, debía contenerse.

«Ya queda poco», se decía a menudo para no desesperarse y mantener la compostura frente a los clientes.

—¿Sabes? Estos dos meses no fueron nada comparados a lo que tuve que esperar para verte hoy.

Arthur quedó perplejo al ver a su amigo y compañero tan distraído.

—Caldwinn, ¿podrías decirme qué te pasa? Nunca te había visto de esta forma en pleno trabajo. Podemos tomar un descanso, si quieres.

—¿Qué? No, amigo, no tienes por qué preocuparte. No quiero que esto nos tome un minuto más. ¿Podrías repetirme lo que acabas de pedirme?

—Caldwinn, esa pregunta ya es lo suficientemente extraña. La caja. Este hombre solicitó una caja de doce frascos, ¿podrías entregármela para poder dársela?

—¡Por supuesto que la caja! ¿Qué más podría ser? —dijo, sin poder evitar una risa nerviosa.

Buscó la caja dentro del carruaje. La etiqueta decía: Hospital Crinsthone. Doce frascos.

¿Dónde se encontraban? Vaya, ¿recién habían estado en ese hospital? Aún faltaban nueve entregas. ¿Qué hora era? ¿Siquiera llegarían esa noche? 

Debían darse prisa; si continuaba distrayéndose de esa forma, no lo lograrían.

—¡Hospital Crinsthone! Aquí tienes, Arthur.

Entregó rápidamente la caja y el carruaje volvió a ponerse en marcha.

—Serán dos meses, cariño.

—Exacto, dos meses sin verte. ¿Tienes idea de cuánto sufrí en mi anterior viaje? No creo poder aguantar dos meses.

—Y eres tú quien dice que este trabajo nos brinda buenas oportunidades. Además, ayudas a personas con él, y bien sabes que no iré a ningún lado. Cuando regreses, estaré aquí.

—Son buenas oportunidades si no me mantienen lejos de ti tanto tiempo. Ahora comienzo a cuestionar qué tan bueno es —le dedicó una sonrisa cargada de resignación. Tras un largo suspiro, se le acercó, la besó y luego se marchó.

Al recordar ese momento, esbozó una sonrisa tonta. Debía mantener la calma y evitar distraerse, como acostumbraba a hacer.

—Dime algo, Caldwinn, ¿qué te ocurre? —dijo Arthur mientras guiaba los caballos por la ruta trazada.

—Sucede que siempre el último día antes de llegar es el peor. Quizás porque podría avanzar más rápido, pero no lo hace. Hasta los dos meses se sintieron más cortos que hoy.

—Supongo que tienes razón —soltó una carcajada, suspiró y continuó—. Bueno, por algo nos pagan, y no está nada mal. Unos viajes, dinero extra. Nosotros hacemos lo que el resto no quiere, y dime, ¿cómo funcionaría esto sin nosotros? Las medicinas no llegan por sí solas.

Le dio unas palmadas en la espalda mientras sujetaba las riendas con una mano.

Se tomaron unos minutos para contemplar el paisaje. Había gran vegetación; un pequeño bosque sin cuidado, donde la maleza se había apoderado del lugar. A lo lejos, se podía escuchar un río.

—Gracias, Arthur. Sigamos con las entregas, aún podemos llegar de noche.

—No si continúas distrayéndote.

—Y por eso estaré más atento.

Ambos amigos rieron y continuaron su viaje.

Él pudo notar cómo una idea había entrado en la mente de su esposa, como tantas veces antes. 

—Si quieres —dijo mientras se acercaba a su oído—, puedes tomarte un descanso y podríamos disfrutar ese tiempo juntos —susurró con suavidad—. ¿No te gustaría? —sonrió al ver la reacción de su marido.

—Preguntas como si no lo supieras —respondió él, la sujetó de la cintura y la atrajo hacia sí.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS