Tres poemas gauchos sobre el campo y el amor, por Belisario Sangiorgio

Tres poemas gauchos sobre el campo y el amor, por Belisario Sangiorgio

I

fueron testigos de mí llanto 

los pinos verdes del verano 

en el Chubut 

cuando anduve sin saber dónde 

querenciarme; 

pero hubo dos cosas 

que jamás dejé de hacer 

ni en el calor agobiante 

de la madrugada 

en las terminales de buses

ni en el invierno hostil 

de la más alejada Cordillera: 

jamás dejé de orar 

ni siquiera cuando anduve 

enojado con Dios; 

y jamás dejé 

de escribir estas poesías 

ni siquiera cuando anduve

jugando 

con el facón en mí garganta. 

II

peones jóvenes 

escapados del pueblo 

peones viejos que leen la biblia 

y que carnean las ovejas; 

salgo a caminar 

con los galgos de cacería 

porque los caballos relinchan 

en los cuadros del río; 

se ven las luces 

de las camionetas de los cuatreros

en el filo de la barda 

junto al cañadón; 

desde el casco de la estancia 

bebiendo ensillamos sigilosos

movemos las vacas 

para ahuyentar

la presencia maldita que llega 

cuando muere el braserío.  

III

sol de la siesta 

estepa ciega

en el viento 

respiro tierra de los caminos 

espinal de tristeza

valle del arenal 

sin sombra ni reparo;

en el río seco 

gotas de sudor en tu cara 

cigarros 

pena

nunca más he vuelto 

hacia aquel paraje; 

supe que esperabas

verme llegar al amanecer;

y tuve que llamarte 

cuando bajé al pueblo:

te dije

que ya no volvería. 

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