por Andrés Obychniev y Carlos Arrunta La sabana era demasiado vasta como para pertenecer al mundo. No era tierra solamente. Era un tejido vivo, una extensión que respiraba como si debajo de la hierba existiera un pulmón antiguo. Decían los viejos (los pocos que aún no habían olvidado) que alguien, en el principio, había intentado...
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