Percival era un soñador. Y como todos los jóvenes vino a comerse el mundo. Se cuenta de él que acudió a las orillas del tiempo dispuesto a devorar las constelaciones. Pero dentro de su espíritu habitaba una torpeza de pájaro herido: tropezaba con los pliegues de su propia capa, desconocía la cortesía de los cubiertos...
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