Nació en Avellaneda, pero nacer es solo un sustantivo rudimentario. Su infancia fue un nido de ráfagas polvorientas y silencios familiares. De niña, Flora —ese proyecto de Alejandra— descubrió que la infancia es un cuarto a oscuras, donde habita el asombro y la tartamudez. Se sabía extranjera de su propio cuerpo. Sentía que las palabras...
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