por Adán Sacha El mediodía caía como un ladrillo caliente sobre la ciudad, pero nadie miraba el sol. Nadie lo necesitaba. La luz venía de otra cosa: pantallas, implantes, reflejos en el vidrio mugriento de torres que ya nadie recordaba quién había construido. Ahí arriba, en algún lugar entre el cableado y las antenas que...
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