En claustro umbrío, de la noche ornado, mi pecho escucha el sideral concierto; pues de Yahvé, en su soplo consagrado, nació este afán de penetrar lo incierto. No en vano, a imagen suya levantados, somos reflejos del divino fuego; y aun los secretos, por los siglos velados, llaman mi espíritu con mudo ruego. Atenea, de...
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