por Carlos Arrunta Gizzida, la primera vez que escuché ese nombre fue en una pensión del barrio Tablada, en una habitación donde el techo transpiraba una humedad verdosa semejante al musgo de las criptas. Un viejo encuadernador, ciego de un ojo y casi transparente por la fiebre, me dijo que Gizzida no era un árbol...
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