Su barba y su melena expuestas al viento, sotana blanca resplandeciente.

Así lo veía mientras se movía con su bastón hasta donde yo estaba, la sombra del árbol.

Mis manos sangraban de coger tanto algodón en tallos espinosos.

Él me dijo:

Pronto todo acabará. Tengo mejores planes para ti.

Hundió su bastón al suelo e inmediatamente mis manos sanaron.

Luego, sacos de algodón junto al árbol aparecieron de la nada. Terminé supuestamente mi trabajo de campo.

– ¡Joven, joven!

Me levanté exaltado. Vi mi patrón muy serio.

Ahí desperté de aquel sueño hermoso y volví a mi realidad.

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