Su barba y su melena expuestas al viento enmarcaban la cara ennegrecida por el humo. Milagrosamente, el hombre emergió del coche en llamas tras colisionar contra el muro y pese a su corpulencia, atravesó la ventanilla y se arrastró por el cemento alejándose unos metros del vehículo a punto de estallar.

Desde lo alto del puente, descendieron en su auxilio dos ciclistas, que también fueron alcanzados por la onda expansiva de la explosión. La ambulancia llegó diez minutos tarde.

Coseché tres esa tarde. Enseguida retomé el camino. Tenía mucho trabajo por delante.

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